4 satélites militares rusos “persiguieron” a un satélite europeo que entrega imágenes a Ucrania

Imagen de radar de una base naval obtenida por ICEYE, utilizada como ejemplo de sus capacidades de observación. Crédito: ICEYE.

Imagen de radar de una base naval obtenida por ICEYE, utilizada como ejemplo de sus capacidades de observación. Crédito: ICEYE.

Cuatro satélites militares rusos realizaron maniobras de aproximación a un satélite de la empresa finlandesa ICEYE, que proporciona imágenes para apoyar las operaciones de Ucrania. El episodio ocurrió en mayo de 2026 e involucró a los ejemplares Cosmos 2610, 2611, 2612 y 2613 del Kremlin. Michael Traut, jefe del Comando Espacial alemán, describió sus movimientos como una “persecución”. ICEYE confirmó que el satélite hostigado pertenecía a su flota y que, después de modificar su trayectoria, registró nuevas maniobras rusas.

Representación de un satélite de observación de la finlandesa ICEYE, observando la Tierra desde la órbita terrestre con radar. Crédito: ICEYE.

El interés por estos satélites de observación está relacionado con su capacidad para obtener información del terreno y apoyar decisiones militares estratégicas.

ICEYE mantiene una cooperación con Ucrania desde 2022. En agosto de ese año, un acuerdo con la fundación Serhiy Prytula permitió al gobierno ucraniano utilizar las capacidades de un satélite ya desplegado, operado por la empresa, y acceder a imágenes de otros integrantes de su constelación. Ese acceso permite observar repetidamente lugares de interés, en lugar de depender del paso de un único equipo.

En enero de 2026, ICEYE anunció otro acuerdo con un cliente del Ministerio de Defensa ucraniano para ampliar el suministro de imágenes de alta resolución. Según la compañía, el objetivo es ofrecer información con suficiente rapidez para reconocer cambios sobre el terreno y apoyar a las Fuerzas Armadas en sus decisiones operativas.

¿Qué hicieron los satélites rusos?

Las maniobras de «persecución» rusas consistieron en modificar la orientación de sus órbitas nominales.

Un análisis independiente de la firma de defensa Integrity ISR identificó al satélite ICEYE-X36 y señaló que, entre el 14 y el 20 de mayo, los cuatro Cosmos, que orbitan a unos 547 kilómetros de altura, modificaron la inclinación de sus órbitas. Pasaron de 97° a 97,8°, un cambio que los situó prácticamente en el mismo plano orbital que el ejemplar de ICEYE.

Esta condición que facilita posteriores aproximaciones: es el primer paso que tiene que hacer un satélite cuando quiere hacer una maniobra de acercamiento a otro ejemplar. Al mismo tiempo, sin embargo, compartir ese plano no confirma necesariamente una intención de ataque.

El satélite «perseguido» utiliza radar de apertura sintética (SAR) para observar la Tierra desde el espacio. Este instrumento no usa una cámara óptica para tomar fotografías de la Tierra, sino que emite pulsos de microondas que «rebotan» en la superficie y regresan al satélite. Como las ondas «rebotan» distinto según la condición superficial (si se trata de tierra, agua o vegetación), el registro de los ecos permite formar imágenes que describen el territorio y todo lo que hay sobre él.

Una de las ventajas de los satélites radar respecto de los satélites ópticos convencionales es que, como forman sus imágenes a partir de la emisión y recepción de ondas, pueden observar de día, de noche o en cualquier condición climática. Como no toman fotografías de la Tierra, no necesitan de la luz del día para trabajar, y tampoco se ven afectados por la existencia de nubes o humo, ya que las ondas emitidas los atraviesan.

Además, este ejemplar en particular trabaja con distintos modos de captura que permiten priorizar áreas extensas o sectores más pequeños con mayor detalle, según la información que se necesite obtener.

La preocupación de Michael Traut también alcanza a Starlink, la red de comunicaciones de SpaceX.

El jefe del Comando Espacial alemán planteó un escenario hipotético: si los satélites rusos están cambiando de órbita, alguno de ellos podría entrar en una trayectoria utilizada por la constelación satelital de SpaceX, producir un choque y fragmentarse, generando basura espacial y obligando a otros equipos a realizar maniobras para evitar los restos. Según su evaluación, el consumo de propelente para realizar estos movimientos podría reducir la vida útil de los satélites y afectar el servicio.

En el caso particular de Starlink, la red dispone de un sistema automático de prevención de colisiones que utiliza predicciones de las trayectorias para decidir cambios de órbita. La precisión de esos datos y la coordinación entre operadores son esenciales para gestionar aproximaciones peligrosas, especialmente cuando alguno de los objetos carece de capacidad para maniobrar.

Europa mira atenta al espacio

El episodio coincide con el desarrollo de capacidades europeas para vigilar y proteger infraestructura espacial. Alemania incorpora radares, telescopios y cooperación internacional para identificar objetos, evaluar movimientos y detectar amenazas contra sus sistemas. Su Comando Espacial, creado en 2021, participa en la planificación de operaciones y en la protección de servicios utilizados por las Fuerzas Armadas. La Bundeswehr también vincula ese trabajo con el programa europeo de vigilancia y seguimiento espacial y con la futura constelación de comunicaciones IRIS².

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