El Sistema Solar no está formado solo por planetas, lunas, asteroides y cometas. También existen los planetas enanos, mundos que orbitan el Sol y son lo bastante grandes como para tener forma casi esférica, pero que cumplen con uno de los requisitos para ser planeta: no lograron limpiar su órbita de otros objetos cercanos.
Actualmente, se reconocen cinco planetas enanos: Ceres, Plutón, Haumea, Makemake y Eris. Cada uno tiene una historia particular y ayuda a entender mejor cómo se formó y evolucionó el Sistema Solar.
Ceres: el planeta enano del cinturón de asteroides
Ceres es el planeta enano más cercano a la Tierra y el único ubicado en el cinturón de asteroides, entre Marte y Júpiter. Fue descubierto en 1801 y durante mucho tiempo fue considerado un asteroide, hasta que su tamaño y características lo llevaron a ser reclasificado.
Tiene unos 940 kilómetros de diámetro y concentra una gran parte de la masa total del cinturón de asteroides. Su superficie muestra cráteres, regiones brillantes y señales de materiales salinos. También se cree que pudo haber tenido actividad interna y reservas de agua en forma de hielo o salmueras.
Ceres es importante porque funciona como una especie de fósil del Sistema Solar temprano: un cuerpo que quedó entre los planetas rocosos interiores y los gigantes gaseosos.

Plutón: el más famoso de los planetas enanos
Plutón fue considerado el noveno planeta del Sistema Solar durante gran parte del siglo XX. Pero en 2006 fue reclasificado como planeta enano, porque comparte su región orbital con muchos otros objetos del cinturón de Kuiper.
Está ubicado más allá de Neptuno y tiene unos 2.377 kilómetros de diámetro. A pesar de su tamaño reducido, es un mundo muy complejo. Tiene montañas de hielo, llanuras congeladas, una atmósfera tenue y una gran luna llamada Caronte, tan grande en comparación con Plutón que ambos forman un sistema muy particular.
La misión New Horizons de la NASA reveló en 2015 que Plutón no era un mundo muerto y simple, sino un planeta enano activo, diverso y geológicamente sorprendente.

Haumea: el planeta enano alargado
Haumea es uno de los objetos más raros del cinturón de Kuiper. A diferencia de otros planetas enanos, no tiene una forma esférica clásica, sino alargada, parecida a una pelota de rugby. Esa forma se debe a su rotación extremadamente rápida: completa una vuelta sobre sí mismo en menos de cuatro horas.
Se encuentra más allá de Neptuno y tiene dos lunas conocidas: Hiʻiaka y Namaka. También posee un anillo, algo poco común para un objeto de este tipo.
Haumea es interesante porque muestra que los planetas enanos no son todos iguales. Algunos tienen lunas, otros tienen atmósferas, otros tienen anillos y otros, como este, formas muy deformadas por su dinámica interna.

Makemake: el mundo helado y rojizo
Makemake también se encuentra en el cinturón de Kuiper. Fue descubierto en 2005 y es uno de los objetos más grandes conocidos de esa región. Su superficie es muy fría y está cubierta por hielos, especialmente metano congelado, lo que le da un tono rojizo.
Tiene un diámetro estimado de alrededor de 1.400 kilómetros y al menos una luna conocida. A diferencia de Plutón, Makemake no parece tener una atmósfera significativa en las condiciones actuales, aunque puede presentar comportamientos variables dependiendo de su distancia al Sol.
Su estudio ayuda a comparar distintos mundos helados del borde externo del Sistema Solar y entender cómo cambian los cuerpos pequeños cuando están tan lejos de la luz solar.

Eris: el planeta enano que cambió la definición de planeta
Eris fue clave en la discusión que terminó con la reclasificación de Plutón. Cuando fue descubierto, se observó que era un objeto muy grande del Sistema Solar exterior, incluso comparable en tamaño a Plutón y más masivo que él.
Su hallazgo obligó a discutir que si Plutón era planeta, ¿Eris también debía serlo? Esa discusión llevó a la Unión Astronómica Internacional a definir con más precisión qué es un planeta y qué es un planeta enano.
Eris se encuentra mucho más lejos que Plutón y tiene una luna llamada Disnomia. Es un mundo extremadamente frío, oscuro y distante. Su importancia no está solo en sus características físicas, sino en que cambió para siempre la forma en que clasificamos los objetos del Sistema Solar.

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