La Fuerza Espacial de Estados Unidos advirtió que China será la principal amenaza espacial hacia 2040 y estimó que podría pasar de poco más de 1.600 satélites actuales a unas 21.000 unidades en órbita dentro de 15 años. La proyección fue presentada este 15 de abril por el jefe de la fuerza, el general Chance Saltzman, junto con dos documentos de planificación que plantean una expansión de personal, presupuesto y misiones para sostener la superioridad espacial estadounidense.
El eje de los documentos es claro: para Washington, el problema central ya no es solo el crecimiento general del tráfico orbital, sino la escala que podría alcanzar China como poder espacial integrado. El texto Future Operating Environment 2040 sostiene que Beijing desarrollará “los medios y el deseo” de usar operaciones espacio-tierra habilitadas por inteligencia artificial a escala global, con inversiones en constelaciones proliferadas en órbita baja, sistemas avanzados de inteligencia, activos maniobrables, armas counterspace y cooperación hombre-máquina.
La cifra que usa la fuerza para mostrar ese salto es fuerte. Según su escenario de trabajo, para 2040 entidades gubernamentales y comerciales de Estados Unidos operarán más de 30.000 satélites, mientras China rondará los 21.000 y Rusia unos 1.500. Hoy, de acuerdo con el propio marco citado en la presentación, el punto de partida es mucho más bajo: cerca de 12.000 satélites operativos estadounidenses, unos 1.602 chinos y 356 rusos.
La conclusión operativa que saca la Space Force es que la estructura actual no alcanza. El documento Objective Force 2040 plantea que harán falta más guardianes, nuevas unidades y escuadrones de otro tipo, con foco en targeting, mando y control, evaluación de daño y operaciones sostenidas a escala global. También propone reorganizar parte de la fuerza alrededor de plataformas y no solo de efectos, en un intento por ganar movilidad, velocidad de respuesta y resiliencia en combate.
En la práctica, la fuerza está diciendo que la guerra espacial del futuro será más densa, más automatizada y más disputada. Saltzman sostuvo en Colorado Springs que estos documentos no son una estrategia cerrada, sino un punto de partida para pensar qué tipo de servicio hará falta frente a nuevas tecnologías, nuevas amenazas y nuevas formas de guerra. Pero el mensaje político fue bastante más concreto: si China acelera como prevé el documento, la Space Force necesitará crecer.
El escenario que dibuja la fuerza también refuerza otra idea que viene apareciendo en la doctrina espacial estadounidense: la competencia con China ya no se limita a satélites de observación o navegación, sino que abarca arquitectura orbital, maniobra, resiliencia, automatización y capacidad de sostener operaciones distribuidas con apoyo comercial y aliado. El propio documento señala que la fuerza de 2040 deberá integrar capacidades militares, comerciales y de socios en un sistema híbrido de combate, operando a “velocidad de máquina” con inteligencia artificial y autonomía, aunque manteniendo juicio humano en decisiones críticas.
Estados Unidos ya está organizando su planeamiento sobre la base de que China no será un actor orbital grande, sino un competidor espacial completo, con capacidad de disputar mando, persistencia y libertad de acción en varios regímenes orbitales al mismo tiempo. Esa es la lógica que explica por qué la Space Force dejó de hablar solo de crecimiento y pasó a hablar de expansión estructural.
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