El telescopio Swift caerá a la Tierra tras 22 años en el espacio: la NASA prevé su reentrada alrededor del 4 de noviembre

El telescopio espacial Swift de la NASA caerá a la Tierra tras casi 22 años de servicio en el espacio. La agencia estadounidense prevé su reentrada alrededor del 4 de noviembre. Crédito: NASA.

El observatorio Swift terminó sus operaciones científicas en octubre, después de perder altura por el rozamiento atmosférico. Algunos componentes podrían sobrevivir al descenso, aunque todavía no puede determinarse dónde llegarían.

El telescopio espacial Swift de la NASA caerá a la Tierra tras casi 22 años de servicio en el espacio. La agencia estadounidense prevé su reentrada alrededor del 4 de noviembre. Crédito: NASA.

El observatorio espacial Neil Gehrels Swift de la NASA podría reingresar a la atmósfera terrestre alrededor del 4 de noviembre, casi 22 años después de su lanzamiento. La agencia publicó una estimación de la Fuerza Espacial estadounidense que sitúa el acontecimiento cerca de las 08:30 UTC (5:30 a.m. hora argentina), con una incertidumbre de 11 horas.

La predicción no permite establecer un horario definitivo ni un lugar de caída. La NASA espera que la mayor parte del satélite se destruya durante el ingreso atmosférico, pero considera que algunos componentes de este telescopio de 1.450 kilogramos podrían sobrevivir.

Swift ya había finalizado su actividad científica el 20 de octubre, cuando descendió hasta unos 275 kilómetros de altura. En esas condiciones, el arrastre atmosférico impedía mantener la estabilidad necesaria para apuntar sus telescopios hacia los objetivos astronómicos.

Por qué Swift perdió su órbita

Swift comenzó orbitando a unos 600 kilómetros de la Tierra, pero incluso a esa gran altura aún quedan partículas de la atmósfera, aunque el aire es extremadamente tenue. Al desplazarse, el telescopio encontraba la resistencia de esas partículas, un efecto llamado arrastre atmosférico, que le hacía perder energía y descender gradualmente. Además, según explicó la NASA, la mayor actividad reciente del Sol intensificó ese efecto, al calentar y expandir las capas superiores de la atmósfera, aumentando esa resistencia y acelerando el descenso de su órbita.

Ante esta situación, el equipo de la NASA redujo las observaciones y orientó la nave de una manera que disminuía la resistencia atmosférica. La idea era ganar tiempo para poder desarrollar una misión de intervención comercial destinada a elevar su órbita.

Como había contado Espacio Tech al abordar el intento de rescate, el plan era que la nave robótica LINK, de Katalyst Space, capturara a Swift y lo impulsara hacia una órbita más alta para prolongar su vida científica. Sin embargo, un problema en el sistema que controlaba la orientación de LINK impidió concretar el rescate, que fue descartado en agosto.

El observatorio retomó entonces sus mediciones y estudió cientos de objetivos adicionales. Al seguir perdiendo altura, ingresó en modo seguro y el equipo envió las instrucciones que pusieron fin a sus operaciones.

El telescipio Swift despegó al espacio el 20 de noviembre de 2004 para estudiar los estallidos de rayos gamma, y con una misión inicial de dos años.

Un observatorio diseñado para reaccionar en aproximadamente un minuto

Swift despegó el 20 de noviembre de 2004 con una misión principal prevista de dos años. Su especialidad eran los estallidos de rayos gamma: explosiones cósmicas cuya emisión inicial puede durar apenas una fracción de segundo.

Para estudiarlos, el observatorio debía detectar el fenómeno, calcular su ubicación, comunicarla a otros instrumentos y girar sus propios telescopios antes de que el resplandor posterior se debilitara. Habitualmente completaba esa secuencia en aproximadamente un minuto.

Durante su carrera observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y más de 1.400 supernovas. También investigó estrellas destruidas por agujeros negros, galaxias activas, cometas y asteroides. Sus datos contribuyeron a unos 7.000 trabajos científicos.

Qué puede anticiparse sobre la reentrada

La órbita de Swift limita la franja posible de reentrada de los fragmentos supervivientes a latitudes comprendidas entre 20,6 grados norte y 20,6 grados sur, de acuerdo con la NASA. Esa delimitación sigue abarcando una extensa superficie del planeta y no equivale a identificar una zona de impacto.

La agencia y la Fuerza Espacial continuarán siguiendo el descenso para actualizar las estimaciones. El próximo dato decisivo será una ventana de reentrada más estrecha y, después del acontecimiento, su confirmación.

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