Firefly Aerospace está a punto de volver a volar su cohete Alpha después de casi diez meses sin lanzamientos. La compañía apunta a una ventana que comienza el 27 de febrero para su misión Stairway to Seven, desde Vandenberg, California. El objetivo no es solo poner al cohete en órbita, sino también restaurar la confianza luego de que el sistema quede en pausa por dos incidentes graves el año pasado.

Alpha es el vector orbital con el que Firefly compite en el mercado de lanzamientos de pequeños satélites, un segmento donde la confiabilidad se paga caro. La misión será el séptimo vuelo de Alpha, pero el primero desde FLTA006, que voló en abril de 2025. En ese entonces, un problema con la separación de etapas y el encendido de la segunda etapa terminó con la pérdida de la misión. A ese golpe se le sumó otro en septiembre, cuando un booster destinado al siguiente vuelo sufrió un evento de combustión durante pruebas en tierra, lo que estiró cronogramas e impulsó una investigación interna.
Una misión de prueba para recuperar confianza
En Stairway to Seven, Firefly quiere volver a validar los sistemas críticos del vehículo con un vuelo de verificación y una carga útil demostrativa, en lugar del satélite originalmente previsto. Como parte de su preparación, el 6 de febrero la primera etapa completó un encendido estático de 20 segundos de sus cuatro motores Reaver en la plataforma de Vandenberg. Esa prueba que sirve para evaluar el comportamiento de propulsión, alimentación y control antes del lanzamiento real. Es evidente que, antes de sumar complejidad, la prioridad es confirmar que las correcciones funcionan.
Según Firefly, el problema de septiembre no fue un defecto de diseño del lanzador, sino a un error de proceso. La empresa atribuyó el incidente a una contaminación mínima por hidrocarburos, una falla de integración de la primera etapa, no de arquitectura.
En paralelo, la empresa comunicó que el fallo de abril se debió a fenómenos aerodinámicos y térmicos durante el perfil de vuelo. Las medidas correctivas estuvieron asociadas a protección térmica y márgenes operativos. Por eso este vuelo es, en la práctica, un examen de “disciplina industrial”: procedimientos, limpieza, integración, validación y control de calidad en hardware que trabaja al límite.
Las mejoras de cara al vuelo 8
Por otro lado, este será el último Alpha Block I. A partir del vuelo 8, Firefly planea introducir Alpha Block II, una versión 2,13 metros más alta, con cambios orientados a mejorar confiabilidad y fabricabilidad. Además, la empresa viene comunicando mejoras en protección térmica, junto con sistemas de aviónica y potencia con mayor integración y producción interna, y una estructura basada en componentes de material compuesto con procesos más automatizados.
Hasta ahora, el historial de Alpha está marcado casi por tantos fracasos como éxitos. Así, Stairway to Seven funciona como punto de inflexión. Si sale bien, Firefly podrá cerrar el capítulo de incidentes, dar paso a Block II y consolidarse como un proveedor de servicios de acceso orbital en el mercado de pequeños satélites. Si sale mal, el golpe no sería solo técnico, sería comercial y reputacional, en una industria que premia a quienes convierten promesas en series repetibles.
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