Australia sigue avanzando con su nuevo caza autónomo MQ-28A Ghost Bat: el Gobierno invertirá US$ 1.000 millones para convertirlo en una capacidad operativa de combate. El avance del programa llega luego de una serie de ensayos en vuelo exitosos: el caza ya logró localiza y derribar un blanco aéreo con un misil AIM-120 durante pruebas de vuelo. La práctica, que reunió al avión no tripulado con un E-7A Wedgetail y un F/A-18F Super Hornet de la Real Fuerza Aérea Australiana, coloca al programa entre los desarrollos de aeronaves de combate colaborativas más avanzados del mundo.
El ensayo que confirmó la viabilidad del programa se realizó en diciembre de 2025. El lanzamiento fue contra un Phoenix Jet, un blanco aéreo no tripulado con características similares a las de un avión de combate.
Durante la misión, el F/A-18F aportó información sobre el objetivo, mientras que el E-7A, una aeronave de alerta temprana equipada con un gran radar, coordinó la operación. El MQ-28 procesó los datos, maniobró y lanzó el misil de alcance medio AIM-120 AMRAAM, destruyendo al blanco. La operación se realizó con autonomía, pero la autorización final para disparar continuó bajo control humano.
Características y capacidades
El Ghost Bat es un avión de combate no tripulado, que está desarrollado por Boeing Australia junto con la Real Fuerza Aérea Australiana. Mide 11,7 metros de largo, 7,3 metros de envergadura y 2 metros de altura. Puede alcanzar velocidades transónicas de hasta Mach 0,9, superar los 12.200 metros y recorrer más de 3.700 kilómetros. Su peso máximo de despegue llega a los 5.440 kilogramos.
Estas prestaciones lo diferencian de los drones lentos de vigilancia, y le permiten mantenerse cerca de cazas y otras aeronaves militares durante misiones de largo alcance.
El MQ-28 es esencialmente un Collaborative Combat Aircraft (CCA), de baja observabilidad, autonomía y una sección frontal intercambiable. Si bien no es completamente invisible, su geometría y la integración del motor dentro del fuselaje reducen la firma radar que captan los sensores enemigos. En 2026, Boeing realizó ensayos para medir su sección radar desde diferentes ángulos y validar su capacidad para operar en espacios aéreos hostiles.
La aeronave también utiliza una arquitectura abierta. Esto permite integrar equipos y sistemas desarrollados por terceros sin modificar todo el sistema, además de que le confiere independencia al programa para poder trabajar con distintos proveedores.
Uno de sus rasgos más importantes es la nariz modular e intercambiable, que puede reemplazarse para adaptar el avión a distintas misiones. Las distintas alternativas pueden sumar sensores electroópticos, radares, equipos de vigilancia, sistemas de guerra electrónica u otras cargas útiles. De esta forma, no se requiere una versión diferente de la aeronave para cada tarea, sino que el operador puede modificar el paquete de misión y conservar el resto del vehículo.
Por el momento, Boeing no publicó los sensores ni configuraciones disponibles. Tampoco detalló cómo transportará armamento.
En lo que respecta a su autonomía, el MQ-28 puede operar de forma independiente y no necesita que una persona controle sus superficies de vuelo desde tierra. Puede despegar, navegar, mantener una formación, responder a instrucciones generales y ejecutar partes de la misión mediante software. Sin embargo, trabaja dentro de límites establecidos por operadores humanos y se integra a una cadena de mando en la que las decisiones sobre el uso de la fuerza deben autorizarse por personas. La autonomía limita la dependencia de un piloto o tripulación, pero para abrir fuego debe dar el visto bueno un humano.
Ensayos y demostraciones
Antes de la prueba de diciembre, el programa había completado una serie progresiva de demostraciones. En junio de 2025, dos MQ-28 reales y una tercera aeronave simulada participaron en una misión contra un objetivo aéreo, todos coordinados desde un E-7A Wedgetail en vuelo. Los vehículos intercambiaron información, formaron un equipo y ejecutaron tareas distribuidas.
En septiembre, Boeing y la Fuerza Aérea australiana informaron que el sistema había demostrado las primeras etapas de la cadena de combate: encontrar un objetivo, identificar su posición, seguirlo y aportar datos para atacarlo.
Durante 2025, el Ghost Bat también empezó a operar fuera de sus zonas habituales de prueba: Australia lo desplegó en la Base Tindal, en el norte del país, para evaluar su funcionamiento en un entorno más exigente.
Más recientemente, en 2026, completó sus primeros vuelos internacionales en espacio aéreo aliado durante pruebas en el campo naval de Point Mugu, en California. Durante esa campaña trabajó junto a medios estadounidenses y permitió evaluar su adaptación a operaciones en el Pacífico, una región región amplia para aprovechar sus 3.700 kilómetros de alcance.
Los comienzos del programa y su dimensión industrial
El programa comenzó bajo el nombre Loyal Wingman, con un primer prototipo presentado en 2020 y un vuelo inaugural en 2021. En 2022, el vehículo recibió el nombre Ghost Bat, inspirado en un murciélago australiano que caza utilizando varios sentidos y coopera con otros ejemplares. Además, es el primer avión militar de combate diseñado y fabricado en Australia en más de medio siglo.
En paralelo, el proyecto tiene una dimensión industrial importante, puesto que más del 70% de la fabricación estará dirigida por empresas australianas. Para ello, Boeing desarrolló una línea de producción local, con la que fabricará los aviones y sus componentes.
La inversión de Australia está destinada a completar el desarrollo, ampliar la flota y llevar el sistema desde la experimentación hasta una capacidad operativa para las Fuerzas Armadas nacionales. Además, según Boeing, el avión está diseñado con un costo proyectado de una décima parte de una plataforma tripulada de ese mismo tipo.
De esta forma, Australia concibe al MQ-28 como un multiplicador de fuerza. Puede volar por delante de una formación para buscar amenazas, extender la cobertura de los sensores de un E-7A, acompañar cazas como el F-35A y el F/A-18F, ejecutar guerra electrónica o transportar armas sin exponer directamente a una tripulación. También obliga a un adversario a dedicar radares, misiles y aviones a una cantidad mayor de objetivos, mientras las plataformas tripuladas permanecen más alejadas de las zonas de mayor peligro.
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