Según Lai Ching-te, Taiwán debe asumir una mayor responsabilidad dentro de la defensa colectiva y fortalecer su capacidad para disuadir una posible agresión. Así lo afirmó el presidente de la isla durante una visita a uno de los principales centros estatales de desarrollo militar de la isla. El mandatario pidió al Parlamento de Taiwán que apruebe un nuevo paquete de inversión destinado a drones de vigilancia, ataque costero y operaciones marítimas. La propuesta forma parte de una estrategia más amplia para modernizar las Fuerzas Armadas taiwanesas y reducir su dependencia de sistemas convencionales costosos y difíciles de reemplazar.
La encrucijada de la isla
El Gobierno de la isla considera que la presión militar de China se volvió más intensa y que Taiwán necesita demostrar una mayor capacidad para proteger su territorio, mantener la estabilidad en el estrecho y contribuir a la seguridad del Indo-Pacífico. Por su parte, Pekín considera a la isla parte de su territorio y no descarta utilizar la fuerza para tomar el control, mientras que las autoridades taiwanesas rechazan esa posición.
En ese contexto, Lai sostuvo que el país debe responder a los pedidos internacionales para aumentar el gasto militar y participar con mayor firmeza en la defensa regional. Estados Unidos, principal proveedor de armas y principal respaldo político de Taiwán, apoya esta orientación. La nueva iniciativa contempla una inversión de US$ 6.500 millones hasta finales de 2031.
Los fondos se utilizarían para adquirir y desarrollar distintos tipos de vehículos no tripulados. Entre ellos, drones de vigilancia, capaces de observar movimientos militares y transmitir información en tiempo real; drones de ataque costero, pensados para enfrentar barcos o fuerzas que se aproximen a la isla; y pequeñas plataformas de superficie, diseñadas para operar en el mar sin tripulación. Estos sistemas pueden cumplir misiones de reconocimiento, seguimiento, ataque, interferencia electrónica o apoyo a otras unidades.
La estrategia responde al concepto de defensa asimétrica: en lugar de competir directamente con China mediante grandes cantidades de barcos, aviones o vehículos blindados, Taiwán busca desplegar numerosos sistemas más pequeños, móviles y relativamente baratos. Una red distribuida de drones puede dificultar las operaciones de una fuerza invasora, vigilar zonas costeras, detectar desembarcos y atacar blancos específicos. También puede seguir funcionando aunque parte de la infraestructura militar sea destruida, porque los equipos pueden dispersarse, ocultarse y operar desde distintos puntos. Esta lógica intenta elevar el costo de cualquier ofensiva y reducir la posibilidad de que China obtenga una victoria rápida.
Las lecciones aprendidas en la guerra moderna
Lai relacionó esta política con las lecciones obtenidas en conflictos recientes, como la guerra entre Rusia y Ucrania, que mostró que los drones pueden localizar tropas, corregir el fuego de artillería, atacar vehículos y vigilar amplias zonas con un costo menor que el de muchas plataformas tradicionales. También demostraron que la cantidad, la velocidad de fabricación y la capacidad de modificar los equipos son factores decisivos.
En este contexto, el presidente taiwanés afirmó que los drones se convirtieron en algunos de los recursos más importantes del campo de batalla moderno y que la isla debe acelerar su incorporación. La aprobación del programa, sin embargo, depende de un Parlamento controlado por partidos opositores.
En mayo, los legisladores aprobaron solo dos tercios de un paquete extraordinario de defensa de 1,25 billones de dólares taiwaneses solicitado por Lai. Además, asignaron fondos únicamente a la compra de armamento estadounidense y dejaron fuera parte de las inversiones destinadas a otros sistemas. Los partidos de oposición también presentaron sus propios proyectos para financiar drones, por lo que existe acuerdo sobre la necesidad de fortalecer esta capacidad, aunque persisten diferencias sobre el presupuesto, las prioridades y el control del gasto.
La dimensión industrial de la propuesta
Estados Unidos presiona desde hace tiempo para que Taiwán aumente su inversión militar y adquiera sistemas adecuados para resistir un bloqueo o una invasión. Un representante estadounidense en la isla sostuvo recientemente que Taiwán necesita crear un “nido de avispones” compuesto por grandes cantidades de drones capaces de complicar cualquier operación enemiga.
Para el Gobierno taiwanés, la inversión también tiene una dimensión industrial, en vista de que el desarrollo local de drones permitiría ampliar la producción nacional, reducir la dependencia de proveedores extranjeros y crear una cadena de empresas especializadas en sensores, comunicaciones, motores, inteligencia artificial y sistemas de control.
Lai pidió que el oficialismo y la oposición apoyen una política común que combine seguridad nacional y crecimiento tecnológico. La decisión final determinará hasta qué punto Taiwán puede convertir la producción masiva de sistemas no tripulados en uno de los ejes centrales de su defensa.
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