El 18 de julio de 1966, hace 60 años, Estados Unidos lanzó Gemini X, una misión tripulada que puso a prueba algunas de las operaciones más complejas necesarias para llegar a la Luna. John W. Young y Michael Collins despegaron desde Cabo Kennedy a bordo de una cápsula Gemini impulsada por un cohete Titan II. Durante casi tres días debían ensayar maniobras de aproximación y acoplamiento con otros vehículos en órbita, realizar actividades extravehiculares y completar una serie de experimentos. El vuelo buscaba validar parte de las maniobras que iban a ser necesarias en la conquista de la Luna.

Gemini fue el programa intermedio entre Mercury, que había permitido a Estados Unidos enviar sus primeros astronautas al espacio, y Apolo, creado para concretar el alunizaje. Antes de intentar una expedición lunar, la NASA necesitaba aprender a mantener seres humanos varios días en órbita, modificar trayectorias, reunir dos vehículos, acoplarlos y permitir que los astronautas trabajaran fuera de la cabina.
Estas capacidades eran indispensables para el perfil de misión de Apolo, porque el módulo lunar debía separarse de la nave principal, descender a la superficie y luego volver a encontrarse con ella en órbita lunar. Gemini X fue el octavo vuelo tripulado del programa y uno de los más exigentes, porque reunió varias de esas tareas en una única misión y agregó el desafío de visitar un objetivo que ya llevaba meses en el espacio.
El despegue y los primeros encuentros
La operación comenzó con dos lanzamientos coordinados. Primero despegó desde el Complejo 14 un cohete Atlas-Agena que colocó en órbita al vehículo objetivo Agena X. Unos 90 minutos después, Young y Collins partieron desde el Complejo 19.

La cápsula Gemini ingresó inicialmente en una órbita elíptica más baja y, mediante sucesivas maniobras, redujo la distancia con el Agena hasta completar el acoplamiento menos de seis horas después del lanzamiento. Una vez unidos, los astronautas encendieron el motor principal del Agena, de unos 71 kilonewtons de empuje, y utilizaron el vehículo objetivo como etapa propulsiva del conjunto. La maniobra elevó el apogeo, el punto más alto de la órbita, hasta aproximadamente 764 kilómetros y estableció un récord de altitud para un vuelo espacial tripulado.
Un segundo encendido modificó nuevamente la trayectoria para preparar el encuentro con el Agena utilizado meses antes por Gemini VIII. El procedimiento mostraba que una nave acoplada no solo podía servir como objetivo pasivo, sino también aportar la energía necesaria para realizar cambios orbitales importantes.

Las actividades extravehiculares
La misión también incluyó dos caminatas espaciales de Michael Collins. En la primera, el 19 de julio, abrió la escotilla y permaneció parcialmente fuera de la cápsula durante 49 minutos para efectuar observaciones y fotografías, entre ellas un estudio de radiación ultravioleta estelar. La actividad terminó antes de lo previsto por una sustancia irritante que afectó los ojos y la garganta de los tripulantes.
Al día siguiente, después de permanecer acoplados al Agena X durante unas 39 horas, Young y Collins se separaron y utilizaron los pequeños propulsores de la Gemini para aproximarse al Agena VIII, que estaba inactivo y no podía colaborar con la maniobra. Young mantuvo la cápsula a pocos metros del objetivo mientras Collins salió sujeto por un cable de seguridad, se desplazó hasta el otro vehículo y recuperó un paquete de experimentos que había permanecido expuesto al ambiente espacial. La ausencia de apoyos adecuados dificultó su estabilidad y lo obligó a utilizar una unidad manual que expulsaba gas para controlar el movimiento. La salida fue reducida a 39 minutos debido al consumo de combustible necesario para que Young mantuviera ambas naves en posición.
Una misión clave en el camino de la NASA hacia la Luna
Gemini X amerizó en el Atlántico occidental el 21 de julio, después de casi 3 días de vuelo, cerca del buque de recuperación USS Guadalcanal. La misión cumplió sus objetivos y demostró que una tripulación podía acoplarse, cambiar de órbita utilizando la propulsión de otro vehículo, aproximarse a un segundo objetivo sin cooperación activa y realizar tareas fuera de la nave. También dejó lecciones sobre las dificultades físicas del trabajo extravehicular, que exigieron mejores sujeciones, procedimientos y métodos de entrenamiento en las misiones siguientes.
Su legado quedó unido además a las trayectorias de sus astronautas. Young participó más tarde en Apolo 10, caminó sobre la Luna con Apolo 16 y comandó el primer vuelo del transbordador espacial. Collins, por su parte, pilotó el módulo de mando de Apolo 11, que llevó al hombre por primera vez a la Luna. Las operaciones en órbita terrestre formaron parte directa de la experiencia que, tres años después, permitió ejecutar el primer alunizaje tripulado.
Tal vez te interese: El astronauta estadounidense que salió por primera vez al vacío y ayudó a preparar el camino hacia la era Apolo












