Este 20 de octubre se cumplen seis años desde que la nave OSIRIS-REx de la NASA recogió rocas y polvo del asteroide Bennu, una operación que permitió estudiar en laboratorios terrestres materiales del comienzo del Sistema Solar. La cápsula con las muestras llegó a la Tierra el 24 de septiembre de 2023 y entregó 121,6 gramos, más del doble del mínimo previsto. Desde entonces, los análisis identificaron aminoácidos, componentes de los ácidos nucleicos, azúcares y minerales formados por la evaporación de aguas saladas. Los resultados permiten reconstruir cómo se formaron y conservaron sustancias que pudieron contribuir al origen de la vida terrestre.
Bennu es un asteroide rico en carbono, de unos 500 metros de diámetro, que gira alrededor del Sol en una órbita que se aproxima a la de la Tierra. Se formó por la acumulación de fragmentos de un asteroide más grande, destruido por colisiones. Esos fragmentos conservan minerales y compuestos de las primeras etapas del Sistema Solar, que permiten estudiar cómo eran los materiales con los que se formaron los planetas. En la Tierra, gran parte de ese registro fue transformado por el calor, la actividad volcánica y el movimiento de las placas tectónicas.
La NASA lanzó OSIRIS-REx en 2016 y, después de 2 años de viaje, la nave llegó al asteroide en 2018 y cartografió su superficie para elegir un lugar de recolección. La maniobra se realizó utilizando Nightingale, un brazo robótico de 3,35 metros acercó un cabezal al terreno e inyectó nitrógeno gaseoso para levantar partículas y atraparlas. La nave se retiró después del contacto y guardó el material en una cápsula.
A diferencia de los meteoritos recuperados en la Tierra, estas muestras pudieron protegerse de la exposición ambiental no controlada, una ventaja decisiva para estudiar moléculas frágiles y descartar contaminación biológica.
¿Qué revelaron las muestras?
Los análisis de las muestras se publicaron en enero de 2025, e identificaron en las rocas 14 de los 20 aminoácidos utilizados por los organismos terrestres para fabricar proteínas. También encontraron las cinco bases nitrogenadas presentes en el ADN y el ARN: adenina, guanina, citosina, timina y uracilo. Estas sustancias son piezas de las moléculas que almacenan y transmiten información genética. Sin embargo, su presencia aislada no significa que se hayan encontrado genes ni organismos. Las muestras contenían además abundante amoníaco, un compuesto que puede intervenir en reacciones de formación de moléculas orgánicas.
En diciembre de ese año, otro estudio anunció la detección de ribosa, el azúcar que integra la estructura del ARN, y glucosa, utilizada como fuente de energía por numerosos seres vivos. Junto con los fosfatos encontrados previamente, la ribosa completa el conjunto de ingredientes básicos necesarios para construir ARN. No obstante, todavía falta explicar cómo pudieron ensamblarse y dar lugar a sistemas capaces de reproducirse.
Los minerales aportaron información sobre el ambiente donde ocurrió parte de esa química. Un estudio publicado en la revista Nature identificó una secuencia de sales que se forman cuando el agua se evapora y los compuestos disueltos cristalizan. Esas huellas corresponden al cuerpo progenitor de Bennu, donde el agua líquida reaccionó con las rocas durante las primeras etapas del Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años.
Otros trabajos encontraron un material orgánico semejante a una goma endurecida, rico en nitrógeno y oxígeno, cuya formación habría comenzado antes de una alteración extensa por agua. También identificaron granos de polvo anteriores al nacimiento del Sol, algunos originados en explosiones de supernovas.
La colección conserva así registros de distintas etapas: materiales heredados de estrellas anteriores, reacciones químicas tempranas y transformaciones posteriores dentro del cuerpo original.
Los nuevos estudios de 2026
Los estudios de 2026 ampliaron esa reconstrucción. Un trabajo de febrero comparó los aminoácidos de Bennu con los del meteorito Murchison, una roca espacial que cayó en Australia en 1969. Al analizar sus isótopos, que son variantes de un mismo elemento con distinta masa, los investigadores encontraron diferencias que sugieren que esas moléculas se formaron mediante procesos químicos distintos.
En septiembre, un equipo de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en Suiza, propuso que el asteroide del que proviene Bennu se formó cerca del límite donde las temperaturas permitían que el agua se congelara, dentro del disco de gas y polvo que rodeaba al Sol joven, mientras Júpiter todavía crecía.
Estos resultados ayudan a reconstruir de dónde procedían sus materiales y cómo se mezclaron. La investigación continúa con equipos internacionales, mientras la NASA mantiene al menos el 70% de las muestras reservado para estudios posteriores, que podrán utilizar instrumentos y métodos todavía no disponibles.
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