Astrónomos confirmaron que el Objeto de Sakurai, una estrella ubicada a unos 10.000 años luz, está atravesando una nueva transformación después de haber “vuelto de la muerte” hace unas tres décadas. Conocida como V4334 Sagittarii, la luminaria llamó la atención en 1996 cuando aumentó rápidamente su brillo pese a encontrarse ya en una etapa muy avanzada de su vida, como si hubiera regresado temporalmente a una fase anterior. Ahora, nuevas observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT), en Chile, muestran que la estrella volvió a calentarse y que está expulsando material mediante un intenso viento estelar. El caso permite observar en apenas unas décadas cambios que, en la mayoría de las estrellas, solo pueden reconstruirse estudiando procesos mucho más largos.

En la imagen superior derecha se observa la misma región observada en hidrógeno H-alfa, donde comienza a distinguirse el gas de la nebulosa que rodea a la estrella. La imagen inferior izquierda muestra una observación en luz emitida por oxígeno ionizado, que permite ver con mayor claridad la estructura de la nebulosa. Y en la image inferior derecha se tiene una imagen procesada para eliminar la luz de las estrellas y destacar únicamente la nebulosa alrededor del Objeto de Sakurai, que presenta una forma circular de unos 32 segundos de arco de diámetro. Crédito: VTL/ ESO.
¿Cómo hace una estrella para volver de la muerte?
Para entender qué le pasó al Objeto de Sakurai hay que pensar primero en cómo muere una estrella, como nuestro Sol. En general, una estrella “muere” cuando agota su combustible, es decir, el material que utiliza para producir energía en su interior: primero el hidrógeno y, en etapas posteriores, el helio.
Cuando una estrella parecida al Sol, de masa baja o media —sí, a nosotros nos parece exageradamente gigantesca, pero comparada con otras estrellas del universo no lo es— agota su combustible, ésta expulsa sus capas exteriores y termina convirtiéndose en una enana blanca: un núcleo muy caliente y denso.
En casos muy poco frecuentes, cuando la estrella ya está en esa etapa final, una capa de helio que todavía queda alrededor del núcleo puede volver a encenderse de manera repentina. A este fenómeno se lo llama pulso térmico muy tardío. La energía liberada hace que la estrella vuelva a expandirse y enfriarse, como si retrocediera temporalmente a una etapa anterior de su vida. Por eso estos objetos son conocidos como “estrellas renacidas”: no vuelven de la muerte, pero sí regresan durante un tiempo a un estado que parecía haber quedado atrás.
¿Qué está pasando con el Objeto de Sakurai?
Las nuevas observaciones del Very Large Telescope permitieron ver qué está ocurriendo ahora con Sakurai. Los científicos descubrieron que la estrella está muy caliente y expulsando grandes cantidades de material al espacio. Este flujo de gas y partículas se conoce como viento estelar; es el mismo fenómeno que, en nuestro Sol, llamamos viento solar. Sakurai tiene actualmente una temperatura cercana a los 30.500 Kelvin, más de cinco veces la temperatura de la superficie del Sol, que ronda los 5.800 K.
El material que expulsa Sakurai viaja a unos 500 kilómetros por segundo, alrededor de 1,8 millones de kilómetros por hora. Como comparación, el viento solar suele viajar a unos 400 km/s, aunque puede variar entre 300 y 800 km/s. Es decir, lo extraordinario de Sakurai no es tanto la velocidad del material, sino la enorme cantidad de masa que está perdiendo. El estudio estima que expulsa alrededor de 1,1 millonésimas de la masa del Sol por año, una tasa millones de veces mayor que la que pierde nuestro Sol mediante el viento solar.
El análisis de su luz también muestra grandes cantidades de carbono y helio y muy poco hidrógeno, características de una clase de estrellas conocida como [WC]. Son remanentes estelares muy calientes que se parecen en algunos aspectos a las estrellas Wolf-Rayet, aunque Sakurai no es una Wolf-Rayet masiva: es el núcleo de una estrella de menor masa que está atravesando las últimas etapas de su vida.

Un caso de estudio muy particular
La importancia del caso está en la velocidad con la que puede estudiarse. La mayor parte de la evolución de una estrella ocurre durante millones o miles de millones de años, por lo que los astrónomos normalmente comprenden estas etapas comparando grandes cantidades de estrellas diferentes y ordenándolas según sus características.
Con Sakurai, una parte significativa del proceso está ocurriendo dentro de la vida profesional de los mismos investigadores que comenzaron a observarla en la década de 1990. Además, el material expulsado después de su reactivación ya se extiende por una región comparable en tamaño al Sistema Solar y continúa modificando el entorno inmediato de la estrella.
El seguimiento espectroscópico durante los próximos años permitirá medir cómo aumenta su temperatura, cómo evoluciona su viento y en qué momento comienza a aproximarse nuevamente a su estado final como enana blanca. Es, en la práctica, uno de los pocos laboratorios naturales donde una de las últimas fases de la vida estelar puede estudiarse mientras sucede.
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