Después de 53 años sin misiones tripuladas a la Luna, la NASA está afinando los últimos detalles para Artemisa II, el vuelo que marcará el regreso de astronautas al entorno lunar por primera vez desde Apolo 17 en 1972. La misión, proyectada entre febrero y abril de 2026, será un sobrevuelo de 10 días a nuestro satélite natural. Su objetivo es certificar que el cohete Space Launch System (SLS), la nave Orion y toda la infraestructura de tierra operen como un sistema integrado antes de intentar un alunizaje.
Artemisa II es el segundo vuelo del programa Artemisa de la NASA, que busca retomar los vuelos tripulados y construir una presencia sostenida en la Luna. Esa base construirá los cimientos que más adelante permitirán pensar en misiones humanas más largas y exigentes, con Marte como horizonte.
En las últimas semanas, la agencia espacial estadounidense empezó a sumar hitos camino al lanzamiento dentro del Vehicle Assembly Building (VAB), el edificio de integración en el Centro Espacial Kennedy. El 20 de diciembre realizó el Countdown Demonstration Test (CDT), un ensayo que replica el día de lanzamiento. Allí, la tripulación subió a la nave Orion y el equipo de tierra ejecutó casi toda la cuenta regresiva. Días más tarde, la NASA anunció que ya comenzó a retirar parte de las plataformas de acceso al SLS. Esta es una clara señal de progreso, que indica la integración principal está prácticamente completa.

¿Cuál es el siguiente paso para el despegue de Artemisa II?
Con gran parte de las plataformas retraidas, ahora comienza el closeout. Allí, el sistema de lanzamiento pasará por una instancia de cierres finales y verifaciones, cuyo objetivo es dejar el cohete lo más sellado posible. En esta fase, se limita cualquier interveción al mínimo indispensable para no introducir nuevas fallas.
En particular, el closeout incluye un nuevo hito: el Flight Termination System Test (FTST). Se trata de un ensayo del sistema de terminación de vuelo, que sirve para detonar voluntariamente al cohete si éste se desvía de su trayectoria prevista, para garantizar la seguridad de las personas e instalaciones en Tierra. Charlie Blackwell-Thompson, la directora de lanzamiento, lo mencionó como el paso siguiente una vez completada la primera parte del CDT.
En paralelo, también resta terminar de cerrar los hallazgos del CDT, que pueden incluir ajustes de procedimiento, validación de comunicaciones, y consistencia entre equipos de Orion-SLS y sistemas de tierra.

El rollout a la rampa 39B
Una vez finalizado el closeout, sigue el rollout: el traslado del sistema de lanzamiento desde el edificio de integración al Complejo de Lanzamiento 39B, a unos 6,8 kilómetros. Esta nueva fase, por más simple que suene, también es un hito en sí misma, puesto que cambia el régimen de trabajo. En el VAB, todavía se integra y se inspecciona con acceso permanente; en la rampa, se entra en modo operación, con chequeos en condiciones reales previas al despegue.
El SLS llega a la rampa montado sobre el Mobile Launcher, la plataforma y torre móviles diseñadas específicamente para el cohete. Una vez allí, esa estructura se acopla a la infraestructura fija del pad (energía, datos, comunicaciones, y otros servicios) para empezar las pruebas y preparativos de lanzamiento. Esta instancia incluye pruebas de comunicaciones en condiciones reales de radio, tareas de soporte y abastecimiento, y la configuración de los equipos de la rampa.
Entre todos los ensayos en el 39B, la NASA anticipó que la tripulación participará de un nuevo CDT, con particular interés en operaciones de emergencia. Uno de los aspectos más importantes en esta prueba es el sistema de escape de emergencia desde la torre, basado en canastas que bajan por cables, para alejar a la tripulación del cohete en caso de una situación crítica en el pad. Allí, se recorre la ruta de evacuación, y se practican los pasos hasta que salgan por reflejo. En un lanzamiento, es necesario que la tripulación pueda ejecutar la secuencia de emergencia en segundos para ponerse a salvo ante cualquier incidente mayor.

Wet Dress Rehearsal y go/no-go
Después sigue el Wet Dress Rehearsal (WDR), el ensayo general con carga completa de propelentes criogénicos. Primero se lleva a cabo el tanking, la carga completa de oxígeno e hidrógeno líquidos en los tanques de la etapa central y superior. Luego se entra en el terminal count, la secuencia final de la cuenta regresiva. En este ensayo, el equipo suele frenar a propósito cerca de los últimos 30 segundos para revisar datos y confirmar que todo se comporta como está previsto.
Esta fase es crítica porque es cuando se introduce la operación real con hidrógeno líquido. Allí aparecen contracciones, comportamiento térmico, respuesta de sellos y válvulas, lecturas de sensores y posibles fugas. Y también se prueba el equipo completo, desde las consolas y procedimientos, hasta los tiempos de respuesta.
Del WDR se obtienen datos y, de ser necesario, tareas correctivas. Luego, con eso resuelto, llega la cuenta regresiva: se configura el sistema de lanzamiento y la rampa para el vuelo, y se repite el flujo operativo que culmina en el despegue. En el caso del SLS, ese proceso lleva unos dos días.
En esa recta final ya no faltan piezas, faltan decisiones. Se cierran los constraints —las condiciones técnicas y operativas que deben cumplirse sí o sí para autorizar el despegue—, y se completan las revisiones de preparación. Después llega el go/no-go, una ronda de chequos en la que cada equipo (cohete, Orion, rampa, seguridad, rango, meteorología y trayectoria) confirma si está en condiciones de seguir. Si todo queda habilitado, y la ventana de lanzamiento junto con el clima acompañan, el cohete despega.

Finalmente, la ventana de lanzamiento
La NASA apunta a un lanzamiento de Artemisa II, a más tardar, en abril de 2026, pero las oportunidades de despegue comienzan tan pronto como el 5 de febrero. Sin embargo, llegar a esa fecha no es cuestión de esperar, sino de llegar con el sistema listo. Porque si bien el vehículo ya está en la recta final, todavía quedan chequeos y ensayos que son los que habilitan, o frenan, un intento de lanzamiento.
Además, el despegue no lo define solo el estado del cohete. Tiene que coincidir una ventana de lanzamiento, que el área alrededor de Cabo Cañaveral esté liberada y bajo control para operar con seguridad, y que el clima acompañe. Si todo coincide, se lanza. Si no, se pasa al siguiente intento.
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