Esta semana, China dio otro paso en el desarrollo de su industria privada de cohetes: el PALLAS-1 concretó su debut orbital. Se trata de un lanzador de combustible líquido desarrollado por la empresa Galactic Energy y diseñado para que, en un futuro, se pueda recuperar y reutilizar su primera etapa. El cohete despegó desde la zona comercial de Dongfeng, junto al Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, y colocó correctamente su carga útil en órbita. Aunque en esta primera misión todavía no se intentó recuperar la primera etapa, el vuelo permitió validar por primera vez en condiciones reales la arquitectura del PALLAS, sobre la que la compañía pretende construir uno de sus principales cohetes reutilizables.
El lanzamiento también representó un cambio importante para Galactic Energy. La empresa privada, fundada en Pekín en 2018, hasta ahora había construido buena parte de su experiencia alrededor del pequeño cohete sólido Ceres-1. Ese lanzador realizó su primer vuelo orbital en 2020 y posteriormente permitió a la compañía establecer una cadencia regular de lanzamientos comerciales.
El PALLAS-1 lleva ahora a Galactic Energy hacia una categoría mucho más exigente, la de los lanzadores pesados, líquidos y pensados para ser reutilizables. Uno de sus objetivos principales será colocar satélites en órbita y participar en el despliegue de las grandes constelaciones que China proyecta para los próximos años.
Características técnicas y capacidades del PALLAS-1
El nuevo cohete mide 52 metros de altura, tiene un diámetro central de 3,35 metros y una masa de unas 283 toneladas al despegue. Puede transportar entre 5 y 7 toneladas hacia órbita terrestre baja (LEO) y admite además una etapa superior opcional para ampliar los perfiles de misión.
Su primera etapa utiliza siete motores CQ-50, desarrollados por Galactic Energy, que queman queroseno y oxígeno líquido. Cada motor pertenece a la clase de 50 toneladas de empuje y utiliza un inyector tipo pintle, mientras que distintas partes de su fabricación recurren a impresión 3D para reducir costos y simplificar componentes. En conjunto, los siete motores producen unas 350 toneladas-fuerza al despegue.
La parte más importante del diseño está, sin embargo, en lo que PALLAS-1 pretende hacer después de lanzar su carga. Los motores CQ-50 pueden regularse entre aproximadamente el 32% y el 105% de su empuje nominal y encenderse varias veces, dos capacidades necesarias para controlar el descenso de una primera etapa reutilizable. El vehículo también incorpora sistemas de guiado para recuperación vertical y una arquitectura de siete motores que aporta redundancia: según Galactic Energy, incluso ante la pérdida de una unidad, los seis restantes pueden mantener determinadas fases de la misión.
La empresa diseñó la primera etapa para realizar hasta 25 vuelos. Sin embargo, esa capacidad todavía deberá demostrarse en operaciones reales. El debut de septiembre terminó después de colocar la carga en órbita y no incluyó un intento de aterrizaje.
PALLAS-1 todavía no es un lanzador reutilizable operacional, pero aparece en un momento en que varias compañías chinas están intentando resolver precisamente esa tecnología.
China, un nuevo competidor en la carrera por la reutilización
En agosto, LandSpace consiguió recuperar por primera vez la primera etapa de su Zhuque-3, un lanzador de metano y oxígeno líquido capaz de colocar hasta 14,2 toneladas en LEO. Fue un hito especialmente relevante porque llevó a una empresa privada china a demostrar una maniobra que durante años estuvo prácticamente dominada por SpaceX y, en menor medida, Blue Origin.
Al mismo tiempo, compañías como Deep Blue Aerospace, CAS Space, iSpace, Space Pioneer y otras desarrollan sus propios vehículos recuperables.
El desafío para China ya no es simplemente demostrar que puede construir cohetes modernos, sino convertir la reutilización en una herramienta industrial. En 2025 el país alcanzó un récord de 90 lanzamientos exitosos, pero necesitó una gran diversidad de familias de cohetes y continuó por detrás de Estados Unidos en masa colocada en órbita y capacidad para desplegar rápidamente grandes constelaciones. Recuperar una etapa una vez es un logro técnico, pero reutilizarla repetidamente, reducir los tiempos entre vuelos y mantener una alta confiabilidad es lo que finalmente puede cambiar la economía de los lanzamientos.
Tal vez te interese: China logró recuperar su segundo cohete: el Zhuque-3 de la empresa privada LandSpace
