El 22 de octubre se cumplen 51 años del aterrizaje de Venera 9 en Venus, una sonda soviética que transmitió las primeras fotografías obtenidas desde la superficie de otro planeta. Después de posarse sobre las rocas venusianas, el módulo de descenso logró operar durante 53 minutos, enviando imágenes y mediciones desde un entorno a temperaturas de 470° y una presión atmosférica 90 veces superior a la terrestre. Las fotografías mostraron un terreno rocoso iluminado por la luz solar que atravesaba las nubes. El resultado permitió incorporar observaciones directas del paisaje a los datos atmosféricos de las misiones anteriores y comprobar que era posible operar instrumentos y cámaras en esas condiciones.
Venus había sido uno de los primeros destinos de la exploración interplanetaria por su cercanía y su tamaño similar al de la Tierra. Sin embargo, su cubierta permanente de nubes impedía observar el suelo con telescopios ópticos.
Los sobrevuelos estadounidenses y las sondas soviéticas fueron revelando una atmósfera dominada por dióxido de carbono, cuyo intenso efecto invernadero mantiene temperaturas superficiales de alrededor de 470 °C. Además, la presión equivale a la que se encuentra a 900 metros de profundidad en los océanos terrestres. Para llegar al terreno, los vehículos debían atravesar esa atmósfera y conservar sus equipos en funcionamiento pese al calor.
El programa soviético Venera incluyó sondas que sobrevolaron Venus, orbitadores y módulos de descenso. Varios intentos fracasaron antes de alcanzar la superficie. Venera 7 logró transmitir mediciones tras aterrizar en diciembre de 1970, y Venera 9 añadió en 1975 las primeras fotografías del terreno venusiano.
El viaje hasta Venus
La misión despegó el 8 de junio de 1975 desde Baikonur, impulsada por un cohete Proton. La nave estaba compuesta por un orbitador y un módulo de descenso, que viajaron unidos durante más de cuatro meses. Se separaron el 20 de octubre, al aproximarse a Venus: el orbitador quedó girando alrededor del planeta, mientras el módulo de descenso continuó hacia la atmósfera y aterrizó dos días después.
El módulo utilizó una cubierta protectora para soportar la entrada atmosférica, paracaídas durante parte de la caída y un sistema de frenado aerodinámico para completar la aproximación al suelo. Una estructura deformable absorbió el impacto. Sus instrumentos estaban protegidos dentro de un compartimento resistente a la presión, con aislamiento y un sistema de control térmico que retrasaba el calentamiento. Además, el equipo había sido enfriado antes del descenso.
La nave principal permaneció en órbita y retransmitió las señales hacia la Tierra. El módulo llevaba dos cámaras para obtener un panorama completo, pero una tapa protectora no se desprendió: solo pudo registrar la mitad de los 360 grados previstos.
La imagen en blanco y negro se obtuvo desde unos 90 centímetros de altura y mostró numerosas rocas angulosas, algunas de entre 30 y 40 centímetros, parcialmente enterradas en material más fino. También aparecía una parte del propio vehículo. La iluminación resultó comparable a la de un día nublado terrestre, suficiente para fotografiar sin depender de un paisaje directamente iluminado por el Sol.
Esas observaciones permitieron estudiar la forma y distribución de las piedras y relacionarlas con las mediciones del entorno, aunque representaban un único lugar de Venus.
Tres días después, Venera 10 aterrizó en otra zona y transmitió nuevas imágenes. El programa continuó con vehículos de mayor duración y capacidad científica. En marzo de 1982, Venera 13 obtuvo las primeras fotografías en color desde la superficie, analizó material del suelo y transmitió durante 127 minutos.
Un paso más en la historia de la exploración venusiana
Las misiones posteriores ampliaron la exploración mediante observaciones locales y estudios desde órbita.
Pioneer Venus investigó la atmósfera en 1978; Venera 15 y 16 cartografiaron parte del planeta con radar en 1983 y 1984. Magellan, que llegó en 1990, extendió esa cobertura hasta aproximadamente el 98% de la superficie. El radar permitió atravesar las nubes con ondas de radio y reconstruir montañas, llanuras y estructuras volcánicas a partir de sus ecos, complementando las fotografías tomadas en el suelo. Más adelante, Venus Express estudió la atmósfera y su circulación entre 2006 y 2014.
Entre los proyectos actuales, DAVINCI, de la NASA, prevé medir la composición atmosférica durante un descenso y obtener imágenes infrarrojas de las tierras altas de Alpha Regio. Esas observaciones buscarán explicar cómo un planeta de tamaño semejante al terrestre evolucionó hacia condiciones tan diferentes.
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