Reino Unido lanzó Project PANOPTES para desarrollar sistemas C-UAS y armas láser para defenderse de ataques masivos de drones

El Reino Unido lanzó Project PANOPTES, una iniciativa que busca desarrollar un sistema de defensa para detectar y neutralizar ataques masivos de drones antes de que alcancen tropas, vehículos o instalaciones militares. El programa fue presentado por UK Defence Innovation (UKDI), el organismo del Ministerio de Defensa británico encargado de impulsar nuevas tecnologías de defensa y seguridad. La idea es desarrollar una capacidad C-UAS (Counter-Uncrewed Aerial System) que pueda montarse sobre vehículos del Ejército y opere con un alto grado de autonomía. Si bien la convocatoria no se limitó a una única tecnología, las armas láser de energía dirigida serían una de las soluciones de mayor interés.

EE.UU. ya está empleando el Army Multi-Purpose High Energy Laser (AMP-HEL), un láser de alta energía, para derribar drones en operaciones reales en la frontera con México.

El proyecto responde a uno de los ejes más importantes de la guerra moderna, el uso drones baratos de forma individual o enjambres para realizar reconocimiento, atacar posiciones o saturar las defensas de una fuerza militar. Si bien estos vehículos se pueden interceptar con misiles convencionales, eso resulta muy poco conveniente en términos económicos y logísticos: los drones son baratos y fáciles de hacer, pero los misiles son muy costosos y están asociados a una cadena productiva muy compleja. Además, cada lanzador dispone de una cantidad limitada de munición.

En ese contexto, el Ministerio de Defensa británico identifica como problemas actuales el alto costo por interceptación, la limitada cantidad de municiones disponibles, la necesidad de operadores y la dificultad para responder rápidamente a amenazas que evolucionan constantemente.

¿Cuál es la idea general del programa?

La idea de PANOPTES es integrar toda la cadena de defensa antidrones dentro de un mismo sistema: detectar, seguir, identificar, decidir y finalmente neutralizar el objetivo. Para ello, el programa debe combinar, por un lado, sensores para localizar pequeños drones, sistemas de seguimiento, procesamiento y clasificación de blancos. Y, por el otro, un efector, encargado de derribar o inutilizar las amenazas. Estos componentes, además, deben estar vinculados mediante una arquitectura de comando y control.

El Ministerio de Defensa quiere que el conjunto pueda funcionar de forma autónoma, utilice una arquitectura abierta que permita incorporar nuevas tecnologías, tenga un diseño modular y aproveche la energía generada por el propio vehículo sobre el que se encuentre instalado.

El objetivo inicial es la defensa ante los denominados UAS Clase 1, una categoría que incluye drones pequeños. Sin embargo, el requerimiento contempla ataques individuales, repetidos, secuenciales y simultáneos, para evitar que una gran cantidad de blancos consiga saturar la defensa.

DragonFire y el rol de los láseres de alta energía

Dentro de ese concepto, los láseres de alta energía aparecen como una alternativa atractiva. En lugar de lanzar un proyectil o un misil, estos sistemas concentran un haz de luz de alta potencia sobre el dron durante el tiempo suficiente para dañar su estructura, sensores o componentes críticos. El disparo se desplaza a la velocidad de la luz y, mientras exista energía disponible y el sistema pueda gestionar el calor generado, no depende de un depósito físico de misiles para cada interceptación. Esa característica puede cambiar considerablemente la economía de la defensa antidrones.

El Reino Unido ya demostró esta tecnología con DragonFire, un láser desarrollado por Dstl junto con MBDA, Leonardo y QinetiQ. Este sistema ya consiguió destruir objetivos aéreos en ensayos, y su costo operativo está estimado en alrededor de 10 libras por disparo. Sin embargo, su alcance permanece clasificado y, como cualquier arma láser, necesita mantener línea de visión sobre el objetivo.

El Reino Unido ya viene probando tengología de defensa antidrones con DragonFire, un láser desarrollado por Dstl junto con MBDA, Leon

PANOPTES, sin embargo, no es simplemente una versión terrestre de DragonFire ni significa que el Reino Unido ya haya seleccionado un nuevo láser. La convocatoria está abierta a tecnologías diferentes siempre que puedan resolver el problema planteado, aunque el Ministerio reconoce que tiene un interés particular en propuestas centradas en armas de energía dirigida.

La futura solución deberá instalarse inicialmente sobre un vehículo tripulado del Ejército, pero el programa exige además contemplar su posterior integración en un vehículo terrestre no tripulado (UGV) y su conexión con las futuras redes británicas de defensa aérea terrestre. Esto abre la posibilidad de desplegar nodos móviles capaces de acompañar a las tropas, vigilar automáticamente el espacio aéreo cercano y responder a amenazas sin depender exclusivamente de sistemas de defensa antiaérea tradicionales.

La primera fase dispone de hasta 5 millones de libras y no pretende entregar inmediatamente un sistema operacional. Las empresas británicas deberán presentar inicialmente sus conceptos y planes de desarrollo; los proyectos seleccionados avanzarán luego hacia propuestas más detalladas y trabajos de demostración, modelado y ensayo durante un período previsto de hasta seis meses. El Ministerio busca posteriormente convertir las soluciones más prometedoras en productos mínimos viables, después en capacidades desplegables y finalmente, si demuestran utilidad operacional, incorporarlas a un programa permanente. La intención oficial es acelerar tecnologías que puedan comenzar a llegar a operaciones en menos de dos años.

Una transformación más amplia de las Fuerzas Armadas británicas

Londres anunció anteriormente inversiones de 4.000 millones de libras en sistemas autónomos y cerca de 1.000 millones en armas de energía dirigida. En paralelo, DragonFire tiene previsto comenzar a instalarse en destructores Type 45 de la Royal Navy desde 2027.

PANOPTES lleva ahora esa lógica hacia las fuerzas terrestres y hacia una amenaza mucho más numerosa: pequeños drones que pueden producirse y emplearse en masa. El desafío ya no consiste únicamente en demostrar que un láser puede derribar un aparato, sino en construir un sistema móvil capaz de encontrar, priorizar y neutralizar múltiples amenazas a un costo suficientemente bajo como para sostener una defensa prolongada.

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