China volvió a conseguir una nueva hazaña de su historia espacial, con la recuperación de su segundo cohete orbital, el Zhuque-3 de la empresa privada LandSpace. El primero fue el Long March 10B, que el 10 de julio realizó una recuperación marítima mediante una red instalada sobre una plataforma. Ahora, el vuelo Zhuque-3 Y2 completó un descenso propulsivo y aterrizó en tierra, de forma vertical sobre sus propias patas. Los dos métodos persiguen el mismo objetivo: recuperar la parte más grande y costosa del lanzador para poder utilizarla nuevamente. Sin embargo, resuelven de manera diferente el contacto final con la superficie, uno de los momentos más complejos de la operación.
La reutilización se convirtió en uno de los principales objetivos de la industria espacial, porque los cohete convencional son extremadamente costosos y tardan mucho tiempo en fabricarse. En cada vuelo, descartan etapas completas con motores, tanques, aviónica y estructuras después de unos pocos minutos de funcionamiento. Recuperar la primera etapa permite, en principio, repartir su costo de fabricación entre varios vuelos.
Sin embargo, traer un booster de regreso a la Tierra requiere reservar propelente, incorporar sistemas de guiado y control, mejorar los materiales, soportar las cargas del reingreso y reducir su velocidad hasta prácticamente cero. El desafío puede dividirse en dos partes: llevar la etapa con precisión hasta el lugar de recuperación y, una vez allí, conseguir que llegue intacta al suelo o a una plataforma.
Long March 10B: detener el cohete con una red
Con el Long March 10B, China probó una solución particular: el booster regresó a la tierra de manera controlada y desciende hacia una plataforma marítima, pero no aterrizó sobre patas. El vehículo realizó un retorno propulsivo, utilizando sus motores para controlar y reducir la velocidad durante la fase final, pero cambió la maniobra que usan SpaceX y Blue Origin en los últimos metros.
En lugar de llevar un tren de aterrizaje que absorbe el contacto y mantiene de pie a la estructura, la etapa descendió sobre una gran red de amortiguación instalada en el buque Navigator. La parte superior del booster se sujetó de la red mediante un sistema de ganchos, y el sistema recibió al vehículo y absorbió la energía residual del descenso.
La ventaja conceptual es importante, puesto que un tren de aterrizaje para un cohete orbital debe ser resistente, desplegable y suficientemente ancho para mantener estable una estructura extremadamente alta y estrecha. Todo eso agrega masa al vehículo, y cada kilogramo incorporado al booster puede afectar su capacidad para transportar carga útil. Trasladar parte del sistema de absorción y soporte desde el cohete hacia la infraestructura de recuperación permite reducir algunos de esos elementos a bordo.
El costo de esta modificación, por su parte, es una mayor dependencia de infraestructura externa. El cohete debe alcanzar con gran precisión una zona de captura limitada y el sistema marítimo tiene que estar disponible y correctamente posicionado. Además, la red introduce sus propios desafíos estructurales y operativos, puesto que debe absorber la energía restante sin generar cargas capaces de dañar una etapa que, justamente, se pretende volver a utilizar.
Zhuque-3: llevar el sistema de aterrizaje en el propio cohete
LandSpace tomó otro camino con el Zhuque-3. En la misión Y2, el lanzador colocó su carga en órbita y posteriormente recuperó su primera etapa a unos 390 kilómetros del punto de lanzamiento. Fue el segundo intento de recuperación de LandSpace, después del fallido descenso de la misión Y1 de diciembre de 2025, y convirtió a la compañía en la primera empresa privada china en aterrizar una etapa de clase orbital.
En este caso, tras separarse de la segunda etapa, el vector modifica su orientación y comienza el retorno. Durante el descenso controla su trayectoria, atraviesa nuevamente la atmósfera y utiliza superficies aerodinámicas para realizar correcciones. Cerca de la superficie vuelve a utilizar sus motores para efectuar el frenado final.
Antes del contacto se despliegan las patas de aterrizaje, que forman una base alrededor de la parte inferior del vehículo. Los motores reducen la velocidad vertical y las patas absorben las cargas residuales y mantienen estable la etapa una vez que el empuje se apaga. El booster termina así de pie, sin necesidad de que una estructura externa lo capture.
De esta manera, tanto el Long March 10B como el Zhuque-3 (y todos los lanzadores recuperables), vuelven a la tierra y realizan un aterrizaje propulsivo mediante un reencendido de motores. Esto puesto que todos necesitan controlar activamente el regreso y efectuar un frenado propulsivo. Lo que cambia es la interfaz final de recuperación.
¿Es el mismo sistema que utiliza SpaceX?
Conceptualmente, el sistema del Zhuque-3 pertenece a la misma familia de recuperación que utiliza hace años el Falcon 9 de SpaceX.
La compañía de Elon Musk demostró por primera vez el aterrizaje terrestre de una primera etapa orbital en diciembre de 2015. Desde 2017, convirtió el procedimiento en una operación rutinaria. Actualmente los Falcon 9 pueden aterrizar tanto en tierra como sobre plataformas marítimas autónomas ubicadas cientos de kilómetros mar adentro.
De esta forma, la diferencia principal entre el Falcon 9 y el Zhuque-3 no es el principio de recuperación, sino su madurez operativa. SpaceX lleva más de una década perfeccionando el sistema y ha reutilizado determinados boosters decenas de veces. En junio de 2026, por ejemplo, uno de sus Falcon 9 realizó su vuelo número 35.
LandSpace acaba de demostrar el aterrizaje del Zhuque-3 y ahora deberá demostrar el paso decisivo: inspeccionar esa etapa, reacondicionarla y lanzarla nuevamente. La compañía apunta a reutilizar sus boosters hasta 20 veces y pretende volver a volar la etapa recuperada en un plazo de seis meses.
Blue Origin utiliza el mismo principio, pero con un vehículo mucho mayor
El New Glenn de Blue Origin también emplea aterrizaje vertical propulsivo sobre una plataforma marítima. Después de la separación, su primera etapa modifica su trayectoria y desciende autónomamente hacia el buque Jacklyn, situado en el Atlántico. Durante la fase final realiza un encendido de aterrizaje y se posa verticalmente sobre su tren de aterrizaje.
Blue Origin consiguió recuperar por primera vez el enorme booster durante la misión NG-2 de noviembre de 2025 y volvió a ejecutar el procedimiento posteriormente.
El principio es, nuevamente, muy parecido al utilizado por el Zhuque-3, la principal diferencia está en la escala y en la arquitectura particular de cada lanzador. New Glenn utiliza siete motores BE-4 alimentados con metano y oxígeno líquido en su primera etapa y fue diseñado desde el comienzo para múltiples reutilizaciones. Blue Origin plantea hasta 25 usos con reacondicionamiento reducido.
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