United Launch Alliance (ULA) lanzó este 12 de febrero una misión de seguridad nacional de la Fuerza Espacial de EE. UU. rumbo a la órbita geoestacionaria (GEO), a casi 36.000 km de altura. El despegue se realizó desde Cabo Cañaveral, con un cohete Vulcan en su configuración de mayor empuje para este tipo de trayectorias. En paralelo al éxito del ascenso, ULA informó que observó una anomalía temprana en uno de los cuatro motores sólidos y que el equipo está revisando los datos.

El Vulcan en la plataforma SLC-41 de Cabo Cañaveral, a la espera del lanzamiento.
El Vulcan en la plataforma SLC-41 de Cabo Cañaveral, a la espera del lanzamiento.

La misión, designada USSF-87, es el segundo vuelo de Vulcan dentro del programa National Security Space Launch (NSSL), que contrata lanzamientos para cargas sensibles del Departamento de Defensa (DoD). En este caso, el perfil era especialmente exigente. En lugar de dejar los satélites en una órbita de transferencia elíptica y que ellos mismos circularicen, el plan era insertarlos cerca de GEO mediante una secuencia prolongada de maniobras del upper stage Centaur V, que se extendería por casi 10 horas.

La Fuerza Espacial, con ojos en GEO

El despegue se llevó a cabo con un Vulcan VC4S que combinó sus dos motores líquidos BE-4 con cuatro motores sólidos GEM-63XL, para ganar velocidad rápido y sumar energía orbital. Esos motores sólidos trabajaron alrededor de un minuto y medio antes de separarse, y ULA cortó su transmisión en ese punto por pedido de la USSF. Durante el ascenso, se reportó una pluma irregular en uno de los boosters. ULA confirmó la observación y aseguró que el cohete, la etapa superior y las cargas siguieron una trayectoria nominal mientras analizan la telemetría.

El objetivo principal de USSF-87 es sumar nuevos satélites del programa GSSAP (Geosynchronous Space Situational Awareness Program), una constelación dedicada a vigilar la órbita geoestacionaria. Allí operan satélites de comunicaciones y meteorología y, fundamentalmente, activos estratégicos.

Fabricados por Northrop Grumman, estos satélites son maniobrables y llevan sensores ópticos para detectar, seguir y caracterizar objetos cercanos. Su objetivo principal es aportar información para evitar colisiones y entender comportamientos inusuales en una región orbital cada vez más congestionada y militarizada.

La misión también incluyó un anillo ESPA propulsivo, que va entre la etapa superior (Centaur) y los satélites. Se trata de una versión motorizada del adaptador EELV Secondary Payload Adapter, que durante el lanzamiento opera como adaptador de cargas secundarias. Sin embargo, a diferencia de los adaptadores pasivos, este modelo tiene un sistema de potencia y capacidad de maniobra propia. Así, cuando se separa del sistema de lanzamiento cerca de GEO, actúa como una plataforma o space tug independiente, que transporta y opera cargas de investigación, desarrollo y entrenamiento de la Fuerza Espacial que lleva a bordo. La idea es usarlo para ensayar tácticas y procedimientos de maniobra de precisión en órbita.

Esquema del ESPA ring y dónde va en el stack.

Una misión con sabor agridulce

A pesar del éxito de la misión de la USSF, el comportamiento anómalo del motor sólido quedará bajo la lupa. De hecho, este evento recuerda a un incidente en el segundo vuelo de Vulcan, que sufrió un problema asociado a la tobera, que tampoco impidió completar la misión.

Si el análisis confirmara un patrón repetido, ULA podría verse forzada a ajustar hardware, inspecciones o certificaciones, justo cuando busca aumentar cadencia y consolidar a Vulcan como su lanzador principal para misiones militares y comerciales.

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