Recordamos la tragedia del transbordador Challenger de la NASA, 40 años después

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El 28 de enero de 1986, la NASA y el pueblo estadounidense se vieron conmocionados por la tragedia que se desató a los 73 segundos del vuelo de la misión STS-51L del transbordador espacial Challenger.
El 28 de enero de 1986, la NASA y el pueblo estadounidense se vieron conmocionados por la tragedia que se desató a los 73 segundos del vuelo de la misión STS-51L del transbordador espacial Challenger. Fuente: NASA.

El 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger explotó a los 73 segundos del despegue durante la misión STS-51L. El accidente causó la muerte de sus siete tripulantes: Dick Scobee, Michael J. Smith, Judith Resnik, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe. Hoy, 40 años después, recordamos ese día como el punto de quiebre que obligó a la NASA a reordenar prioridades, poner la seguridad en primer plano y asumir, con crudeza, qué pasa cuando la ingeniería y la toma de decisiones se desalinean.

La tripulación de STS-51-L, la 25ª misión del programa del Transbordador Espacial de la NASA y el último vuelo del Transbordador Espacial Challenger.
La tripulación de STS-51-L, la misión número 25 del programa del Transbordador Espacial de la NASA y el último vuelo del Transbordador Espacial Challenger. Fuente: NASA.

Ese espíritu es el que atraviesa las piezas conmemorativas oficiales de la agencia. En su Day of Remembrance, la NASA reúne el homenaje a las tripulaciones de Apollo 1, Challenger y Columbia como una misma memoria institucional: personas y misiones distintas, una misma obligación de aprender y mejorar.

En la edición de 2026, la propia NASA enmarcó el homenaje como un recordatorio activo. Según la agencia, honrar a quienes se perdieron implica respetar el riesgo, no negarlo, y sostener la disciplina técnica y organizacional que hace posible seguir explorando.

El programa Space Shuttle buscaba tener un sistema parcialmente reutilizable que diera acceso rutinario a la órbita baja para transportar tripulación y carga.
El programa Space Shuttle buscaba tener un sistema parcialmente reutilizable que diera acceso rutinario a la órbita baja para transportar tripulación y carga. Fuente: NASA.

La misión y la falla que provocó la tragedia

STS-51L iba a ser la misión número 25 del programa Shuttle y el décimo vuelo del Challenger. Según la investigación, la explosión estuvo causada por el fallo del sello tipo O-ring en la junta del booster sólido derecho. Además, la situación se vio agravada por el frío intenso de esa mañana en Florida. El deterioro del sello permitió la fuga de gases calientes, que dañaron estructuras críticas y terminaron en la ruptura catastrófica del conjunto.

En ese entonces, el presidente estadounidense Ronald Reagan creó la “Comisión presidencial (Rogers)”, dirigida por el abogado y ex Secretario de Estado William P. Rogers, con Neil Armstrong como vicepresidente. Según la comisión y los materiales técnicos asociados, hubo señales tempranas del problema durante el ascenso, antes del colapso estructural final.

¿Que pasó con el Space Shuttle?

El impacto de la explosión del transbordador fue global porque el Shuttle no era solo un vehículo, era el símbolo de una era de vuelos frecuentes y rutinarios al espacio. Tras el Challenger, el programa se detuvo, se rediseñaron componentes aeroespaciales clave y se reconfiguraron procesos de verificación y cultura de seguridad. Los efectos de esta falla se extendieron más allá de la NASA, y llegaron a moldear cómo el mundo piensa el riesgo en sistemas complejos.

Es así que el Challeger, junto con las tragedias que se recuerdan cada año el Day of Remembrance, sostiene que el desarrollo tecnológico es importante, pero que exige técnica, transparencia y decisiones que estén a la altura del hardware, para que pueda llevarse a cabo con seguridad y sin costar ninguna vida.

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