El Sol es la estrella anfitriona de nuestro Sistema Solar y, al igual que todas las estrellas del universo, en algún momento se va a apagar. Sin embargo, su final será un proceso lento, que llevará miles de millones de años, y estará marcado por cambios graduales en su interior.
Actualmente, el Sol produce energía en su núcleo mediante la fusión nuclear del hidrógeno que lo compone. Esa energía es la que mantiene iluminado y caliente al Sistema Solar, y también la que permite que la Tierra conserve condiciones aptas para la vida. Pero ese combustible no durará para siempre. Dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol comenzará a agotar el hidrógeno disponible en su núcleo. A partir de ese momento entrará en una etapa muy distinta: se expandirá, cambiará de color, modificará las condiciones de los planetas cercanos y, mucho después, terminará convertido en una estrella pequeña, densa y apagada llamada enana blanca.
Primero, el Sol será cada vez más brillante
Antes de llegar a su final, el Sol seguirá aumentando lentamente su luminosidad. Esto ocurre porque, a medida que consume hidrógeno en el núcleo, cambia el equilibrio interno entre la presión generada por la fusión nuclear y la gravedad que intenta comprimir la estrella.
Ese aumento no será brusco, pero tendrá consecuencias enormes para la Tierra. En escalas de cientos o miles de millones de años, más energía solar significa temperaturas más altas, mayor evaporación de agua y una atmósfera con más vapor, que también es un gas de efecto invernadero. Según explicaciones de NASA sobre la evolución estelar, antes de la fase de gigante roja los océanos terrestres comenzarían a evaporarse, poniendo fin a la vida superficial tal como la conocemos.
Esto significa que la Tierra dejaría de ser habitable mucho antes de que el Sol muera. No haría falta esperar a que el Sol se convierta en una estrella gigante, puesto que el aumento progresivo de su brillo alcanzaría para alterar por completo el clima del planeta.
Después, el Sol se convertirá en una gigante roja
Cuando el hidrógeno del núcleo se agote, el núcleo solar se contraerá por efecto de la gravedad. Al mismo tiempo, las capas externas se expandirán enormemente. Esa expansión hará que el Sol se convierta en una gigante roja, una estrella mucho más grande, más luminosa y más fría en su superficie que el Sol actual.
El color rojizo no significa que la estrella sea menos energética. De hecho, durante esa etapa el Sol liberará muchísima más energía, pero distribuida sobre una superficie mucho mayor. La temperatura superficial será menor que la actual, pero el tamaño de la estrella será gigantesco.
En esa fase, Mercurio y Venus quedarían destruidos o absorbidos. El destino de la Tierra es más incierto. Algunos modelos indican que podría ser engullida por el Sol expandido, mientras que otros sugieren que podría sobrevivir orbitalmente porque el Sol perderá masa y las órbitas planetarias tenderán a alejarse. En cualquiera de los dos casos, la Tierra ya no sería un mundo habitable. Habría perdido sus océanos, su atmósfera estaría profundamente alterada y su superficie sería extremadamente caliente.
La Tierra no sería destruida por una explosión
Una idea común es imaginar el final del Sol como una explosión gigantesca. Pero el Sol no tiene masa suficiente para convertirse en supernova. Las supernovas ocurren en estrellas mucho más masivas, capaces de terminar su vida con un colapso violento del núcleo.
El Sol tendrá un final menos explosivo, aunque igualmente extremo. Después de la etapa de gigante roja, expulsará sus capas externas al espacio. Ese material formará una nube de gas llamada nebulosa planetaria. Lo que quedará en el centro será el antiguo núcleo del Sol, una enana blanca. NASA describe a las enanas blancas como restos estelares muy densos, que pueden tener una masa comparable a una fracción importante de la masa del Sol, pero concentrada en un tamaño similar al de la Tierra.
El Sistema Solar quedará frío y oscuro
Una enana blanca ya no produce energía por fusión nuclear como el Sol actual. Al principio estará extremadamente caliente porque será el núcleo expuesto de la antigua estrella, pero con el tiempo se irá enfriando lentamente.
Si algunos planetas o restos planetarios sobreviven, seguirán orbitando alrededor de esa enana blanca. Pero el Sistema Solar ya no será el mismo. No habrá una estrella brillante y estable como la actual sosteniendo las condiciones que permitieron la vida en la Tierra. Los planetas interiores habrán sido destruidos, transformados o dejados como mundos muertos. Los objetos más lejanos, como algunos planetas exteriores, lunas, asteroides y cometas, podrían permanecer, pero en un sistema mucho más frío y tenue.
Así culminará la muerte de nuestra estrella, un proceso natural dentro de la evolución estelar que ocurrirá en una escala de tiempo tan enorme que supera por completo la historia humana.
Tal vez te interese: Dentro del Sol: La fusión nuclear y la creación de elementos
