El 24 de octubre de 2007, China lanzó Chang’e 1, su primera sonda destinada a orbitar la Luna. La misión debía estudiar la superficie y probar las tecnologías necesarias para llegar a otro cuerpo celeste. Fue el primer paso de un programa que después consiguió alunizar, desplegar vehículos exploradores y traer a la Tierra las primeras muestras de la cara oculta lunar.
El programa lunar chino, aprobado oficialmente en 2004 y bautizado en honor a la diosa china de la Luna, nació con una estrategia de tres etapas: orbitar, alunizar y regresar con muestras. Cada misión debía aportar conocimientos científicos y desarrollar capacidades para la siguiente. China buscaba aprender a navegar y comunicarse a distancias lunares, descender de manera controlada y analizar materiales que permitieran reconstruir la historia del satélite.

¿Cómo fue la primera misión lunar de China?
Chang’e 1 despegó desde el centro espacial de Xichang, impulsada por un cohete Long March 3A, y entró en órbita lunar el 5 de noviembre de 2007. Después de varias maniobras, quedó en una órbita de trabajo a unos 200 kilómetros de altura. Desde allí observó la superficie con cámaras, un altímetro láser e instrumentos para estudiar su composición, el suelo lunar y las partículas del entorno espacial.
Sus datos permitieron elaborar el primer mapa chino de toda la superficie lunar y aportaron información para preparar futuras misiones. También sirvió para comprobar los sistemas de seguimiento y control, con apoyo de estaciones terrestres de la Agencia Espacial Europea (ESA). Tras superar el año de operaciones previsto, la sonda terminó su misión en marzo de 2009 mediante un impacto controlado contra la Luna.
El lanzamiento coincidió con una nueva etapa de exploración internacional. Después de las misiones estadounidenses y soviéticas de la Guerra Fría, otros actores enviaron sus propios orbitadores: Europa con SMART-1, Japón con Kaguya e India con Chandrayaan-1. Estas misiones ampliaron el conocimiento de la superficie, su composición y sus recursos, mientras China comenzaba a construir su propia experiencia lunar.
¿Qué consiguieron las misiones Chang’e 2 a 5?
Chang’e 2, lanzada en 2010, obtuvo imágenes de mayor resolución y examinó posibles zonas de descenso. En diciembre de 2013, Chang’e 3 realizó el primer alunizaje suave de China y desplegó el rover Yutu. Fue también el primer descenso controlado de una nave sobre la Luna desde la misión soviética Luna 24, en 1976.
El siguiente salto llegó el 3 de enero de 2019, cuando Chang’e 4 protagonizó el primer alunizaje de la historia en la cara oculta, acompañada por el rover Yutu-2. Como esa región no tiene comunicación directa con la Tierra, la misión utilizó el satélite retransmisor Queqiao.
En diciembre de 2020, Chang’e 5 completó la tercera etapa del plan original al traer 1,73 kilogramos de muestras: las primeras recuperadas de la Luna en más de cuatro décadas.

¿Por qué Chang’e 6 fue un avance histórico?
La misión más reciente completada, Chang’e 6, despegó el 3 de mayo de 2024 y alunizó el 2 de junio en la cuenca Polo Sur-Aitken, en la cara oculta. Recogió material y lo envió a la órbita lunar mediante un módulo de ascenso. Allí lo transfirió a la nave encargada de llevarlo a la Tierra, con comunicaciones apoyadas por Queqiao-2.
La cápsula regresó el 25 de junio de 2024 con 1.935,3 gramos de muestras, las primeras obtenidas de esa cara de la Luna. El material permite investigar su evolución geológica y compararla con la de la cara visible, de donde procedían todas las muestras anteriores.

¿En qué estado están Chang’e 7 y Chang’e 8?
Chang’e 7 buscará hielo de agua en el polo sur lunar con un orbitador, un módulo de descenso, un rover y una pequeña sonda capaz de desplazarse mediante saltos propulsados. Esta última está diseñada para investigar zonas permanentemente sombreadas. Su lanzamiento estaba previsto para 2026, pero el 23 de agosto las autoridades anunciaron que no se cumplían las condiciones necesarias y aplazaron la misión, sin comunicar una nueva fecha.
Chang’e 8 está prevista para alrededor de 2029. Además de estudiar el polo sur, probará tecnologías para aprovechar recursos locales y trabajar junto con Chang’e 7. Ambas prepararán el terreno para la futura Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS): una nueva etapa en la que China busca pasar de las expediciones individuales a una infraestructura científica sobre la Luna.
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