El costo oficial del Golden Dome, el ambicioso sistema de defensa antimisiles impulsado por la administración Trump, escaló US$10.000 millones en una sola jornada y ahora se ubica en US$185.000 millones. Pero esa cifra, según expertos independientes, podría representar apenas una fracción del gasto total que demandará el programa a lo largo de su vida útil.

El general Michael Guetlein, oficial de la Fuerza Espacial de EE.UU. a cargo del Golden Dome, reveló la actualización de costos durante la McAleese Defense Programs Conference celebrada este martes en Washington. Según Guetlein, la nueva cifra de US$185.000 millones corresponde a la “arquitectura objetivo” del programa, con entrega proyectada hacia 2035.
“Nos pidieron adquirir capacidades espaciales adicionales. Estamos en US$185.000 millones para la arquitectura objetivo”, afirmó Guetlein, añadiendo que esta cifra reemplaza los US$175.000 millones anunciados originalmente por el presidente Trump en mayo de 2025.
La cifra de Guetlein contrasta drásticamente con estimaciones independientes. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyectó un costo de entre US$542.000 millones y US$831.000 millones a lo largo de 20 años. Un informe del American Enterprise Institute (AEI) de septiembre de 2025 llegó más lejos: la arquitectura de mayor alcance podría costar hasta US$3,6 billones.
Para Todd Harrison, investigador senior del AEI especializado en el Golden Dome, la cifra oficial apenas cubre el inicio del gasto. “Mi entendimiento es que ese número representa solo el costo inicial para adquirir un nivel básico de capacidad. No es el costo total de adquisición, y no incluye los costos operativos a largo plazo ni los de reposición”, sostuvo Harrison.

La variable que más podría inflar el presupuesto final es la capa de interceptores basados en el espacio, considerada la apuesta más costosa y ambiciosa del programa. Victoria Samson, directora de seguridad y estabilidad espacial de la Secure World Foundation, fue directa: “El mayor factor de costo va a ser la capa de interceptores espaciales. Eso es lo que va a hacer subir el número, dependiendo de cuánto decidan avanzar con ese componente”.
Guetlein reconoció el desafío, aunque optó por distinguir entre el riesgo técnico y el económico. “Si tuviera que predecir dónde está el mayor riesgo, es en el interceptor espacial. Y no es la tecnología, es la escalabilidad y la asequibilidad”, admitió. La Space Force ya adjudicó contratos iniciales para el desarrollo de interceptores orbitales y solicitó propuestas para interceptores de fase media. Físicos especializados cuestionaron la viabilidad práctica de ambas categorías frente a las amenazas misilísticas modernas.
En el plano contractual, Guetlein confirmó que Lockheed Martin, RTX y Northrop Grumman son los tres contratistas principales que, junto a otras seis empresas, tienen a cargo el desarrollo de la capa de comando y control (C2) del sistema. La Agencia de Defensa Antimisiles (MDA) aprobó a 2.440 postulantes de un total de 2.463 para competir por contratos que suman hasta US$151.000 millones.

El plazo es exigente: un decreto ejecutivo de diciembre de 2025 establece el verano de 2028 como fecha para demostrar prototipos operativos de próxima generación. “Para el verano de 2028 tengo que demostrar capacidad operacional desplegada en campo para defender al país contra las amenazas identificadas en el decreto ejecutivo”, precisó Guetlein.
La brecha entre la cifra oficial y las estimaciones independientes plantea una pregunta central para el Congreso: ¿qué arquitectura real se está financiando con US$185.000 millones? Si los interceptores espaciales quedan reducidos a una fase de demostración, como sugiere el análisis de Harrison, el Golden Dome resultante sería considerablemente menos ambicioso que el sistema presentado por Trump en mayo de 2025. Para los aliados que negocian acceso al paraguas defensivo, y para los países que observan el programa como señal del compromiso estratégico de Washington, esa distinción no es menor.
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