Astrónomos encontraron un “planeta Fénix” que nació de las cenizas de una estrella muerta, un mundo que se habría formado después del final de su estrella a partir del material que esta expulsó durante sus últimas etapas de vida. El planeta orbita la enana blanca HS 0209+0832, ubicada a cientos de años luz de la Tierra, y tiene un tamaño comparable al de Júpiter. El hallazgo, publicado este 5 de octubre en la revista Nature Astronomy, convierte al sistema en uno de los casos más claros conocidos de un posible planeta de segunda generación, es decir, formado después de la muerte de su estrella y no junto a ella.

La diferencia con los planetas comunes es fundamental. La Tierra, Júpiter y el resto de los cuerpos del Sistema Solar son planetas de primera generación, porque se formaron hace miles de millones de años a partir del mismo disco de gas y polvo que dio origen al Sol.
En este caso, la estrella original agotó su combustible, se expandió como una gigante roja y expulsó gran parte de sus capas externas al espacio. Lo que quedó fue una enana blanca, el núcleo caliente y compacto de la antigua estrella. Según la interpretación de los investigadores, parte del material expulsado permaneció alrededor de ese remanente y terminó agrupándose nuevamente hasta formar un planeta completamente nuevo.
Cómo descubrieron un planeta que no podían ver directamente
La clave del descubrimiento no estuvo inicialmente en observar el planeta, sino en estudiar la composición química de la propia enana blanca.
El telescopio espacial Hubble había observado HS 0209+0832 en 1999 y detectado alrededor de un centenar de características químicas que en ese momento no pudieron ser identificadas correctamente. Más de dos décadas después, el equipo volvió a analizar esos datos utilizando bases de datos atómicas más completas y encontró una presencia inesperadamente elevada de niobio, además de elementos como níquel y calcio.
Ese niobio resultó ser especialmente importante. Los elementos más pesados que el hierro no se producen normalmente mediante las reacciones de fusión que mantienen encendidas a las estrellas durante la mayor parte de sus vidas. Pueden formarse, en cambio, durante procesos extremos asociados con las etapas finales de evolución estelar.
Encontrar grandes cantidades de ese material en HS 0209+0832 indicó que lo que estaba cayendo sobre la enana blanca tenía una composición vinculada a los restos expulsados cuando la estrella murió. La señal también fue confirmada utilizando datos del ya retirado telescopio ultravioleta FUSE de NASA.
La explicación propuesta es que ese material terminó formando un gigante gaseoso aproximadamente del tamaño de Júpiter. El planeta se encontraría extremadamente cerca de la enana blanca, a unos 6 millones de kilómetros, y completaría una órbita cada 4,4 días terrestres. Esa periodicidad fue detectada por el satélite TESS de NASA, que observó pequeñas variaciones repetidas en el brillo de la estrella durante aproximadamente cuatro meses. Como comparación, Mercurio se encuentra a unos 58 millones de kilómetros del Sol, casi diez veces más lejos.
Un planeta que está perdiendo su atmósfera
Su cercanía a la estrella también permite explicar por qué los astrónomos pudieron detectar su composición de una manera tan indirecta. Aunque una enana blanca ya no produce energía mediante fusión nuclear, HS 0209+0832 todavía conserva una temperatura muy elevada. La intensa radiación que emite está arrancando material de las capas externas del planeta, que pierde progresivamente parte de su atmósfera. Ese gas se desplaza hacia la enana blanca, forma un disco alrededor de ella y finalmente cae sobre su superficie. Al analizar la luz de la estrella, Hubble puede identificar los elementos presentes en ese material y obtener así pistas sobre la composición del planeta que lo está perdiendo.
Este proceso también significa que el “planeta Fénix” no se encuentra en una situación estable. La radiación de la enana blanca continúa evaporando lentamente su atmósfera y podría producir una estructura similar a una cola de cometa formada por gas que escapa del planeta.
A diferencia de un planeta que simplemente sobrevivió a la muerte de su estrella, la composición detectada indica que este mundo habría sido construido posteriormente con material enriquecido expulsado durante esa etapa final. Esa es justamente la característica que lo convierte en un candidato a planeta de segunda generación.
Una segunda vida para los sistemas planetarios
Hasta ahora ya se conocían algunos planetas alrededor de enanas blancas y se habían propuesto mundos de segunda generación alrededor de otros restos estelares, como los púlsares. Pero HS 0209+0832 representa el primer candidato conocido alrededor de una enana blanca con señales químicas compatibles con un planeta formado después de la muerte de su estrella. El hallazgo sugiere que el final de una estrella no necesariamente implica el final definitivo de la formación planetaria en ese sistema.
Los investigadores deberán realizar nuevas observaciones para confirmar completamente la naturaleza del objeto y precisar sus propiedades. Sin embargo, el sistema ofrece una forma inédita de estudiar planetas gigantes: en lugar de analizar directamente su atmósfera mientras pasa delante de una estrella, los astrónomos pueden estudiar el material que esa atmósfera pierde y deposita sobre la enana blanca.
El resultado abre además una pregunta más amplia: si este proceso pudo ocurrir una vez, podría haber muchos otros sistemas planetarios reconstruidos alrededor de estrellas muertas que todavía no fueron identificados.
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