Los ataques con drones y cohetes contra instalaciones estadounidenses en Irak volvieron a poner bajo la lupa a uno de los sistemas de defensa más particulares del arsenal de Estados Unidos, el C-RAM Centurion. El 17 de marzo, una ofensiva de al menos cinco drones y varios cohetes alcanzó a la embajada de EE.UU. en Bagdad, y testigos señalaron que el C-RAM derribó dos de esos ejemplares antes de que un tercero impactara en el complejo. El episodio puso la atención en un sistema que el Ejército estadounidense mantiene operativo en Medio Oriente para proteger bases e instalaciones críticas.

Tres días antes de este nuevo ataque, el 14 de marzo, un ataque con misiles alcanzó la embajada estadounidense en Bagdad. La ofensiva del 17 de marzo se menciona como la más intensa desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Además, milicias respaldadas por Teherán venían atacando intereses estadounidenses en Irak desde fines de febrero. En ese contexto, el Centurion aparece como una herramienta de defensa pensada para cubrir un perímetro puntual cuando la amenaza ya está muy cerca.
De la defensa naval a la terrestre
El C-RAM Centurion, también denominado LPWS (Land-Based Phalanx Weapon System), es la versión terrestre del famoso Phalanx naval, el sistema que usan los buques de guerra como última línea de defensa. Su función original fue interceptar cohetes, proyectiles de artillería y morteros antes del impacto. Sin embargo, con los años incorporó capacidad para enfrentar drones. El núcleo del sistema es un cañón Gatling M61A1 de 20 milímetros guiado por radar, capaz de disparar entre 3.000 y 4.500 proyectiles por minuto. Raytheon, fabricante Phalanx, explica que el sistema puede cumplir por sí mismo la cadena completa de combate, desde la búsqueda, detección, evaluación de amenaza, seguimiento, hasta la apertura de fuego y evaluación del derribo.
Su lógica de funcionamiento es simple pero sofisticada. El sistema combina sensores, radares y redes de control con el arma montada sobre una plataforma terrestre. Según el Ejército, una vez detectada la amenaza, un operador humano puede certificar el blanco y el sistema emite una alarma de “incoming” para dar unos segundos de cobertura al personal antes de abrir fuego. Luego dispara ráfagas de munición de 20 mm contra el proyectil o dron entrante. En la versión Block 1B, además, Phalanx suma estaciones de control y un sensor electroóptico con infrarrojo de visión frontal, lo que ayuda a identificar visualmente amenazas antes del enganche.

Una munición explosiva
Uno de los puntos clave del Centurion es su munición. Según el Ejército, el sistema terrestre emplea proyectiles M940 Multipurpose Tracer–Self Destruct o municiones trazadoras multipropósito con autodestrucción. Esa munición fue recuperada específicamente para el C-RAM y está pensada para actuar contra cohetes, obuses y morteros, pero reduciendo el daño colateral en superficie. La idea es que si no impacta el blanco, se autodestruye en el aire. Además, el proyectil contiene mezcla explosiva e incendiaria, lo que ayuda a fragmentar o inutilizar la amenaza durante la intercepción. Así, el Centurion barre el blanco con una nube densa de proyectiles de alta velocidad en un rango corto, de alrededor de 2 kilómetros.

La adaptación de los sistemas de defensa a la guerra moderna
Aunque hoy está altamente asociado a los drones, el sistema no nació para ese trabajo. Su ADN es el de la defensa contra fuego indirecto, sobre todo morteros y cohetes lanzados contra bases. Pero el Ejército de EE.UU. fue adaptándolo a la nueva realidad del campo de batalla. En 2019 ya hablaba de nuevo software para defenderse de sistemas aéreos no tripulados, y en 2020 señalaba que el C-RAM había sumado formalmente la misión de contra-UAS debido a que esa amenaza se había vuelto cada vez más común en el área de operaciones de Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM). De hecho, el Ejército indicó que los equipos recibían entrenamiento específico para detectar y abatir drones antes de que alcanzaran el perímetro defendido.
Esa adaptación es la razon por la que el Centurion tiene tanto valor en Medio Oriente. En 2024, el Ejército afirmó que los sistemas LPWS y C-RAM habían protegido a tropas estadounidenses y de la coalición en Irak y Siria frente a más de 100 ataques. En 2025, además, hubo ejercicios oficiales de fuego real con un Centurion en el área de operaciones del CENTCOM y prácticas de calibración en Siria para ajustar la puntería del sistema antes de un combate real. También se lo sigue entrenando para despliegue rápido, pues es un sistema montado sobre tráiler, puede ser cargado en un C-17 y requiere apenas entre dos y cuatro soldados para operarlo.
Tal vez te interese: Ejército de EE.UU. usa el láser antidrones LOCUST cerca de la frontera con México











