La superficie visible de la Luna no siempre muestra toda su historia geológica. Debajo de regiones aparentemente uniformes pueden conservarse antiguas estructuras de impacto cubiertas por materiales más recientes, apenas perceptibles a través de variaciones sutiles de relieve e iluminación. En ese marco, un observador argentino sumó dos nuevas estructuras candidatas al catálogo internacional de cráteres enterrados en la región Grimaldi, una gran cuenca ubicada sobre el borde occidental de la cara visible lunar.

El hallazgo fue atribuido a Alberto Anunziato y quedó incorporado al Basin and Buried Crater Project, coordinado por Anthony Cook. Se trata de una iniciativa internacional orientada a identificar cuencas y cráteres antiguos parcialmente ocultos bajo superficies cubiertas por basaltos lunares. Según la actualización difundida este año por el proyecto, dos nuevas estructuras fueron registradas como “Anunziato 5” y “Anunziato 6”, con diámetros estimados de 18 y 44 kilómetros respectivamente, mientras que una estructura previamente identificada fue revisada y actualizada en sus dimensiones.
Qué significa que un cráter esté enterrado
Un cráter enterrado no desaparece por completo. Su relieve original puede quedar atenuado por depósitos posteriores, especialmente por coladas de basalto que, hace miles de millones de años, rellenaron grandes depresiones de la superficie lunar y dieron origen a los llamados mares lunares.
En imágenes convencionales, estas estructuras no suelen verse como cráteres completos, sino apenas como contornos circulares muy débiles que aparecen cuando la luz solar incide en ángulo bajo y resalta pequeñas variaciones del terreno. Para identificarlas, los observadores comparan imágenes orbitales con mapas de relieve y pendiente obtenidos por la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de NASA, especialmente mediante QuickMap, una plataforma que reúne imágenes de alta resolución tomadas por su cámara principal, la Lunar Reconnaissance Orbiter Camera.

La región de Grimaldi
Grimaldi es una región interesante para este tipo de análisis porque presenta un piso oscuro cubierto por basaltos, rodeado por bordes más antiguos y accidentados. Esa combinación facilita reconocer contornos circulares internos que podrían corresponder a impactos previos posteriormente cubiertos por materiales más recientes.
En este caso, las estructuras se detectaron mediante el análisis de imágenes del Extreme Illumination Atlas of the Moon, un atlas que utiliza ángulos extremos de iluminación solar para resaltar relieves muy débiles. Esa metodología permite distinguir detalles que normalmente pasan inadvertidos en observaciones estándar.
De la observación visual a la validación geológica
La identificación visual de estructuras candidatas no equivale todavía a una confirmación geológica definitiva. Para validar este tipo de hallazgos suelen incorporarse otros datos, como modelos topográficos de alta resolución y análisis del campo gravitatorio lunar.
En ese punto fue clave GRAIL (Gravity Recovery and Interior Laboratory), una misión de NASA integrada por dos sondas gemelas que orbitó la Luna midiendo pequeñas variaciones gravitatorias para reconstruir su estructura interna. Esos datos permitieron identificar antiguas cuencas y bordes de impacto ocultos bajo la superficie, incluso en regiones donde el relieve superficial casi había desaparecido.
El nuevo registro en Grimaldi muestra que todavía existen sectores de la Luna capaces de aportar información cuando se analizan con suficiente detalle. Cada estructura candidata agrega una nueva referencia para reconstruir una superficie marcada por impactos antiguos, depósitos basálticos y miles de millones de años de evolución geológica. Y en ese mapa lunar que aún sigue completándose, también aparecen contribuciones surgidas desde Argentina.
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