Las fuerzas rusas comenzaron a desplegar con mayor frecuencia terminales satelitales compactas Sprint-030 para sostener conectividad táctica en el frente, en un movimiento que apunta a reducir su dependencia de los terminales Starlink obtenidos por vías paralelas y posteriormente afectados por restricciones técnicas. El cambio no implica que Moscú haya construido una alternativa equivalente a la constelación de SpaceX, sino que está apoyándose en su infraestructura satelital geoestacionaria ya existente para recuperar una parte de sus enlaces de datos en combate.
El sistema Sprint-030 aparece como una estación portátil de acceso a internet satelital pensada para uso de campaña. Su valor operativo pasa por el tamaño reducido, la rapidez de despliegue y la posibilidad de conectarse a los satélites de las series Yamal y Express, dos familias de telecomunicaciones ya operativas dentro de la arquitectura espacial rusa. Eso le permite a las unidades rusas volver a contar con un canal satelital propio para transmisión de datos, aunque con prestaciones más modestas que las que ofrecía Starlink.
El punto técnico más relevante es que parte de esa red satelital rusa descansa sobre plataformas construidas originalmente con participación europea. En particular, el Express-AM7, uno de los satélites con los que se probó la terminal, fue fabricado por Airbus sobre la plataforma Eurostar-3000 y lanzado en 2015. Otros satélites de la serie Express en servicio también fueron construidos directamente por Airbus o incorporan cargas útiles de telecomunicaciones desarrolladas por Thales Alenia Space, lo que muestra hasta qué punto la infraestructura espacial rusa todavía se apoya en hardware heredado de acuerdos industriales previos a la actual ruptura geopolítica con Europa.
Las pruebas difundidas por el desarrollador ruso GK REIS indican que el sistema logró conectividad a través del Express-AM7 con velocidades de hasta 10 Mbps de descarga y 1 Mbps de subida. Esos valores son suficientes para determinados usos tácticos, como coordinación de unidades, intercambio de datos, mensajería o apoyo limitado a operaciones con drones, pero quedan claramente por debajo de las capacidades de una red LEO moderna como Starlink en términos de latencia, robustez y ancho de banda disponible en combate.
Justamente ahí está la diferencia central. Starlink ofrecía a las tropas rusas que accedieron a terminales por canales irregulares una conectividad más rápida, más estable y con mejor capacidad para sostener operaciones distribuidas. Tras las restricciones implementadas por Ucrania en coordinación con SpaceX, muchas de esas terminales dejaron de funcionar o quedaron degradadas. La respuesta rusa ahora parece orientarse menos a “reemplazar” Starlink en sentido estricto y más a reconstruir una capa mínima de comunicaciones satelitales usando medios nacionales ya disponibles, aunque con menos rendimiento y mayor dependencia de satélites geoestacionarios.
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