La sonda Juno de NASA midió por primera vez la temperatura debajo de la superficie de Ío, la extraña luna de Júpiter

Imagen de la sonda Juno observando el entorno de Júpiter.

Imagen de la sonda Juno observando el entorno de Júpiter.

La misión Juno de la NASA ha logrado registrar las primeras mediciones de temperatura debajo de la superficie de Ío, la luna joviana conocida por su extrema actividad volcánica. Mediante los datos recopilados durante dos sobrevuelos cercanos a unos 1.500 kilómetros de distancia, los instrumentos de la nave revelaron un gradiente térmico subterráneo significativo y demostraron que la mayor parte del terreno llano de Ío presenta una densidad sorprendentemente baja, similar a la ceniza volcánica o la piedra pómez.

La región del polo norte de la luna volcánica Io de Júpiter fue capturada por Juno de la NASA durante el 57º acercamiento de la nave espacial al gigante gaseoso el 30 de diciembre de 2023. Crédito: NASA.

Mecanismos de calentamiento por marea y gradiente térmico

El motor que impulsa el vulcanismo en Ío es el calentamiento por marea, un fenómeno provocado por la inmensa atracción gravitatoria de Júpiter y la interacción con otras lunas galileanas. A medida que recorre su órbita elíptica, Ío sufre deformaciones mecánicas constantes que generan una gran cantidad de calor interno. Hasta el momento, las observaciones en la banda del infrarrojo solo permitían evaluar la temperatura de la capa superior de la corteza, pero los nuevos datos permiten mapear cómo fluye ese calor desde el interior hacia el exterior.

Los registros captados por el instrumento MWR (Microwave Radiometer) mostraron que la temperatura aumenta más de 40 grados Fahrenheit (unos 22 grados Celsius) a tan solo unos metros de profundidad. Los investigadores del Jet Propulsion Laboratory (JPL) y del Southwest Research Institute (SwRI) plantean dos hipótesis principales para explicar este comportamiento: un flujo de calor conductivo continuo a través de la corteza o la presencia de coladas de lava en enfriamiento cubiertas por una capa solidificada de unos 9 a 11 metros de espesor.

Innovación técnica del radiómetro de microondas MWR

Diseñado originalmente para examinar la atmósfera profunda y la estructura de las nubes de Júpiter, el instrumento MWR cuenta con seis antenas independientes que operan en un amplio rango de longitudes de onda (desde 1,3 hasta 51 centímetros). Cada longitud de onda penetra a una profundidad diferente, lo que permitió atravesar la capa rocosa de Ío e investigar desde unos pocos centímetros hasta varios metros bajo la superficie.

Esta capacidad de prospección remota en cuerpos rocosos representa un avance inédito para la geofísica planetaria, ya que la técnica solo se había probado antes en superficies heladas como las de Ganímedes y Europa. De acuerdo con los equipos de la NASA, los hallazgos en Ío no solo ayudan a comprender cómo se distribuye la energía en mundos lejanos, sino que también ofrecen un nuevo marco metodológico para estudiar el comportamiento subterráneo de los volcanes en la Tierra.

Imagen de la sonda Juno.

Propiedades físicas y topografía de las llanuras jovianas

Además de los datos térmicos, los pasos cercanos realizados a finales de 2023 y principios de 2024 permitieron analizar la reflectividad de las microondas en la superficie a distintos ángulos. A pesar de albergar imponentes estructuras montañosas, las lecturas confirman la presencia de extensas llanuras lisas que se prolongan por más de 100 kilómetros de longitud.

El comportamiento de la señal reflejada indica que el material de la superficie no equivale a roca sólida densa. Por el contrario, la corteza exterior en estas planicies exhibe una estructura porosa y ligera, comparable a la textura de la ceniza volcánica o la piedra pómez, lo que aporta valiosos datos sobre la dinámica de depositación de los materiales expulsados por las erupciones en Ío.

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