China desplegó cazas obsoletos de la Guerra Fría convertidos en drones de ataque en seis bases aéreas cercanas al estrecho de Taiwán, según un informe del Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales. Las imágenes satelitales muestran cazas supersónicos J-6 en cinco bases de la provincia de Fujian y una en Guangdong, sobre el frente costero que mira hacia la isla. De acuerdo con J. Michael Dahm, investigador del instituto, el Ejército Popular de Liberación (EPL) ya habría posicionado “200 o más” de estas aeronaves en aeródromos próximos al teatro de una eventual crisis.

La tensiones entre China y Taiwán datan desde su separación tras la Guerra Civil China (1927-1949). Desde entonces, el gigante asiático reclama a la isla como parte de su territorio, a pesar de que ésta opera como un estado independiente. Desde 2016, cuando Tsai Ing-wen del Partido Democrático Progresista (DPP) asumió la presidencia de Taiwán, China intensificó su presión cerca de la isla, comenzando con el denominado “acoso en la zona gris”, con ejercicios militares en frontera, manipulación económica o diplomática y campañas de influencia. El objetivo es debilitar la posición de Taiwán y forzarlo a aceptar el control de Pekín.
Ahora, el movimiento de China se da en un momento en el que Ministerio de Defensa de Taiwán presentó planes para incorporar una nueva generación de sistemas antidrones. En ese marco, un alto funcionario de seguridad taiwanés afirmó que estos drones convertidos se posicionan como una herramienta para agotar los sistemas de defensa aérea en la primera ola de un ataque.
El MiG-19 chino, convertido en dron
El J-6 es la versión china del MiG-19 soviético, un caza bimotor supersónico que integró la flota de combate china durante la Guerra Fría. Se le atribuye una velocidad máxima de Mach 1,45 o 1.700 km/h, un techo de servicio de 59.000 pies o 18.000 m y un radio de combate de 685 kilómetros, cifras modestas frente a un caza contemporáneo. Sin embargo, estas características son suficientemente serias para una aeronave autónoma cuyo objetivo no es disputar superioridad aérea, sino atacar rápido, en cantidad y a bajo costo.
Según explicó la propia Fuerza Aérea china en la feria aeronáutica de Changchun, al J-6 modificado, denominado J-6W o J-6 UAV, se le retiraron los cañones y otros equipos del avión original, y se le incorporó un sistema automático de control de vuelo y tecnología de navegación por coincidencia de terreno. Esa variante puede emplearse tanto como aeronave de ataque como blanco de entrenamiento para pilotos de caza, artillería antiaérea, misiles superficie-aire y operadores de radar.

La estrategia de vehículos autónomos de China
El investigador Dahm considera que, a pesar de su carácter de aviones autónomos, estos vehículos serían usados más como misiles de crucero que como vehículos aéreos no tripulados tradicionales. La idea sería, en lugar de patrullar o hacer inteligencia, que integren una oleada de ataque de saturación que empuje a Taiwán a gastar interceptores caros contra plataformas baratas. Así, China avanza, por un lado, con estas variantes recicladas y, por el otro, con UAV más modernos —incluidos modelos furtivos. Reuters incluso señaló que Pekín ensaya operaciones de engaño con drones que transmitían señales falsas para parecer otras aeronaves en posibles preparativos de un ataque sobre Taiwán.
En el tablero internacional, este movimiento se inscribe en una tendencia más amplia que se observa en la guerra de Ucrania y los conflictos de Medio Oriente. Los drones dejaron de ser un arma complementaria para convertirse en una pieza central de la guerra moderna. En el caso de operaciones con el J-6W, además, los aeródromos chinos más próximos al estrecho también serían vulnerables a un contraataque. Así, la lógica sería lanzarlos en las primeras horas de una operación, antes de que queden expuestos en tierra.
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