La búsqueda de vida fuera del Sistema Solar consiste en detectar mundos donde puedan darse algunas condiciones básicas la vida: una temperatura compatible con agua líquida, una atmósfera estable y señales químicas que merezcan estudiarse con más detalle. En ese grupo aparecen varios exoplanetas que la NASA registra o estudia como candidatos de interés, aunque eso no significa que se haya confirmado vida en ninguno de ellos. Algunos están en la zona habitable de sus estrellas, otros tienen tamaños parecidos al de la Tierra y unos pocos ya muestran indicios atmosféricos interesantes. Estos son 5 planetas que podrían albergar vida.
LHS 1140 b: uno de los candidatos más prometedores
LHS 1140 b es una supertierra ubicada a unos 48 años luz de la Tierra, un planeta más grande que el nuestro pero más chico que Neptuno. Orbita una estrella pequeña y fría, completa una vuelta cada 24,7 días y tiene un diámetro de casi el doble de la Tierra.
Su interés principal está en que se encuentra en la zona habitable de su estrella, es decir, que se encuentra lo suficientemente cerca de su estrella anfitriona, pero no demasiado, como la Tierra del Sol. Esta ubicación es importante porque los planetas muy cercanos a su anfitriona son excesivamente calientes, mientras que los que se encuentran muy lejos son excesivamente fríos. El punto medio es donde puede sostenerse la vida.
Observaciones con el telescopio James Webb sugieren que sería un mundo rico en agua, posiblemente cubierto por hielo y con regiones donde podría existir agua líquida. Algunos modelos incluso plantean la posibilidad de una atmósfera dominada por nitrógeno, algo que podría ayudar a estabilizar la temperatura superficial.
Por ahora, LHS 1140 b no tiene señales biológicas confirmadas. Su importancia radica en que es uno de los mejores candidatos cercanos para estudiar si un planeta en zona habitable puede conservar atmósfera y agua.
Proxima Centauri b: el planeta potencialmente habitable más cercano
Proxima Centauri b es el exoplaneta potencialmente habitable más cercano conocido. Se encuentra a 4 años luz de la Tierra y orbita Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol. Tiene una masa apenas superior a la terrestre y completa una órbita cada 11,2 días.
El motivo por el que podría albergar vida es que está en la zona habitable de su estrella, donde la temperatura permitiría la existencia de agua líquida si el planeta tuviera una atmósfera adecuada. Sin embargo, Proxima Centauri es una enana roja activa, capaz de emitir radiación ultravioleta y llamaradas intensas. Un estudio de NASA planteó que una atmósfera similar a la terrestre podría no sobrevivir durante mucho tiempo en una órbita tan cercana a una estrella de ese tipo.
Hasta ahora, Proxima b no presenta señales biológicas detectadas. Tampoco sabemos con certeza si conserva atmósfera, océanos o una superficie estable. Su valor está en la cercanía. Si algún día se pueden estudiar directamente exoplanetas vecinos, Proxima b será uno de los objetivos más importantes.
TRAPPIST-1e: un mundo rocoso en un sistema lleno de planetas
TRAPPIST-1 e forma parte de uno de los sistemas planetarios más famosos descubiertos hasta ahora. La estrella TRAPPIST-1 tiene siete planetas rocosos conocidos, varios de ellos con tamaños comparables al de la Tierra. TRAPPIST-1e es uno de los más interesantes porque es terrestre, tiene un diámetro apenas más pequeño que el de la Tierra y orbita dentro de la zona donde podría existir agua líquida si cuenta con una atmósfera adecuada.
El problema es que todavía no se sabe si conserva una atmósfera. Observaciones del James Webb no encontraron señales definitivas de atmósfera alrededor de los mundos interiores del sistema. En el caso de TRAPPIST-1e, los datos permiten descartar algunos escenarios, como una atmósfera gruesa dominada por dióxido de carbono similar a Venus o Marte, pero no alcanzan para confirmar una atmósfera más compacta y parecida a la terrestre.
TRAPPIST-1e no tiene biofirmas confirmadas. Aun así, sigue siendo importante porque es rocoso, tiene tamaño similar al terrestre y está relativamente cerca, a unos 40 años luz. Es uno de los mejores laboratorios naturales para entender si los planetas alrededor de enanas rojas pueden ser habitables.
Kepler-452 b: el primo lejano de la Tierra
Kepler-452 b es una especie de “primo” de la Tierra. Orbita una estrella parecida al Sol, y tarda 384,8 días en completar una vuelta, un período muy similar al año terrestre. Está ubicado en la zona habitable de su estrella, donde podría existir agua líquida si se dan las condiciones adecuadas.
Además de orbitar una estrella parecida a la nuestra, su órbita recuerda bastante a la de la Tierra. Sin embargo, Kepler-452 b es más grande que nuestro planeta, cerca del doble, y su masa estimada es bastante mayor. Eso abre dudas sobre su composición: podría ser rocoso, pero también tener una atmósfera muy densa o condiciones superficiales poco favorables.
En este caso, no hay señales biológicas ni detecciones atmosféricas claras. Kepler-452 b está muy lejos y es difícil de estudiar con el nivel de detalle necesario. Su importancia es más histórica y comparativa, porque mostró que pueden existir planetas de tamaño cercano al terrestre en órbitas parecidas a la nuestra alrededor de estrellas similares al Sol.
K2-18 b: el candidato con señales químicas más discutidas
K2-18 b es uno de los casos más comentados de los últimos años. Está a unos 120 años luz de la Tierra, orbita una estrella fría y se encuentra en la zona habitable. La NASA lo clasifica como una supertierra, aunque por su tamaño y masa también se lo suele discutir como un sub-Neptuno: tiene cerca de 2,4 veces el radio terrestre y casi 9 veces la masa de la Tierra.
Lo más interesante es su atmósfera. Observaciones del James Webb detectaron moléculas con carbono, como metano y dióxido de carbono. Según la NASA, esa combinación, junto con la escasez de amoníaco, es compatible con la hipótesis de un mundo Hycean, un planeta con atmósfera rica en hidrógeno y una posible superficie cubierta por océanos.
K2-18 b también tuvo una posible detección de sulfuro de dimetilo (DMS), una molécula que en la Tierra es producida principalmente por organismos vivos marinos, como el fitoplancton. Sin embargo, la NASA aclaró que esa señal era menos robusta y necesitaba validación. En 2025, nuevos análisis con Webb reportaron indicios más fuertes de DMS o DMDS, pero eso no es suficiente para confirmar vida. Todavía hay que descartar explicaciones no biológicas o problemas de interpretación de los datos.
Por eso, K2-18 b es el caso más intrigante de esta lista. Tiene señales atmosféricas reales y moléculas interesantes, pero no se sabe si su océano existe, si es habitable o si las posibles moléculas asociadas a vida tienen realmente origen biológico.
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