La misión tripulada china Shenzhou-20 terminó convirtiéndose en un caso de estudio sobre seguridad espacial. Desde el espacio, a bordo de la estación espacial Tiangong y un día antes de volver a la Tierra, la tripulación detectó grietas en la ventana de la cápsula de retorno. Las autoridades atribuyeron el daño de forma preliminar a un impacto de desechos espaciales, y postergaron el regreso de la misión, activando un esquema de contingencia para asegurar un descenso seguro.

La cápsula espacial Shenzhou-20 descendió sin tripulación el 19 de enero de 2026 en la Región Autónoma de Mongolia Interior, en China.
La cápsula espacial Shenzhou-20 descendió sin tripulación el 19 de enero de 2026 en la Región Autónoma de Mongolia Interior, en China. Crédito: VCG/VCG vía Getty Images.

Recientemente, los propios astronautas –Chen Dong, Chen Zhongrui y Wang Jie– describieron cómo vieron y documentaron el incidente dentro de la estación Tiangong, en una entrevista con China Media Group, emitida por la Televisión Central de China (CCTV).

Qué pasó con la ventana y por qué fue grave

En el relato, Chen Dong, comandante de misión, explicó que fue él quién inspeccionó la nave de retorno y encontró la anomalía. “Vi algo parecido a un triángulo en el borde la ventana gráfica”, explicó. Al principio pensó en un objeto adherido: “lo primero que pensé fue si una hojita se había quedado pegada al exterior de la ventana. Pero enseguida me di cuenta de que no podía ser porque estábamos en el espacio”.

Wang, ingeniero de vuelo, había trabajado como técnico aeroespacial en la construcción de la estación espacial de China antes de convertirse en astronauta. Según explicó, las ventanas de naves espaciales suelen estar construidas en capas, con una capa externa protectora y otras internas que soportan presión. Además, añadió que “no se puso nervioso”, puesto que, “mientras la presión de cabina se mantuviera estable, estaban seguros”. En paralelo, Wang depositó su confianza en los equipos de apoyo: “también conozco a nuestro equipo de tierra: pase lo que pase, realizarían análisis para determinar si podríamos regresar sanos y salvos”.

La tripulación utilizó equipamiento a bordo de Tiangong para fotografiar la zona del impacto: usaron una tableta, un teléfono y una lupa. Finalmente, confirmaron el problema con un microscopio de 40 aumentos. Allí observaron varias fisuras y, en palabras del comandante, “algunas de las grietas habían penetrado”.

Con esta información, responsables de la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA) concluyeron que la nave “no cumplía los requisitos” para regresar tripulada: si la fisura se propagaba y se desprendía un panel externo, podía comprometerse la integridad del conjunto. La decisión fue que Shenzhou-20 permanecería en órbita, mientras que la tripulación regresaría en Shenzhou-21, la nave que había llevado a su relevo.

Expertos del equipo de tierra analizando las grietas en la ventana rota de la nave Shenzhou-20.
Expertos del equipo de tierra analizando las grietas en la ventana rota de la nave Shenzhou-20. Crédito: CCTV+.

La respuesta de China

El regreso de los astronautas “varados” finalmente ocurrió el 14 de noviembre de 2025, pocos días después de descubrir el presunto impacto. Sin embargo, el problema no terminaba con el regreso de la tripulación, puesto que la estación quedaba sin un vehículo apto para evacuar.

Tras el reordenamiento, Tiangong llegó a estar sin una nave operativa para evacuar durante varios días, algo inédito desde que la estación opera plenamente. Por eso, China lanzó la nave Shenzhou-22 el 25 de noviembre, sin tripulación y con cargamento, para proveer un nuevo vehículo de retorno al equipo que quedaba en órbita. El programa describió este lanzamiento como su primera emergency launch.

En paralelo, el aterrizaje en el desierto de Gobi también fue excepcional. “Esta fue la primera vez que el sitio de aterrizaje de Dongfeng lleva a cabo una misión de recuperación de una nave espacial durante la estación más fría del año”, explicó Xu Peng, comandante en el lugar de aterrizaje, sobre el retorno de la tripulación Shenzhou-20 a bordo de la nave 21. “El clima frío supone una prueba tanto para nuestros grupos de búsqueda y rescate como para nuestros equipos. Hicimos preparativos especiales de protección contra el frío con antelación para garantizar que tanto el personal como el equipo permanecieran en buenas condiciones durante toda la misión”.

La cápsula de retorno con los astronautas Chen Dong, Chen Zhongrui y Wang Jie a bordo, aterrizó en Dongfeng el 14 de noviembre de 2025 en la Región Autónoma de Mongolia Interior, en China.
La cápsula de retorno con los astronautas Chen Dong, Chen Zhongrui y Wang Jie a bordo, aterrizó en Dongfeng el 14 de noviembre de 2025 en la Región Autónoma de Mongolia Interior, en China. Crédito: VCG/VCG vía Getty Images.

El trasfondo global

El caso Shenzhou-20 expone un problema que viene aumentando hace años: el espacio cercano es cada vez más congestionado. Las principales agencias y actores del mundo vienen siguiendo el crecimiento de fragmentos y objetos en órbita, que eleva el riesgo de incidentes y dañan infraestructura crítica en el espacio.

También hay una lectura político-operativa. Los programas tripulados se miden por sus hitos, pero se sostienen por su capacidad de manejar lo inesperado. En este episodio, China mostró que un impacto minúsculo puede alterar una misión completa, y que la arquitectura de Tiangong depende de tener siempre un vehículo listo para evacuar. En paralelo, Pekín demostró un excelente manejo del riesgo y toma de decisiones en momentos de incertidumbre, que mantuvieron siempre a los astronautas a salvo y resolvieron el inconveniente en cuestión de días.

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