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No caben dudas que una nueva carrera espacial se está desarrollando. Sin embargo, a diferencia de la que se llevó a cabo entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el siglo XX, la actual es mucho más inclusiva.

Una prueba de esto último quedó en evidencia recientemente, cuando Irlanda se unió formalmente al club espacial tras lanza su primer satélite a la órbita terrestre baja.

El Satélite de Investigación Educativa Irlandesa-1 (Eirsat-1) despegó al espacio desde la Base de la Fuerza Aérea Vandenberg, en California, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX el pasado 1 de diciembre. Y una hora y media después del lanzamiento, el pequeño satélite, del tamaño de un ladrillo de una casa, desplegó su antena con éxito.

Acto seguido, Eirsat-1 se puso en contacto con sus operadores a través de estaciones terrestres en la Tierra y ya está funcionando como se esperaba. 

Desarrollado por alrededor de 50 estudiantes de la University College Dublin (UCD), Eirsat-1 todavía está en modo de puesta en servicio, pero se espera que entre en modo operativo y comience a recopilar datos científicos el próximo mes.

Eirsat-1 lleva tres instrumentos principales: un detector de rayos gamma (GMOD), un módulo ENBIO para experimentos de materiales térmicos (EMOD) y un algoritmo de control de control basado en ondas (WBC).

GMOD detectará radiación electromagnética de alta energía, conocidos como rayos gammal fuera de la interferencia de la atmósfera terrestre, lo que podría ayudar a establecer las fuentes de poderosas explosiones de esta radiación, como es el caso de las supernovas. Según las estimaciones, GMOD podría detectar alrededor de 10 estallidos de rayos gamma por año.

Por su parte, el EMOD está diseñado para probar los tratamientos térmicos de superficie SolarWhite y SolarBlack, que actualmente están siendo utilizados por la misión Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea, pero en órbita terrestre baja.

Por último, está el WBC que es un experimento que utiliza campos magnéticos, generados dentro de una nave espacial, para interactuar con los campos magnéticos de la Tierra y controlar la altitud. 

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