La NASA identificó por primera vez sobre la superficie marciana partículas de apenas 100 nanómetros, unas 700 veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano. El descubrimiento permitirá mejorar la protección de los trajes espaciales y los futuros hábitats.

El rover Perseverance de la NASA detectó en Marte partículas de polvo ultrafinas, de apenas 100 nanómetros de diámetro, lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en los pulmones y potencialmente ingresar al torrente sanguíneo. El hallazgo surge de un estudio publicado el 27 de octubre en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), basado en mediciones realizadas durante 1.645 días marcianos.
Aunque la existencia de partículas de este tamaño ya había sido prevista por los científicos, hasta ahora no se habían conseguido medir directamente sobre la superficie de Marte. El descubrimiento aporta información fundamental para las futuras misiones tripuladas, porque el polvo marciano podría representar un riesgo tanto para la salud de los astronautas como para el funcionamiento de los equipos y sistemas de soporte vital.
¿Cómo hizo Perseverance para medir las partículas más pequeñas de Marte?
Perseverance aterrizó en Marte en febrero de 2021 con el objetivo principal de buscar indicios de antigua vida microbiana y recolectar muestras de rocas. Sin embargo, también transporta varios experimentos destinados a preparar la futura exploración humana del planeta, entre ellos pequeñas muestras de materiales utilizados en la fabricación de trajes espaciales.
Estas muestras, de unos dos centímetros de lado, están instaladas en un dispositivo de calibración del instrumento SHERLOC, ubicado en el brazo robótico del vehículo. Su función original era permitir que los investigadores estudiaran cómo se comportan materiales como el teflón y el Vectran después de una exposición prolongada a las condiciones ambientales marcianas.
Con el paso del tiempo, las superficies comenzaron a acumular polvo. Los investigadores aprovecharon esa acumulación y utilizaron PIXL, un espectrómetro de fluorescencia de rayos X, para analizar la composición del material depositado e inferir el tamaño de las partículas a partir de las mediciones.
Hasta entonces, las observaciones realizadas directamente en Marte habían permitido caracterizar partículas de tres micrómetros o más. El nuevo estudio identificó polvo fino de menos de 2,5 micrómetros y partículas ultrafinas que alcanzaban tamaños de entre 100 y 300 nanómetros, según la superficie examinada.
Para dimensionar el descubrimiento, un cabello humano tiene un grosor aproximado de 70.000 nanómetros. Algunas de las partículas identificadas por Perseverance son unas 700 veces más pequeñas.

Por qué el polvo marciano podría ser peligroso para los astronautas
El problema no está solamente en la cantidad de polvo que cubre la superficie marciana, sino también en sus características físicas y químicas. Las partículas más pequeñas pueden permanecer suspendidas en el aire durante períodos prolongados y, si ingresan en un hábitat, podrían ser inhaladas por los astronautas.
En la Tierra, se sabe que las partículas finas pueden alcanzar las regiones más profundas de los pulmones y que parte del material particulado puede ingresar al sistema circulatorio. Además, determinadas partículas ultrafinas pueden desplazarse desde la cavidad nasal hacia el cerebro a través del nervio olfativo.
El polvo marciano presenta otro factor de riesgo: su composición química. Está formado principalmente por minerales de silicato y contiene sustancias potencialmente perjudiciales, como percloratos, que pueden alterar la función tiroidea, y compuestos de hierro reactivos capaces de provocar daños celulares.
Sin embargo, el estudio sólo demuestra la existencia de estas partículas y no que el polvo marciano haya causado efectos sobre la salud humana. El riesgo dependerá de factores como la concentración de partículas, el tiempo de exposición y la eficacia de los sistemas de protección que utilicen los astronautas.
Una de las observaciones más relevantes es que las partículas más pequeñas pueden permanecer adheridas a las superficies durante años. Según los investigadores, la electricidad estática parece desempeñar un papel fundamental: los granos de polvo adquieren carga eléctrica durante sus colisiones y se adhieren de manera diferente según el material con el que entran en contacto.
Mientras que las acumulaciones de polvo más grandes pueden desprenderse por las vibraciones y los movimientos del vehículo, las partículas ultrafinas continuaron adheridas a las muestras incluso después de años de desplazamientos y perforaciones sobre la superficie marciana.
La NASA estudia cómo evitar que el polvo ingrese en los hábitats de Marte
Los resultados permitirán seleccionar materiales y recubrimientos que acumulen menos polvo, además de desarrollar procedimientos más efectivos para limpiar los trajes espaciales antes de que los astronautas ingresen en sus módulos habitables.
Entre las alternativas consideradas se encuentran los sistemas suitport, que permiten acceder a los trajes desde el interior del hábitat mientras permanecen sujetos a su estructura exterior, y las esclusas de aire de doble cámara, diseñadas para reducir el ingreso de partículas contaminantes.
La NASA también está desarrollando tecnologías de eliminación electrostática de polvo. En marzo de 2025, una de estas soluciones, denominada Electrodynamic Dust Shield, fue ensayada en la superficie lunar durante la misión Blue Ghost 1 de Firefly Aerospace, utilizando campos eléctricos para desprender partículas de determinadas superficies.
El problema ya había aparecido durante las misiones Apolo, cuando el polvo lunar provocó desgaste en los trajes espaciales, daños en sus sellos y molestias respiratorias entre algunos astronautas. Aunque el polvo de Marte tiende a ser menos abrasivo, sus partículas ultrafinas y su composición química introducen riesgos adicionales.
Con las nuevas mediciones de Perseverance, los científicos disponen de datos obtenidos directamente en Marte para evaluar esos riesgos y desarrollar sistemas de protección. El siguiente desafío será determinar qué niveles de exposición pueden considerarse seguros y cómo impedir que las partículas más pequeñas se acumulen en los espacios donde vivirán los futuros astronautas.
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