El Presupuesto 2026 incluye, bajo el paraguas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), una asignación total de $1.271 millones para el Tronador II, la iniciativa nacional de acceso al espacio. Si se considera el tipo de cambio del propio Presupuesto, de 1.423 pesos por dólar, esa cifra equivale a US$ 893.000.
Pero, aislado, ese monto no dice demasiado. Para saber si el programa tiene financiamiento real, es necesario entender si ese número cierra: cuánto se necesita para desarrollar un cohete, en qué etapa de desarrollo se encuentra el proyecto, y cuánto falta invertir.

¿Qué tan caro es, en la práctica, desarrollar un lanzador tipo Tronador?
Para saber cuánto financiamiento se debe desembolsar en un programa como el Tronador, se puede comparar con programas de lanzadores livianos, de dimensiones y cargas similares, desarrollados en entornos donde el costo de capital es un factor importante. En particular, el Tronador II se proyecta con 28 metros de altura y 250 kg de capacidad de carga a 600 km de altitud.
Una buena comparación es el SSLV (Small Satellite Launch Vehicle) de India, desarrollado por ISRO para el segmento de cargas pequeñas. En 2021, el Gobierno indio destinó US$ 23 millones para el desarrollo del SSLV, incluyendo tres vuelos de desarrollo, con un objetivo de 500 kg a 500 km de altitud. El SSLV consiguió su primer vuelo exitoso en 2023.
Otro caso es el de Brasil, con un enfoque más austero. El VLM-1 (Veículo Lançador de Microssatélites), liderado por la Agência Espacial Brasileira, es un cohete orientado microsatélites de 30 kg y órbitas ecuatoriales de 300 km. Por ahora, el programa sigue en ejecución, con plazos que corren hasta 2026, y un costo estimado total de US$ 33 millones.
De estos casos surge una idea importante, y es que no existe un precio único para un lanzador. El SSLV tiene una altura de 34 metros y una capacidad de 500 kg, mientras que el VLM-1 mide solamente 19,6 metros y tiene una capacidad del 6% de la del cohete indio. Aún así, el presupuesto brasileño supera al de la ISRO por US$ 10 millones.
El costo de un proyecto depende, el última instancia, de cuánto tenga resuelto el país antes de empezar. Desde la cadena de proveedores, la disponibilidad de materia prima, la capacidad de fabricación y ensayo, el know-how sobre los sistmeas críticos y, sobre todo, la curva de aprendizaje. De esta forma, el costo final del Tronador, especulado, puede variar de las decenas a los cientos de millones de dólares.

Del VEx al Tronador: ¿En qué fase está el proyecto? ¿Cuánto falta para materializar los esfuerzos en un lanzador operativo?
El proyecto Tronador se cimienta sobre la línea de Vehículos Experimentales (VEx), una serie de lanzadores cuyo objetivo fue validar por etapas los subsistemas del lanzador. Desde 2007 hasta 2017, VEx desarrolló y ensayó sistemas de control y guiado, navegación, aviónica, estructuras, operaciones y telemetría, antes de jugarse todo en un vuelo orbital.
Después de 2017, el programa evolucinó a los prototipos escalonados. Esa transición se formaliza en 2022, con la proyección de dos prototipos suborbitales, el TII-70 y el TII-150, aún de ensayo y para madurar subsistemas críticos. El lanzador final sería, luego, el TII-250.

Actualmente, el panorama oficial indica que el Tronador todavía está en una fase de maduración tecnológica, especialmente de propulsión, y de desarrollo de prototipos. En agosto de 2023, CONAE informó un ensayo de un prototipo de motor de segunda etapa. En febrero de 2024 se comunicó un nuevo hito tecnológico ligado a la fabricación de componentes del motor RS-2. Un resumen de gestión de CONAE de 2024 indica que se completó la Fase A, de ingeniería básica, del prototipo TII-70, con la Mission Definition Review (MDR) y la System Requirements Review (SRR), dos revisiones técnicas, superadas.
En 2025 también hubo ensayos. En julio, la CONAE informó pruebas de desarrollo del propulsor MT-B en el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT). Estos ensayos se realizaron en el marco del programa de desarrollo del motor cohete RS-3, el motor final de segunda etapa del lanzador.

Presupuesto 2026: ¿Qué implica la inversión y cuánto faltaría para que el proyecto prospere?
Hoy, el Tronador está en una fase de cierre de ingeniería, integración y ensayos para madurar subsistemas críticos. Esto implica que, hacia adelante, el programa va a necesitar financiamiento para, como mínimo, completar al menos un prototipo adicional y sostener el desarrollo, integración y ensayos de todos los componentes y sistemas que requiere el lanzador definitivo.
En ese marco, es claro que los US$ 893.000 del Presupuesto 2026 son insuficientes frente a esa necesidad: alcanzan, como mucho, para mantener la línea viva un año más. Además, el número queda muy lejos de los programas comparables del mismo segmento, que suelen moverse en el orden de decenas de millones de dólares.
Entonces, ¿cuánto debería recibir para prosperar? No hay una cifra única, pero sí un criterio realista. Si el objetivo es llegar a un demostrador con campaña de ensayos, integración y una secuencia de vuelos que genere aprendizaje, el financiamiento tiene que ser sostenido y estar en un orden compatible con esa etapa del ciclo de vida. En términos prácticos, sería razonable pensar en algunos millones de dólares por año durante varios años, con picos cuando empiezan las pruebas integradas y los vuelos. Visto así, las cifras del Presupuesto 2026 se parecen más a un esfuerzo mínimo de continuidad que a una apuesta de avance real.
Mientras tanto, el sector aeroespacial bajo el paraguas de la CONAE, especialmente el acceso al espacio, creció y desarrolló capacidades valiosas a partir de proyectos complejos y de los ensayos del Tronador. La capacidad tecnológica está. Lo que falta es que el Estado decida apostar a que el programa prospere. Si esa decisión existe, en algún momento el presupuesto tiene que dejar de parecerse a un respirador y empezar a parecerse a un plan de vuelo. Solo así, Argentina finalmente podrá llegar al espacio con un lanzador que lleve su bandera.
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