La NASA lleva 61 años investigando Marte mediante sondas, orbitadores, módulos de aterrizaje, rovers y hasta un pequeño helicóptero. Desde que la sonda Mariner 4 obtuvo las primeras fotografías del planeta en julio de 1965, cada nueva misión permitió reconstruir una parte de su historia. Luego de tantos años de exploración, se puedo concluir que Marte no siempre fue el mundo frío, seco y estéril que se observa actualmente, sino que tuvo ríos, lagos, deltas, aguas subterráneas y ambientes que, al menos durante algunos períodos, reunieron condiciones adecuadas para la vida microbiana.
Mariner 4
El primer gran descubrimiento llegó con la sonda Mariner 4, que pasó a 9.800 km de Marte en 1965 y transmitió 21 fotografías de Marte. Aunque cubrían una porción limitada de la superficie, mostraron un terreno antiguo y cubierto de cráteres, mucho más parecido a la Luna de lo que esperaban algunos científicos de la época.
La misión también midió una presión atmosférica extremadamente baja y temperaturas superficiales de –100 °C en la región observada. Estos datos descartaron las antiguas ideas sobre una civilización marciana avanzada y mostraron que cualquier módulo de aterrizaje necesitaría utilizar retrocohetes, porque un paracaídas por sí solo no podría frenarlo dentro de una atmósfera tan tenue.
Mariner 9
En 1971, la sonda Mariner 9 se convirtió en la primera nave que entró en órbita alrededor de otro planeta. Cuando llegó, una tormenta global de polvo ocultaba casi toda la superficie marciana. A medida que la atmósfera se despejó, sus cámaras descubrieron un mundo muy diferente al fotografiado por Mariner 4.
La misión identificó alrededor de 20 grandes volcanes, entre ellos Olympus Mons, que tiene una base de 600 km de diámetro y una altura de 22 km, contra los casi 8 km del Monte Everest. También reveló Valles Marineris, un sistema de cañones de más de 4.000 km de longitud, hasta 200 km de ancho y más de siete km de profundidad en algunos sectores.
Mariner 9 fotografió además canales, cauces secos, dunas, casquetes polares y terrenos que habían sido modificados por procesos internos y superficiales.
Con 7.329 imágenes, la sonda cartografió el 85% de Marte. Su descubrimiento más importante fue la demostración de que el planeta había tenido una actividad geológica intensa. Marte ya no podía entenderse como un cuerpo inactivo y uniformemente craterizado.
Viking
Viking 1 y Viking 2 fueron las dos primeras misiones en aterrizar en la superficie de Marte, en 1976, con dos orbitadores y dos módulos de aterrizaje. Los orbitadores fotografiaron el 97% de la superficie, mientras que los landers enviaron miles de imágenes, analizaron la composición del suelo y registraron durante años la presión, la temperatura y los vientos. También fueron las primeras misiones que estudiaron Marte durante un período prolongado desde su superficie.
Cada módulo llevaba tres experimentos biológicos para detectar posibles procesos metabólicos en microorganismos. Algunos resultados mostraron reacciones químicas, pero el conjunto de los experimentos no permitió demostrar que fueran producidas por vida. Los científicos concluyeron que el suelo podía contener sustancias muy reactivas, generadas o modificadas por la intensa radiación ultravioleta, capaces de producir respuestas parecidas a las biológicas.
Pathfinder y Sojourner
La sonda Mars Pathfinder aterrizó en Ares Vallis en 1997 y desplegó a Sojourner, el primer rover que funcionó sobre otro planeta. La región fue seleccionada porque parecía haber sido atravesada por inundaciones gigantescas. Las imágenes mostraron rocas y bloques distribuidos de una manera compatible con corrientes de gran energía.
Entre los hallazgos aparecieron guijarros redondeados y rocas formadas por fragmentos que habían sido transportados, desgastados y unidos por otro material. En la Tierra, esas formas suelen producirse cuando el agua mueve piedras durante períodos prolongados. Pathfinder también encontró una diversidad química mayor de la esperada y reunió millones de mediciones meteorológicas.
Mars Global Surveyor
El orbitador Mars Global Surveyor comenzó a estudiar Marte en 1997 y produjo uno de los relevamientos más completos realizados hasta ese momento. Sus imágenes permitieron identificar capas sedimentarias, antiguos deltas, barrancos, depósitos asociados con flujos y cambios producidos entre una observación y otra. También registró nuevos cráteres de impacto y desplazamientos de bloques y sedimentos.
La nave determinó que Marte no posee actualmente un campo magnético global como el de la Tierra. Sin embargo, detectó regiones de la corteza que conservan magnetismo residual, una especie de registro geológico de un campo existente durante las primeras etapas del planeta.
La misión también cartografió el relieve, estudió la gravedad y obtuvo vistas tridimensionales del casquete polar norte. Estos datos permitieron reconstruir cuencas, volcanes, redes de drenaje y estructuras que no podían comprenderse únicamente mediante fotografías.
Mars Odyssey
El orbitador Mars Odyssey entró en órbita en 2001 y realizó mapas globales de elementos químicos y minerales. Uno de sus instrumentos midió neutrones y rayos gamma producidos cuando la radiación cósmica interactúa con el suelo. La presencia de hidrógeno modifica esas partículas, por lo que sus concentraciones pueden utilizarse para localizar agua.
Los resultados revelaron grandes cantidades de hielo enterrado a poca profundidad, especialmente en las regiones polares. En algunos lugares, el material rico en hielo se encuentra apenas por debajo de una capa superficial seca. El descubrimiento confirmó que el agua marciana no había desaparecido por completo, sino que una parte continúa almacenada en el subsuelo y en los casquetes polares.
Odyssey también midió el ambiente de radiación alrededor de Marte, una información necesaria para calcular los riesgos que enfrentarían los astronautas. La nave se convirtió además en un enlace de comunicaciones para otras misiones de superficie.
Spirit y Opportunity
Los rovers Spirit y Opportunity aterrizaron en lados opuestos de Marte en enero de 2004. Su objetivo era estudiar rocas y suelos para determinar si habían sido modificados por agua. Ambos encontraron evidencias, pero las condiciones registradas en cada región fueron diferentes.
Opportunity halló pequeñas esferas ricas en hematita, conocidas como “arándanos”, que se formaron cuando minerales disueltos en agua precipitaron dentro de los sedimentos. También encontró sulfatos y rocas creadas en ambientes húmedos, salinos y ácidos. Más adelante, en el borde del cráter Endeavour, identificó vetas de yeso y minerales de arcilla vinculados con aguas menos ácidas y potencialmente más favorables para la vida.
Spirit descubrió sílice casi pura, minerales alterados por agua caliente y rocas con abundantes carbonatos. Estos materiales indicaban que algunas zonas habían estado en contacto con agua relativamente neutra y que posiblemente existieron sistemas hidrotermales alimentados por calor volcánico. En la Tierra, esos ambientes pueden proporcionar energía y nutrientes a comunidades microbianas.
Los dos rovers demostraron que no hubo una única etapa acuática. Marte atravesó ambientes con distinta temperatura, acidez, salinidad y duración, algunos hostiles y otros considerablemente más habitables.
Mars Reconnaissance Orbiter
El orbitador Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) llegó en 2006 con cámaras, espectrómetros y un radar capaz de estudiar parte del subsuelo. Su cámara HiRISE puede distinguir objetos de tamaño comparable con una mesa, lo que permite observar capas, dunas, deslizamientos, cráteres recientes y los propios vehículos enviados a la superficie.
Los instrumentos de la misión cartografiaron minerales que se forman o se transforman en presencia de agua. También estudiaron antiguos depósitos lacustres, deltas, sedimentos estratificados y reservas de hielo enterrado. En lugar de mostrar solamente dónde hubo agua, estos datos ayudaron a determinar qué clase de agua existió y cómo fueron cambiando las condiciones ambientales.
El orbitador también observa diariamente la atmósfera, las tormentas de polvo, las nubes y los cambios estacionales. Sus mapas de alta resolución fueron fundamentales para elegir los sitios de aterrizaje de Phoenix, Curiosity, InSight y Perseverance.
Phoenix
El lander Phoenix aterrizó cerca del polo norte en 2008. Su brazo robótico excavó zanjas y dejó expuesto un material blanco que comenzó a desaparecer durante los días siguientes. El comportamiento era compatible con hielo sublimado, es decir, que pasaba directamente de sólido a vapor dentro de la tenue atmósfera marciana. El laboratorio de la nave calentó muestras y confirmó directamente la presencia de agua.
La misión detectó además percloratos, sales que reducen la temperatura de congelación del agua y pueden utilizadarse como fuente de energía por algunos microorganismos terrestres. También encontró un suelo ligeramente alcalino, carbonato de calcio y evidencias de interacción entre el terreno y pequeñas cantidades de agua.
Phoenix observó nubes, niebla y nieve cayendo desde la atmósfera. La nieve no llegó a acumularse como una nevada terrestre, pero mostró que el agua continúa circulando entre el suelo y el aire en el Marte moderno.
Curiosity
El rover Curiosity aterrizó en el cráter Gale en agosto de 2012. En sus primeros meses encontró piedras redondeadas y depósitos que formaban parte de un antiguo cauce. Después perforó una roca sedimentaria llamada Sheepbed y descubrió arcillas, azufre, nitrógeno, carbono, oxígeno y fósforo, elementos y compuestos necesarios para organismos conocidos.
La composición indicaba que el agua había tenido una salinidad moderada y un nivel de acidez cercano a la neutralidad. No era un ambiente extremadamente ácido como algunos de los estudiados por Opportunity. La NASA concluyó que el lugar había reunido condiciones físicas y químicas capaces de sostener microorganismos, aunque el rover no estaba diseñado para buscar fósiles o células de manera directa.
Mientras avanzaba hacia el monte Sharp, Curiosity atravesó más de 300 metros verticales de rocas sedimentarias depositadas en lagos, ríos y deltas. Las capas indican que el agua apareció repetidamente y que algunos sistemas lacustres pudieron persistir durante cientos de miles o incluso millones de años. Marte habría mantenido ambientes habitables durante períodos mucho más prolongados de lo que sugerían las primeras imágenes.
Moléculas orgánicas cada vez más complejas
El laboratorio SAM de Curiosity calienta muestras de roca y analiza los gases liberados mediante instrumentos que separan e identifican moléculas. En sedimentos antiguos, detectó compuestos orgánicos conservados durante millones de años. Una molécula orgánica contiene carbono y puede participar en procesos biológicos, pero también puede formarse mediante reacciones geológicas o llegar dentro de meteoritos. Por eso, encontrarla no equivale a encontrar vida.
En 2025, los científicos informaron la identificación de decano, undecano y dodecano, cadenas compuestas por diez, once y doce átomos de carbono. Son las moléculas orgánicas más grandes detectadas hasta ahora directamente en Marte y podrían ser fragmentos de ácidos grasos. Los ácidos grasos participan en sistemas biológicos terrestres, pero también pueden producirse sin intervención de organismos.
En 2026, un nuevo análisis de la muestra Mary Anning 3 reveló 21 moléculas con carbono, siete de ellas nunca observadas anteriormente en Marte. Entre los compuestos apareció una estructura cíclica con nitrógeno relacionada con una clase de sustancias que, en la química terrestre, puede intervenir como precursora de componentes del ARN y del ADN.
Curiosity también detectó metano en la atmósfera y variaciones de su concentración según la estación. En la Tierra, el metano puede ser producido por seres vivos, pero también por interacciones entre agua y roca.
MAVEN
El orbitador MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution) llegó a Marte en 2014 para estudiar la atmósfera superior y su interacción con el Sol. La misión mostró que el viento solar, formado por partículas cargadas emitidas por la estrella, puede arrancar átomos y moléculas de la atmósfera marciana. El proceso fue especialmente importante después de que el planeta perdiera su campo magnético global.
Sin una protección magnética suficiente, las partículas solares y la radiación fueron erosionando el aire durante millones de años. Al disminuir la presión atmosférica, el agua líquida dejó de ser estable en la superficie. Una parte se congeló, otra quedó atrapada en minerales y otra escapó al espacio después de que sus moléculas se separaran en hidrógeno y oxígeno.
En 2025, MAVEN permitió observar directamente un mecanismo llamado pulverización atmosférica o sputtering. En este proceso, partículas energéticas golpean la atmósfera y expulsan otras partículas al espacio.
La misión también comprobó que las tormentas globales de polvo pueden elevar vapor de agua hasta regiones altas de la atmósfera, donde la radiación solar facilita su destrucción y escape. Este mecanismo ayuda a explicar cómo un planeta con ríos y lagos pudo convertirse en el desierto actual.
Mars InSight
El lander Mars InSight aterrizó en 2018 con el objetivo de estudiar el interior de Marte. Su sismómetro detectó más de 1.300 eventos sísmicos, conocidos como marsquakes. El más intenso, registrado en mayo de 2022, alcanzó una magnitud de 5 y permitió estudiar ondas que atravesaron grandes regiones del planeta.
Los datos indicaron que la corteza situada bajo el módulo tenía entre 25 y 40 km de espesor y estaba dividida en varias capas. También mostraron un núcleo líquido de alrededor de 1.800 km de radio y una litosfera rígida de 500 km de espesor. Estas mediciones permitieron comparar la evolución interna de Marte con la de la Tierra y la Luna.
InSight detectó además ondas sísmicas producidas por impactos de meteoritos. Uno de esos impactos excavó material y dejó hielo expuesto a una latitud más cercana al ecuador de lo que se había confirmado anteriormente. El hallazgo es importante para reconstruir el clima, pero también para identificar posibles recursos destinados a futuras tripulaciones.
Perseverance
El rover Perseverance aterrizó en el cráter Jezero en febrero de 2021. Las imágenes orbitales indicaban que allí había existido un lago alimentado por un río, cuyo sedimento formó un delta. El rover confirmó que el agua atravesó distintas etapas. Hubo un lago estable, depósitos finos capaces de conservar materia orgánica y episodios posteriores de inundaciones más violentas que transportaron grandes rocas.
El suelo del cráter resultó ser más complejo de lo esperado. Perseverance encontró rocas ígneas formadas por lava o magma y evidencias de que después fueron alteradas por agua. En otras zonas estudió areniscas, lutitas y sedimentos depositados en el antiguo lago. Esta combinación permite determinar edades geológicas y reconstruir los cambios ambientales de Jezero.
El rover perfora núcleos cilíndricos y los guarda en tubos metálicos sellados. Cada muestra está acompañada por información sobre su ubicación, estructura y composición. El objetivo es recuperar las muestras a la Tierra en el futuro, porque ninguna nave enviada a Marte puede llevar todos los microscopios, espectrómetros y laboratorios necesarios para buscar señales débiles de vida antigua con resultados concluyentes.
Cheyava Falls e Ingenuity
Una de las muestras más importantes se extrajo en 2024 de la roca Cheyava Falls, dentro de un antiguo cauce. La muestra, denominada Sapphire Canyon, contiene carbono orgánico, fósforo, azufre y pequeñas manchas rodeadas por bordes oscuros, conocidas como “manchas de leopardo”. En esas zonas aparecen minerales de hierro que pueden formarse mediante reacciones capaces de proporcionar energía a microorganismos.
En 2025, después de una revisión científica, la NASA presentó estas características como posibles biofirmas. Sin embargo, eso no quiere decir necesariamente que tengan origen biológico. El calor, las reacciones químicas entre minerales y agua u otros mecanismos todavía podrían haber producido las mismas señales. Para establecer su origen sería necesario estudiar la muestra con instrumentos terrestres.
Por otro lado, Perseverance transportó también al helicóptero Ingenuity, concebido inicialmente como una demostración tecnológica. En abril de 2021 realizó el primer vuelo motorizado y controlado en otro planeta. Volar en Marte es especialmente difícil porque su atmósfera tiene una densidad muy baja, por lo que las hélices deben girar a gran velocidad para generar sustentación.
Ingenuity realizó decenas de vuelos y demostró que vehículos aéreos pequeños pueden explorar terrenos inaccesibles, reconocer rutas para rovers y observar regiones amplias con mayor detalle que un orbitador.
MOXIE
Otro experimento de Perseverance, MOXIE (Experimento de Utilización de Recursos In Situ de Oxígeno en Marte), produjo oxígeno a partir del dióxido de carbono de la atmósfera. El dispositivo absorbía aire marciano, separaba electroquímicamente los átomos de oxígeno y liberaba monóxido de carbono como residuo. En 16 pruebas generó un total de 122 gramos de oxígeno y alcanzó una producción máxima de 12 gramos por hora.
La cantidad fue pequeña, pero demostró que es posible utilizar recursos locales. Una planta de mayor escala podría producir oxígeno respirable y, principalmente, oxidante para el combustible de un cohete. Transportar desde la Tierra todo el oxígeno necesario para despegar de Marte exigiría una masa enorme, por lo que esta tecnología es fundamental para futuras misiones humanas.
Un antiguo planeta con más agua de la que parecía posible
Las mediciones atmosféricas y geológicas permitieron estimar cuánta agua tuvo Marte. Un estudio de la NASA concluyó que hace unos 4.300 millones de años pudo existir suficiente agua para cubrir todo el planeta con una capa de 137 metros. Esa agua habría estado concentrada principalmente en las tierras bajas del hemisferio norte, donde podría haber formado un océano con profundidades superiores a 1,6 km en algunas regiones.
No toda esa agua estuvo presente al mismo tiempo ni permaneció en estado líquido de manera continua. Marte atravesó cambios climáticos, episodios volcánicos, impactos y variaciones orbitales. Los cauces, deltas, minerales y sedimentos indican que el agua reapareció en distintos lugares y momentos, desde grandes sistemas superficiales hasta corrientes subterráneas y salmueras temporales.
Qué sabe la NASA y qué continúa sin respuesta
Después de 61 años, la NASA ha demostrado que Marte tuvo una atmósfera más densa, agua superficial abundante y distintos ambientes potencialmente habitables. También confirmó la existencia de hielo actual, moléculas orgánicas, actividad sísmica, un núcleo líquido, erosión atmosférica, química oxidante en el suelo y ciclos modernos de agua, polvo y dióxido de carbono. Sus misiones mostraron además que la habitabilidad no fue uniforme. Algunos lugares tuvieron aguas ácidas y salinas, mientras que otros conservaron lagos relativamente neutros durante períodos prolongados.
Lo que todavía no se ha demostrado es que Marte haya tenido vida. Tampoco se conoce el origen exacto del metano detectado por Curiosity, cuánto tiempo permanecieron habitables los distintos ambientes ni qué proporción de las moléculas orgánicas se formó en el planeta o llegó mediante meteoritos. Las posibles biofirmas observadas por Perseverance son objetivos científicos prioritarios, no una confirmación.
Seis décadas de exploración después, es posible afirmar que Marte dejó de ser un planeta donde la vida parecía imposible y pasó a ser un mundo donde su posible existencia pasada puede investigarse mediante rocas, minerales, moléculas y muestras concretas.
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