El CAREM, el primer reactor nuclear de potencia diseñado íntegramente en la Argentina, lleva dos años paralizado desde marzo de 2024. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) justificó la detención sosteniendo que el proyecto no serviría como base para desarrollar un reactor comercial exportable. Sin embargo, esa explicación hoy entra en contradicción con una nueva decisión de la propia comisión: junto con IMPSA, contratista principal del proyecto, la CNEA buscará capitalizar el conocimiento y los componentes desarrollados en el CAREM para vender tecnología vinculada a reactores modulares en Estados Unidos.

La cronología de la parada del CAREM
El CAREM es un reactor de fisión nuclear, del tipo reactor modular pequeño (SMR). Este es un concepto de reactor que está diseñado por módulos, con el objetivo de poder construirse en fábricas y enviarse a sitios operativos para su instalación y uso. En particular, la idea del proyecto era desarrollar un SMR íntegramente en Argentina para contar con un nuevo reactor, y aprovechar la tecnología desarrollada y el conocimiento adquirido para construir reactores de este tipo a nivel industrial para su exportación.
El CAREM comenzó a construirse en 2014 y, hacia hacia fines de 2023 registraba un avance general del 64%. Sin embargo, en diciembre de ese año, la CNEA comenzó a recortar pagos a los proveedores y contratistas del proyecto por falta de fondos. En marzo de 2024, finalmente, se confirmó la detención total del proyecto. La razón fue una decisión meramente económica. Según Reuters, en 2024 el presupuesto de la CNEA quedó en el mismo nivel que en 2023, pese a una inflación anual del 300%.

La desacertada justificación de la detención del proyecto
Más adelante, a fines de 2024, el entonces presidente de la CNEA, Germán Guido Lavalle, argumentó a favor de la parada del proyecto. Según Lavalle, el proyecto que el CAREM actual no era “económicamente competitivo”. Esta afirmación carece de sentido puesto que frenar un proyecto al que le queda solamente un tercio para concretarse no implica solo dejar una obra inconclusa, sino desperdiciar la inversión ya realizada y, sobre todo, desarmar una curva de aprendizaje que llevó décadas.
Pero, además, Lavalle afirmó que el CAREM “no serviría como base para vender en serie un reactor comercial exportable“, conclusión conceptual y técnicamente desacertada. Los SMR abrieron un mercado emergente dentro del ecosistema global de los reactores nucleares, puesto que constituyen una alternativa económica y sencilla para aplicaciones basadas en la fisión nuclear. De hecho, es una apuesta que persiguen la mayoría de los paises desarrollados que cuentan con una industria nuclear consolidada. Abandonar el único prototipo argentino significa ceder una posición tecnológica que no se recupera rápido.
De hecho, la OIEA señala que hay más de 80 diseños comerciales de SMR en desarrollo en el mundo y que su competitividad económica todavía debe demostrarse en la práctica. La OCDE-NEA, además, remarca que los Estados suelen apoyar este tipo de proyectos “first of a kind”, justamente porque son los que permiten absorber riesgos, validar ingeniería y construir experiencia industrial. Por eso, decir que el CAREM “no sirve” porque todavía no es un producto masivo para exportación es aplicar un criterio comercial de etapa final a un desarrollo cuyo valor está, precisamente, en haber llegado hasta acá. El proyecto ya dejó capacidades en análisis termohidráulico, diseño de combustible, sistemas de seguridad pasiva, instrumentación y control, integración de componentes nucleares y fabricación metalmecánica de alta exigencia.
La contradicción de la CNEA
Hoy, el CAREM vuelve al centro de la escena no solo porque se cumplen dos años desde que el proyecto está detenido. Esta semana, Forbes Argentina publicó una nueva asociación entre CNEA e IMPSA para culminar la vasija de presión del CAREM. El convenio, pactado durante la Argentina Week que se llevó a cabo en Nueva York, buscará utilizar los avances del CAREM como carta de presentación para vender ese tipo de componentes a desarrolladores de SMR en Estados Unidos.
Pero, entonces, si la CNEA cree que el knowhow y los desarrollos consolidados sirven para abrir negocios afuera, ¿por qué detuvo el proyecto? ¿No era que, en palabras de su propio presidente, el CAREM “no serviría como base para vender un reactor comercial exportable“?
En la práctica, el CAREM quedó paralizado por una política que castiga los desarrollos nacionales públicos, aún cuando se afirma querer consolidar una industria tecnológica argentina. La contradicción es evidente: se reivindica la innovación y la exportación de alto valor agregado, pero al mismo tiempo se desfinancian y desarticulan los proyectos que justamente podrían sostener ese objetivo. Así, más que impulsar una estrategia de desarrollo, lo que se termina haciendo es debilitar una de las pocas capacidades tecnológicas en las que el país todavía tiene una posición propia.
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Lamentablemente es cierto lo que dice la periodista. Abandonar ahora, luego de haber realizado un enorme trabajo de ingeniería, es absurdo. Solo la política mal entendida es capaz de destruir tanto.