NASA volvió a poner al Boeing Starliner en el centro de la escena, pero no por un avance, sino por una autocrítica dura. La agencia publicó un informe independiente sobre el Crew Flight Test (CFT) de 2024, la primera misión tripulada de Starliner, y decidió clasificar el episodio como un mishap Tipo A, el nivel más serio dentro de su sistema de incidentes. Pero el análisis no fue solamente sobre los propulsores que fallaron. NASA sostuvo que el problema más preocupante fue cómo se tomaron decisiones y cómo se lideró el programa.

Un nuevo informe de la NASA sobre el Starliner clasifica al episodio como un mishap Tipo A y critica con dureza la toma de decisiones.

Junto con Crew Dragon de SpaceX, Starliner es uno de los dos vehículos norteamericanos diseñados para llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS) dentro del programa de tripulación comercial. En particular, durante el CFT, la nave sufrió fallas de propulsores durante la aproximación a la ISS. Aunque logró acoplarse, el incidente derivó en que Starliner regresara a la Tierra sin tripulación, mientras los astronautas Butch Wilmore y Suni Williams permanecieron en la estación durante meses y finalmente volvieron en una Crew Dragon.

El análisis de Jared Isaacman, administrador de la NASA

Para presentar los hallazgos del informe, el administrador de NASA Jared Isaacman dio una conferencia de prensa. Allí, afirmo que Starliner tiene “deficiencias de diseño e ingeniería” que deben corregirse. Sin embargo, según Isaacman, lo más grave fue “la toma de decisiones y el liderazgo”, porque podrían generar una cultura “incompatible con el vuelo espacial tripulado”. Según su lectura, el programa permitió que una nave con antecedentes de problemas en propulsores, incluyendo fallas observadas en misiones no tripuladas anteriores, volara igual con astronautas a bordo. Además, ya en órbita, las discusiones sobre cómo traer a la tripulación de regreso se degradaron en un clima interno poco profesional.

El rótulo de Tipo A se utiliza en la NASA para incidentes graves, entre ellos los que implican pérdidas o daños importantes, y exige que las lecciones queden formalmente registradas. La agencia reconoció además que, en un primer momento, no había querido etiquetar el evento como mishap. En ese entonces, la preocupación por el impacto reputacional del programa influyó en esa decisión inicial, algo que ahora busca corregir.

El futuro del Starliner

Hacia adelante, NASA no canceló Starliner, pero sí aseguró que no habrá nuevos vuelos, tripulados o no, hasta que el vehículo esté listo. Al mismo tiempo, Boeing reiteró su compromiso y afirmó que avanzó en acciones correctivas y cambios culturales desde el test de vuelo. En paralelo, NASA venía trabajando con la idea de un próximo vuelo no tripulado a la ISS como paso previo a retomar misiones con astronautas. Sin embargo, el propio liderazgo marcó que la fecha depende de cerrar primero los problemas técnicos, que todavía no estaban completamente resueltos al momento del informe.

El trasfondo más grande es estratégico. Para NASA, tener dos proveedores de transporte humano a órbita baja reduce dependencia de un único sistema y sostiene un acceso continuo a la ISS. Además, deja la puerta abierta para continuar con el uso de estos sistemas para futuras estaciones comerciales. Por eso, el caso Starliner muestra lo difícil que es certificar un sistema tripulado y, a la vez, expone cómo las presiones por hacer que el programa funcione pueden deformar decisiones de seguridad si la supervisión y la cultura técnica no son implacables.

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