A comienzos de este febrero de 2026, una nueva investigación liderada por el Centro de Astrobiología español CSIC-INTA junto a la Universidad de Oxford, halló una concentración de pequeñas moléculas orgánicas en el núcleo de una galaxia vecina. Este extraordinario hallazgo se realizó mediante la observación en el Telescopio Espacial James Webb (JWST) y los resultados fueron publicados en la revista Nature Astronomy.

El telescopio James Webb revela hallazgos sobre nuevas moléculas orgánicas precursoras de la vida más allá de la galaxia.

Dónde y cómo se realizó el hallazgo

La investigación se realizó en el sistema IRAS 07251-0248, una galaxia infrarroja ultraluminosa que posee una estrella joven con un disco protoplanetario conocido como d203-506, que se encuentra a más o menos 1350 años luz de la nebulosa de Orión. El único inconveniente es que este sistema se encuentra sepultado bajo varias capas gruesas de polvo y gas, y bloqueado por la fuerte radiación propagada por un agujero negro que se encuentra en el interior de la galaxia. Es por esto que los telescopios y metodología tradicional no pueden penetrar en este sistema.

Para resolver este problema, el James Webb cuenta con instrumentos de medición como NIRspec y MIRI, instrumentación crucial para esta investigación, ya que permite observar y medir longitudes de onda ínfimas. En este caso se los investigadores utilizaron datos espectroscópicos del JWST en longitudes de onda de 3 a 28 micras y se combinaron junto NIRSpec y MIRI, detectado huellas químicas de moléculas en forma de gas, así como señales de hielo congelado y granos de polvo. Gracias a esta información se pudo medir tanto la abundancia como la temperatura de numerosos compuestos químicos diferentes en el núcleo de la galaxia. En este punto de la investigación, la Universidad de Oxford colaboró aportando métodos analíticos y modelos teóricos de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP). Tras esto, los investigadores determinaron que las altas temperaturas y la turbulencia del gas no pueden explicar por sí solas la riqueza química observada.

Qué se encontró en la nebulosa

Los datos revelaron una colección diversa de pequeñas moléculas orgánicas. Entre ellas se encontraban benceno (C6H6), metano (CH4), acetileno (C2H2), diacetileno (C4H2) y triacetileno (C6H2). Los investigadores también identificaron el radical metilo (CH3+), lo que marca la primera vez que se detecta esta molécula más allá de la Vía Láctea. Además de compuestos gaseosos, el equipo encontró grandes cantidades de materiales sólidos, incluyendo granos ricos en carbono y hielos de agua.

El CH3+ es particularmente relevante en la formación química de los cimientos de la vida, ya que es un compuesto que reacciona fácilmente con una amplia variedad de otras moléculas, lo que permite múltiples reacciones en cadena, comportándose como el pilar de la química orgánica estelar.

“Encontramos una complejidad química inesperada, con abundancias mucho mayores que las predichas por los modelos teóricos actuales”, explica el autor principal, el Dr. Ismael García Bernete, ex miembro de la Universidad de Oxford y ahora investigador del CAB. “Esto indica que debe haber una fuente continua de carbono en estos núcleos galácticos que alimenta esta rica red química”.

Este hallazgo complementa la evidencia que apunta a los rayos cósmicos como un factor clave en la formación de moléculas orgánicas. Se teoriza que existe una fuerte relación entre la cantidad de hidrocarburos presentes y la intensidad de la ionización por rayos cósmicos en galaxias comparables. Las partículas energéticas de los rayos que rodean la nebulosa parecen descomponer los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y los granos de polvo ricos en carbono, liberando moléculas orgánicas más pequeñas al gas circundante. Por lo tanto, los núcleos galácticos enterrados a gran profundidad parecen ser el escenario ideal para la fabricación de las moléculas orgánicas a gran escala, influyendo en la evolución química de las galaxias a lo largo del tiempo.

Estos pequeños compuestos orgánicos se consideran los ladrillos químicos de procesos químicos más avanzados. Si bien no son en sí mismos componentes de las células vivas, podrían representar los primeros pasos en la cadena de reacciones que finalmente producen aminoácidos y nucleótidos, compuestos esenciales para la formación de elementos vivos. La coautora, la profesora Dimitra Rigopoulou, física de la Universidad de Oxford, añade: “Aunque las pequeñas moléculas orgánicas no se encuentran en las células vivas, podrían desempeñar un papel vital en la química prebiótica, representando un paso importante hacia la formación de aminoácidos y nucleótidos”.

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Jimena Zahn
Redactora colaboradora en Espacio Tech. Graduada en Biotecnología y estudiante del Máster en Política y Economía Internacional. Se desempeña como practicante en la Fundación IByME-CONICET, integrando formación científica, análisis internacional y divulgación especializada.

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