El ataque que Hezbolá lanzó contra Israel marcó un nuevo salto en la escalada regional. Según el ejército israelí, el grupo disparó el 12 de marzo unos 200 cohetes y 20 drones en una ofensiva simultánea con Irán, la mayor de esta guerra hasta ahora. La respuesta de Israel fue inmediata, que amplió sus bombardeos sobre Beirut y dejó claro que la campaña en Líbano no sería breve.

Hezbolá viene mostrando una lógica de salva mixta, en la que combina muchas municiones baratas y simples con drones de ataque para complicar la defensa aérea. En junio de 2024 ya se había reportado un ataque coordinado del grupo con cohetes Katyusha y Falaq más unos 30 drones. Y a comienzos de marzo de 2026 se informó que Hezbolá había reconstituido sus reservas de drones y cohetes con apoyo iraní, además de fabricación local. En un video reciente, un analista identificó incluso un dron tipo Shahed-101.
Cohetes no guiados y capacidades de saturación
Si bien aún no hay detalle público de las armas utilizadas, se puede hacer es una inferencia a partir del volumen del ataque, la forma de operación del grupo y la composición de su arsenal. Si una fuerza lanza unos 200 proyectiles junto con 20 drones en una ofensiva coordinada para complicar la defensa aérea israelí, lo más probable es que la base de la salva hayan sido cohetes no guiados. Estos ejemplares son abundantes, más baratos, más fáciles de dispersar y justamente están pensados para saturar defensas. De hecho, Reuters reportó que Hezbollah llegó a esta nueva guerra con unas 25.000 municiones entre cohetes y misiles, en su mayoría de corto y medio alcance.

Un cohete no guiado es un proyectil que, una vez lanzado, no corrige su trayectoria hacia el blanco. Vuela por balística y con estabilización, pero sin buscar activamente el objetivo. Esto lo hace mucho más barato que un misil guiado. En esa lógica, la familia más probable son los Katyusha de corto alcance, de 107 y 122 mm, que constituyen la mayor parte de la fuerza coheteril de Hezbollah. Sus variantes suelen moverse entre 4 y 40 km de alcance, con cargas de 10 a 20 kg y pesos totales de 45 a 75 kg. Los modelos de 107 mm, por ejemplo, rondan los 10 km, cargan una ojiva de unos 8 kg y pesan cerca de 19 kg. Los de 122 mm ya suben a alrededor de 20 km y unos 45 kg de peso. No son armas de precisión, pero sí excelentes para llenar el cielo de blancos en pocos segundos.
Un escalón por encima aparecen los Falaq-1 y Falaq-2, que también son cohetes no guiados, de combustible sólido y estabilizados por giro. El Falaq-1 tiene 240 mm de diámetro, mide 1,32 m, pesa unos 111 kg y lleva una carga explosiva de 50 kg, con un alcance de 10 km. El Falaq-2 es bastante más pesado. Con 333 mm de diámetro, 1,82 m de largo, unos 255 kg de peso total y una ojiva de 120 kg, también con 10 km de alcance. No vuelan mucho más lejos que otras familias cortas, pero el impacto es mucho más fuerte. Por eso, si el blanco está cerca de la frontera, un Falaq tiene sentido como complemento de una salva de saturación, sumando más potencia por impacto.

Más arriba están los Fajr-3 y Fajr-5, también cohetes no guiados, pero con mayor alcance. El Fajr-3 llega a unos 43 km, mide 5,2 metros, pesa 407 kg y lleva una carga de 45 kg. El Fajr-5 sube a unos 75 km, con 6,48 m de largo, 915 kg de peso y una ojiva de 90 kg. En el medio aparecen los Raad-2/3 con 60 a 70 km de alcance, 4,8 metros de largo, 280 kg de peso y cargas de 50 kg. Y después el Khaibar-1, que juega en una liga más pesada: 100 km de alcance, 6,3 metros de largo, 750 kg de peso y una carga útil de 150 kilos.
Todos estos sistemas son cohetes no guiados. El salto a otra categoría aparece con sistemas como el Fateh-110/M-600, misiles balísticos guiados, con hasta 300 km de alcance, cargas de hasta 500 kg, 9 metros de largo y guiado GPS. En lugar de saturar, están diseñados pegar más lejos y con más precisión.

Por eso, si hay que inferir qué encaja mejor con la andanada del 12 de marzo, la hipótesis más razonable es que el núcleo del ataque probablemente estuvo formado por Katyusha y otros cohetes no guiados de corto y medio alcance, posiblemente combinados con sistemas más pesados como Falaq, Fajr o Raad para sumar alcance y potencia según el tipo de blanco. El Khaibar-1 puede haber estado presente en cantidades menores si hubo objetivos más profundos, pero no parece el candidato más lógico para formar la columna vertebral de una salva tan grande. Y los Fateh-110/M-600, si bien están dentro del arsenal atribuido al grupo, hoy no son la opción más probable para explicar una andanada masiva de 200 proyectiles. De hecho, la ofensiva de junio de 2024 de Hezbollah contra Israel se realizó con Katyusha, Falaq y al menos 30 drones de ataque, una combinación muy parecida en lógica operativa.
Los drones libaneses
Del lado de los drones, la lectura más sólida también va por la combinación de plataformas simples y abundantes. Reuters informó que Hezbollah reconstituyó sus reservas de drones y cohetes, y que volvió a fabricar armamento localmente. De hecho, en un video difundido el 4 de marzo un analista identificó un ejemplar tipo Shahed-101, potencialmente producible en Líbano. Eso sugiere que Hezbollah está mezclando cohetes de saturación con drones unidireccionales de ataque y con aparatos de reconocimiento o corrección. La fórmula, sin duda, está pensada para forzar a la defensa a enfrentar amenazas distintas al mismo tiempo.
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