La NASA y Voyager Technologies firmaron una orden para la séptima misión de astronautas privados (PAM) a la Estación Espacial Internacional (ISS), proyectada hacia 2028. Esta misión, designada como VOYG-1, marca la primera incursión de la compañía en el transporte tripulado hacia el laboratorio orbital y representa, además, un nuevo paso en su objetivo de operar en el futuro la estación espacial Starlab. Así, el anuncio refuerza la estrategia de la agencia estadounidense de delegar las operaciones en órbita baja al sector privado, para centrar sus recursos en la exploración del espacio profundo.
Las primeras compañías para vuelos de astronautas privados
Voyager Technologies es una empresa norteamericana líder mundial en soluciones espaciales y de seguridad nacional. Tras el acuerdo con NASA, se convierte en el tercer actor privado en obtener luz verde para misiones tripuladas a la ISS, junto con Axiom Space y Vast.
Las tres empresas que recibieron subvenciones PAM trabajan en sus propias estaciones espaciales comerciales. Axiom, que realizó los primeros cuatro vuelos PAM y realizará el quinto a principios de 2027, está desarrollando la Estación espacial Axiom. Vast, cuya misión PAM está programada para la segunda mitad de 2027, está construyendo la estación Haven-1, que se lanzaría el próximo año. Esta última también está planificando la estación Haven-2, de mayor tamaño.
Aunque inicialmente Voyager había quedado fuera en la ronda de selección de 2025 frente a Vast, la NASA ha reevaluado sus prioridades programáticas. Según Dana Weigel, gerente del programa ISS, la disponibilidad de nuevos recursos ha permitido abrir una oportunidad adicional dentro del periodo de vuelo PAM 6. “Con tres proveedores ya seleccionados, la NASA está haciendo todo lo posible para impulsar la economía orbital”, afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman.
Detalles de la misión
La misión de Voyage utilizará la cápsula Crew Dragon de SpaceX, y tendrá una duración aproximada de dos semanas. Además, esta misión cuenta con una curiosidad: un cambio regulatorio de la NASA permitirá a las empresas vender el asiento del comandante, una posición que antes estaba reservada exclusivamente para exastronautas de la NASA. A diferencia de los vuelos turísticos, el enfoque se desplaza hacia “clientes soberanos” (astronautas de agencias nacionales), un mercado donde la estabilidad de la ISS compite con la innovación estética y operativa de nuevas estaciones como la Haven-1 de Vast.
Con este movimiento, la órbita terrestre baja se encamina hacia un ecosistema diversificado, donde la colaboración público-privada parece ser la única vía para garantizar una presencia humana continua en el espacio una vez que la ISS cumpla su ciclo operativo.
El último objetivo: Starlab
Para Voyager, esta misión no es solo un hito logístico, sino un entrenamiento fundamental para su gran proyecto: Starlab. La experiencia operativa en la ISS permitirá a la empresa validar protocolos de seguridad y gestión de tripulaciones antes del despliegue de su propia infraestructura comercial. Starlab se perfila como el sucesor estratégico de la Estación Espacial Internacional bajo un concepto revolucionario de “lanzamiento único“.
A diferencia de la compleja arquitectura modular de sus predecesoras, esta estación será puesta en órbita completamente operativa mediante el sistema Starship de SpaceX, que permite un despliegue inmediato. La estación tiene volumen presurizado de casi 400 metros cúbicos y un diseño metálico de 8 metros de diámetro. El hábitat podrá albergar de forma permanente a cuatro astronautas, con capacidad de extenderse hasta ocho durante los periodos de relevo de tripulación.
En su faceta como centro de investigación avanzada en la órbita baja (LEO), la estación contará con más de 130 ranuras para experimentos. Esto permitirá más de 400 investigaciones anuales en áreas críticas como biotecnología y semiconductores. Este ambicioso proyecto es impulsado por Starlab Space LLC, una alianza global con Voyager Technologies, Airbus, Mitsubishi Corporation y MDA Space. Tras haber superado la Revisión de Diseño Preliminar en 2025, el consorcio se encamina hacia su lanzamiento en 2028, utilizando misiones privadas previas como entrenamiento operativo para garantizar una transición fluida antes del desmantelamiento de la ISS en 2030.
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