En el último año, los drones se convirtieron en una de las armas más importantes y ampliamente difundidas de la guerra moderna. Los dos conflictos que hoy generan mayor preocupación en materia de seguridad internacional lo confirman. Este lunes, Rusia aseguró haber derribado 250 drones ucranianos que se dirigían hacia Moscú, en lo que describió como el mayor ataque contra la capital en un año. Un día después, Irán respondió a la muerte de dos jefes de seguridad con una nueva andanada de misiles y drones contra Israel y países árabes del Golfo.

En el frente ruso, el ataque obligó a imponer restricciones en los principales aeropuertos de Moscú, aunque no se reportaron víctimas. En Medio Oriente, la ofensiva iraní dejó al menos dos muertos en Ramat Gan, al este de Tel Aviv, y también alcanzó a Arabia Saudita, Kuwait y otros países de la región, donde las defensas antiaéreas interceptaron parte de los proyectiles. La reacción de Teherán llegó después de que Israel matara a Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y a Gholam Reza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij.
La ofensiva ucraniana
En el caso de Moscú, Rusia no informó qué modelo de dron usó Ucrania. Aun así, el patrón encaja con los drones de ataque profundo que Kyiv viene usando desde hace meses. Reuters difundió en enero que Ucrania opera drones de largo alcance como el Lyuty. Se trata de ejemplares no tripulados con carga explosiva utilizados para atacar depósitos, refinerías y bases muy lejos del frente.
Sus operadores aseguran que ya alcanzaron misiones de hasta 2.000 kilómetros. Son plataformas kamikaze, lanzadas en serie, que vuelan largas distancias y apuestan al ataque en cantidad y la saturación. Esto obliga al rival a mantener radares, misiles y aeropuertos en alerta permanente.

Los drones musulmanes
Del lado iraní, la tecnología empleada en los nuevos ataques sí apareció con más nombre y apellido. Según AP, Teherán lanzó misiles Khorramshahr-4 y Qadr con múltiples ojivas.
El Khorramshahr es un misil balístico de alcance medio, de combustible líquido y lanzamiento móvil, con 13,5 metros de largo, una carga útil de hasta 1.800 kg y un alcance de hasta 3.000 kilómetros. El Ghadr también es de combustible líquido y móvil, pero de unos 16 metros, con una carga útil de hasta 800 kg y alcance de hasta 1.950 km. Según el CSIS, cuando Irán habla de múltiples ojivas en estos sistemas generalmente se refiere a una carga que se abre y dispersa submuniciones para aumentar el daño y complicar la intercepción.
Sobre los drones, no se ha precisado qué modelo utilizó Irán en esta nueva oleada de ataques. Aun así, por el tipo de campaña que Teherán viene desplegando en la región, lo más probable es que se hayan empleado drones de ataque de un solo uso de la familia Shahed o sistemas cercanos a ese concepto. Se trata de municiones merodeadoras kamikaze, que culminan su vuelo impactando y explotando contra algun objetivo. En el caso del Shahed-136, una de las variantes iraníes más conocidas, distintas referencias lo ubican en un rango de hasta 2.000 kilómetros, con velocidad de 185 km/h y una carga explosiva del orden de decenas de kilos.

La guerra moderna y la tecnología UAV
Los drones cumplen un papel parecido en ambos teatros, operando con el objetivo de desgastar al defensor y obligarlo a invertir en costosos sistemas de defensa. Irán, por ejemplo, lanzó más de 1.000 drones desde que comenzó la actual guerra el 28 de febrero, con una estrategia que se apoya en la cantidad más que en la precisión. Hoy, un dron de ataque tipo Shahed puede costar entre US$ 20.000 y 50.000, mientras que un interceptor Patriot ronda los US$ 4 millones. De esta forma, incluso un ataque parcialmente repelido puede ser eficaz, puesto que obliga a gastar mucho dinero para neutralizar un arma relativamente barata.

Lo que une a Moscú con Tel Aviv, Ramat Gan o las bases del Golfo no es solo el uso de drones, sino una nueva forma de guerra. Antes, ganaba el que desarrollaba los sistemas de defensa más sofisticados, los misiles mejor dirigidos, las bombas más potentes. Ahora, gana quien logra fabricar más UAVs baratos, lanzarlos en masa y sostener esa presión durante semanas.
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