SpaceX lanzó este 30 de marzo la misión compartida Transporter-16 desde la base de Vandenberg, en California, a bordo de un Falcon 9, que colocó 119 payloads rumbo a una órbita baja heliosincrónica (SSO). El vuelo se consagró como el más denso de la serie Transporter de la compañía, e incluyó satélites, cargas alojadas, un vehículo de reentrada y vehículos de transferencia orbital.

Transporter-16 es parte del modelo rideshare de SpaceX, un programa de vuelos compartidos para pequeños satélites. A través de esta iniciativa, la compañía ofrece plazas hacia órbita heliosincrónica desde US$ 350.000 por 50 kg. Este formato convertió al Falcon 9 en una especie de colectivo orbital y le permite a SpaceX poner en órbita cargas livianas con su cohete reutilizable, además de bajar costos de lanzamiento para sus clientes. Hasta ahora, el programa rideshare ya puso en órbita más de 1.600 payloads.
Una misión característica del Falcon 9
La primera etapa de Falcon 9 utilizada fue la B1093, que realizó su 12º vuelo y aterrizó en una barcaza en el Pacífico. En paralelo, la segunda etapa fue la encargada de alcanzar la órbita prevista, ejecutar cuatro encendidos y liberar la carga útil. Esa secuencia empezó a los 55 minutos del despegue y se extendíó hasta unas dos horas y media más tarde.
La órbita elegida, heliosincrónica, permite que un satélite pase sobre una misma zona de la Tierra a la misma hora solar local en cada vuelta. Esto es fundamental para observación terrestre, monitoreo ambiental, meteorología y vigilancia, porque mantiene condiciones de iluminación más constantes entre una pasada y otra. Por eso estas trayectorias suelen ser una de las elegidas para constelaciones de imágenes y sensores, el tipo de carga que predomina en las entregas de los Transporter.
Payloads de Transporter-16
El integrante de la misión fue Exolaunch, una compañía integradora de lanzamientos para satélites pequeños que se dedica a agrupar clientes, organizar su vuelo, integrarlos al lanzador y desplegarlos en órbita. La empresa sumó 57 payloads para más de 25 clientes comerciales, institucionales y gubernamentales de Estados Unidos, Europa y Asia. Por otro lado, otro intermediario principal del vuelo fue SEOPS, que llevó 19 cargas de 13 países distintos, entre ellas PocketQubes de observación, satélites para comunicaciones IoT, misiones educativas y un CubeSat de Sandia National Laboratories.
Una de las cargas más interesantes del vuelo fue Vigoride-7, el vehículo de servicio orbital de Momentus. Se trata de una plataforma pensada para transportar cargas, desplegarlas más tarde y además alojar demostraciones tecnológicas en órbita. En este vuelo viajó con 10 cargas para ensayar rendezvous y operaciones de proximidad, ensamblado en el espacio, comunicaciones avanzadas y computación de nueva generación. Según la Momentus, su vehículo puede alojar más de 300 kg de carga y entregar hasta 3 KW de potencia pico a bordo.
Otra carga que sobresalió fue la cápsula W-6 de Varda Space. Se trata de un vehículo de reentrada, para transportar experimientos y materiales a microgravedad y los devuelve a la Tierra. En este caso, además, la cápsula también tiene como objetivo probar tecnología térmica para el regreso atmosférico. En concreto, NASA embarcó sensores y mosaicos instrumentados de C-PICA desarrollados en Ames para medir calor y presión durante la reentrada.
A su vez, el vuelo llevó demostradores muy distintos entre sí, como el microsatélite Phobos de Aethero Space, un 4U orientado a computación en órbita con un módulo Nvidia y una promesa de hasta 20 veces más capacidad de cómputo que la oferta orbital actual, y COSMO, un 6U de la University of Colorado Boulder y LASP para mejorar los modelos del campo magnético terrestre.
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