Ucrania aseguró haber concretado una intercepción inédita en la guerra con Rusia: un operador de la unidad Bulava habría destruido dos drones Shahed desde una distancia de 500 kilómetros respecto del punto de combate, usando un esquema de control remoto de muy largo alcance. La acción fue difundida este 4 de abril en videos atribuidos a canales oficiales de la unidad y replicada por medios ucranianos, aunque por ahora no existe una verificación independiente pública del récord.
Según esas publicaciones, el operador —identificado por el indicativo “Hulk”— empleó un interceptor STING controlado mediante el sistema Hornet Vision Ctrl. La clave del episodio no estaría tanto en el alcance del dron interceptor en sí, sino en la posibilidad de que el piloto opere a cientos de kilómetros del área de enganche, rompiendo la lógica tradicional de defensa antidrón en línea de vista o con equipos ubicados cerca del punto de lanzamiento.
En términos técnicos, STING es presentado como un dron interceptor especializado para cazar Shahed, desarrollado por el grupo ucraniano Wild Hornets. UNITED24 Media lo describe como un sistema de alta velocidad capaz de superar los 340 km/h y operar a alturas de hasta 3 kilómetros, mientras que Hornet Vision Ctrl funciona como un ecosistema de video y telemetría de baja latencia pensado para sostener mando y control a distancias inusualmente largas. Esa combinación apunta a convertir drones ligeros tipo FPV en una capa de defensa aérea distribuida y mucho más flexible.
Si el dato de los 500 kilómetros se confirma, el salto doctrinario es importante. La innovación ya no pasa solo por interceptar un blanco aéreo barato con otro dron aún más barato, algo que Ucrania viene haciendo desde hace meses, sino por separar físicamente al operador del área de combate. Eso reduce exposición, permite centralizar pilotos en zonas más seguras y abre la puerta a un modelo donde equipos relativamente pequeños cubren corredores aéreos mucho más amplios que los 20 a 30 kilómetros habituales de una burbuja táctica local.
El episodio, además, no aparece completamente aislado. A fines de marzo ya habían circulado reportes sobre interceptaciones remotas de Shahed con el sistema Litavr, presentadas también como una novedad táctica relevante por permitir que el piloto no estuviera junto al lanzador. La diferencia ahora es la escala del salto: de una intercepción remota distribuida, Ucrania estaría pasando a un control a distancia verdaderamente estratégica, con el operador ubicado a 500 kilómetros del punto de derribo.
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