China atraviesa en 2026 una de las etapas más intensas de su historia espacial. En menos de seis meses, el país ya acumula 44 lanzamientos orbitales, una cifra que confirma el crecimiento acelerado de su capacidad para colocar satélites, probar nuevos vehículos y sostener una agenda espacial cada vez más ambiciosa.
La columna vertebral del programa sigue siendo la familia estatal Long March, utilizada para misiones científicas, militares, comerciales y de infraestructura orbital. Sin embargo, el dato más relevante es que el ecosistema chino ya no depende únicamente de los grandes actores estatales. Empresas y desarrollos comerciales como Kinetica, Jielong, Kuaizhou, Ceres o Zhuque empiezan a ocupar un lugar cada vez más visible dentro del calendario de lanzamientos.
Uno de los casos más importantes del año fue el debut del Long March 12B, un nuevo cohete comercial reutilizable desarrollado bajo la órbita de CASC. El vehículo realizó su primer vuelo el 1 de junio y puso en órbita satélites para la constelación Qianfan, uno de los proyectos chinos que busca competir con redes globales como Starlink. Aunque en esta misión no se intentó recuperar la primera etapa, China ya anticipó que esa prueba llegará en futuros vuelos.
El avance es crucial, puesto que la reutilización es una pieza clave para abaratar lanzamientos y aumentar la frecuencia de acceso al espacio. En paralelo, compañías como LandSpace también empujan esa frontera con el Zhuque-3. Así, China no solo lanza más, sino que está construyendo un ecosistema capaz de disputar el futuro del mercado espacial.
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