La energía nuclear en el espacio: por qué la NASA y China quieren reactores en la Luna y cómo funciona la tecnología

La energía nuclear en el espacio: por qué la NASA y China quieren reactores en la Luna y cómo funciona la tecnología.

La energía nuclear en el espacio: por qué la NASA y China quieren reactores en la Luna y cómo funciona la tecnología.

En la nueva gran carrera lunar no se disputa quién logra llegar primero, sino quien consigue quedarse. Pero, para establecer una presencia sostenida en la Luna, las grandes potencias ya no solo piensan en cohetes y módulos de aterrizaje: también piensan en la infraestructura energética. En ese escenario, la energía nuclear aparece como la mejor idea para alimentar bases, laboratorios, vehículos y sistemas de comunicación durante misiones largas, incluso cuando el Sol no esté disponible.

El interés por la energía nuclear espacial creció en los últimos años porque las futuras bases lunares no podrán depender únicamente de paneles solares. La Luna tarda unos 29,5 días terrestres en dar una vuelta completa, lo que implica que un día en la luna dura unos 14 días terrestres, y lo mismo ocurre para las noches. Esto significa que, según la región, una base en la Luna podría quedar sometida a 14 días sin recibir la luz del Sol. Además, en las regiones polares hay zonas con iluminación irregular, que quedan en sombra permanentes y bajo temperaturas extremas, muy parecido a lo que pasa en los polos de la Tierra. Justamente allí, en los polos de la Luna, se concentra la mayor parte de agua en forma de hielo, un recurso clave para sostener astronautas y producir oxígeno respirable y combustible para cohetes. La disputa energética, entonces, se volvió también una disputa geopolítica: quien logre asentarse en los polos lunares y generar electricidad de forma estable tendrá más margen para operar y sobrevivir en la superficie lunar.

Imagen conceptual de Kilopower, una de las iniciativas de la NASA para generar energía nuclear en la Luna. Crédito: NASA.

Los esfuerzos de Estados Unidos y China

NASA trabaja con el Departamento de Energía de Estados Unidos en sistemas de potencia por fisión para la superficie lunar. El concepto inicial apuntaba a reactores de unos 40 kilovatios eléctricos, capaces de operar durante años sin recarga. Más recientemente, la agencia elevó la ambición hacia sistemas de al menos 100 kilovatios, con conversión de energía mediante ciclo Brayton cerrado.

La idea del reactor es que parte núcleos de uranio para producir calor. Ese calor se transfiere a un sistema de conversión que mueve una turbomáquina o motor térmico y genera electricidad. No es una central terrestre en miniatura, sino un microreactor diseñado para ser compacto, autónomo, resistente al lanzamiento y capaz de trabajar en vacío, polvo lunar y frío extremo.

China, por su parte, analiza junto con Rusia la posibilidad de incorporar una planta nuclear a la International Lunar Research Station (ILSR), la base lunar que ambas potencias proyectan para la década de 2030. La idea fue presentada en el contexto de los planes chinos para Chang’e-8, misión prevista como paso previo a una infraestructura permanente. Beijing apunta a llevar astronautas a la Luna alrededor de 2030, mientras que la estación lunar internacional liderada por China y Rusia tendría su “modelo básico” hacia 2035. En ese esquema, la energía nuclear conviviría con paneles solares, redes de cables, sistemas térmicos y equipos robóticos.

Uno de los requerimientos más importantes de la generación energética en la Luna es la continuidad. Un panel solar funciona muy bien cuando recibe luz, pero necesita almacenamiento masivo para alimantar instalaciones cuando está a la sombra. Las baterías suman peso, se degradan y no siempre alcanzan para sostener una base como las que se establecerán en la Luna, con hábitats, telecomunicaciones, minería experimental, procesamiento de regolito, extracción de agua y recarga de vehículos. Un reactor de fisión, en cambio, puede entregar potencia constante durante años.

Imagen conceptual del asentamiento ILRS de China y Rusia en la Luna.

Los RTG y la sospecha por la energía nuclear en el espacio

Cuando se habla de energía nuclear en el espacio, se la suele asociar con dos ideas erróneas. Por un lado, se suele confundir a los reactores nucleares espaciales con los generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG). Los RTG usan el calor natural de la desintegración radiactiva, por ejemplo de plutonio-238, y ya se utilizaron en misiones como Apolo, Voyager, Curiosity o Perseverance. Son muy confiables, pero entregan potencias mucho menores. Un reactor de fisión, en cambio, mantiene una reacción nuclear controlada y puede escalar a decenas o cientos de kilovatios. Para dimensionar la escala, los RTG permiten mantener vivo el instrumento de una sonda, mientras la energía nuclear permite operar una base completa.

Por otro lado, cualquier concepto asociado a la palabra “nuclear” en el espacio despierta sospechas inmediatas. Sin embargo, estos proyectos no son armas nucleares ni reactores pensados para explotar. El riesgo real está en el diseño, el lanzamiento, el transporte del combustible, la seguridad radiológica y la operación autónoma lejos de la Tierra, no en usos militares ni fines no pacíficos. Si bien ni el diseño ni la logística están resueltos, por los riesgos naturales asociados, estos proyectos probablemente se desarrollaran para permanecer apagados durante el lanzamiento y activarse recién cuando estén ubicados en destino. Aun así, cualquier accidente con material nuclear tendría impacto político, ambiental y diplomático.

Sea como sea, la nueva carrera espacial ya está en marcha y las potencias están haciendo grandes esfuerzos por lograr una presencia sostenida en la Luna. En esta nueva etapa lunar, nuestro satélite natural dejó de ser solo un destino científico y empieza a parecerse a una plataforma de infraestructura. Por eso, la pregunta ya no es si habrá energía nuclear en el espacio, sino qué características tendrá y quién la desplegará primero, bajo qué reglas y con qué nivel de transparencia. La electricidad será el recurso que defina cuánto tiempo puede permanecer una misión, qué tan lejos puede moverse un rover y qué tan compleja puede ser una base. En la nueva carrera lunar, el reactor puede ser el corazón industrial de la primera economía fuera de la Tierra.

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