Argentina tiene hoy cuatro satélites operativos propios: dos de telecomunicaciones y dos de observación de la Tierra. Estos orbitadores trabajan desde el espacio para conectar zonas remotas, transmitir señales, monitorear el territorio y generar información útil para la producción, la gestión de emergencias y el ambiente.
Los dos satélites de comunicaciones son ARSAT-1 y ARSAT-2, ubicados en órbita geoestacionaria. Desde allí brindan cobertura sobre Argentina y buena parte del continente americano, permitiendo servicios de televisión, datos, internet y comunicaciones en lugares donde la infraestructura terrestre no siempre llega. Su importancia no está solo en lo que hacen, sino en que fueron diseñados, fabricados y ensayados en el país, desarrollados por la empresa argentina INVAP, y operados por la nacional ARSAT. Ambos se lanzaron al espacio mediante cohetes europeos.
La otra mitad de esta capacidad está formada por los SAOCOM 1A y 1B, satélites argentinos de observación terrestre, también desarrollados por INVAP para la agencia espacial argentina CONAE. A diferencia de una cámara óptica tradicional, utilizan radar de apertura sintética (SAR) en banda L, una tecnología que permite observar la superficie incluso de noche o con nubosidad. Esa información sirve para medir humedad del suelo, seguir cultivos, evaluar inundaciones, estudiar bosques y aportar datos para la gestión de riesgos.
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