La NASA anunció un gran cambio en su programa lunar Artemisa. La misión Artemisa III, que iba a ser el primer alunizaje tripulado del siglo XXI, pasará a ser una misión de pruebas en órbita baja terrestre (LEO) en 2027. La idea es validar operaciones críticas antes de intentar descender a la superficie de la Luna. El cambio fue comunicado por el administrador de la agencia, Jared Isaacman, y reordena los objetivos de Artemisa III, IV y V con una lógica más gradual.

La decisión llega empujada por retrasos técnicos en el sistema de lanzamiento conformado por el Space Launch System (SLS) y la nave Orión, y advertencias de seguridad sobre una Artemisa III “demasiado cargada” de hitos inéditos para una sola misión. En paralelo, la carrera geopolítica volvió al centro de la escena, puesto que el plan de Estados Unidos se atrasa, y China mantiene como horizonte un alunizaje tripulado hacia 2030, Pekín podría llegar a la Luna primero.
Nuevos objetivos de misión para Artemisa III, IV y V
La nueva Artemisa III, proyectada para 2027, será un ensayo general en LEO. En primer lugar, la cápsula Orión ensayará maniobras de rendezvous y acoplamiento con uno o ambos módulos de alunizaje comerciales en desarrollo, de SpaceX y Blue Origin. Además, realizará pruebas integradas de soporte vital, comunicaciones y propulsión. Finalmente, también validará procedimientos de encuentro y acople, y probará los nuevos trajes espaciales xEVA en condiciones reales de vuelo. Como el eslabón más débil de la arquitectura lunar moderna es la coordinación entre vehículos y la seguridad, la idea es probarlo cerca de casa antes de llevarlo a la vecindad de la Luna.
El primer alunizaje tripulado, entonces, quedaría para la misión Artemisa IV, proyectada hacia 2028. Además, la NASA deja abierta la puerta para que a esa misión la siga un segundo alunizaje, con Artemisa V, ese mismo año. La idea sería sacar provecho del lander que esté listo, o alternar con el otro si ambos están disponibles, con el objetivo de entrar luego en una cadencia de al menos un alunizaje por año.
La reorganización también afecta a la ingeniería del programa. Isaacman planteó que, después de Artemisa I y con Artemisa II en el horizonte, cambiar demasiado la configuración del cohete SLS y del stack SLS/Orion entre misiones agrega complejidad y riesgo. Por eso, hablan de estandarizar y “volar como se prueba”, siguiendo el método incremental de Apollo. En esa línea, medios estadounidenses reportaron que la agencia frenará el desarrollo de una etapa superior más potente (EUS) y priorizará una configuración más estable para mejorar ritmo de producción y lanzamientos.
China, de nuevo en carrera
Mientras Estados Unidos reescribe su plan, China viene hace años sosteniendo un enfoque lineal, que consiste en ir sumando piezas, probarlas, y recién después apostar al hito grande.
Por un lado, su programa robótico lunar ya acumula seis misiones exitosas, desde Chang’e-1 en 2007 hasta Chang’e-6 en 2024, incluyendo dos orbitadores y cuatro alunizajes. De todas ellas, Chang’e-6 fue particularmente emblemática, puesto que en junio de 2024 trajo a la Tierra las primeras muestras de la cara oculta de la Luna en la historia. Este tipo de misiones no equivale a poner astronautas en la superficie, pero son fundamentales para construir una arquitectura sólida de navegación lunar, comunicaciones, operaciones de aterrizaje, ascenso y retorno, características clave de un programa lunar.

En lo tripulado, Pekín mantiene el objetivo de alunizar hacia 2030, con avances recientes. Según la China Manned Space Agency (CMSA), el desarrollo del cohete Long March 10, la nave Mengzhou y el módulo lunar Lanyue “progresa sin sobresaltos”. Además, ya completaron pruebas importantes: ensayos del sistema de escape de Mengzhou, pruebas de aterrizaje y despegue para Lanyue, y pruebas de encendido y vuelos de baja altitud asociadas al Long March 10.
Con este nuevo cronograma, la ventaja temporal de Estados Unidos se achica. Si la NASA logra sostener un alunizaje en 2028, todavía llegaría antes que Pekín. Sin embargo, de los dos, China es el único que viene siendo capaz de demostrar la confiabilidad de sus misiones o sus avances. Por ahora, el hecho de que Artemisa necesite agregar una misión entera de pruebas implica que su arquitectura lunar no está lo suficientemente madura. Y en una carrera donde Pekín avanza más lento pero con metas estables, cada replanificación estadounidense vuelve más plausible una pregunta que hace pocos años parecía retórica: ¿y si China termina llegando primero?
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