Boeing inauguró una nueva área de producción en su campus de El Segundo, California, para fabricar sensores electro-ópticos e infrarrojos (EO/IR) destinados a satélites militares. Según la compañía, el movimiento busca aumentar capacidad, ritmo de entrega y escalabilidad industrial, en un contexto de crecimiento de la demanda de vigilancia militar. El trasfondo es el avance de los sistemas de defensa: hoy en día, para detectar amenazas modernas como misiles hipersónicos, ya no alcanza con radares terrestres, sino que se necesita infraestructura espacial.
La instalación suma unos 836 metros cuadrados dentro del complejo satelital de Boeing y se enfoca en cargas útiles EO/IR que combinan observación en el espectro visible con detección térmica en el infrarrojo. Esa capacidad extra está pensada para apoyar satélites que ya están en producción en Millennium Space Systems, subsidiaria de Boeing también radicada en El Segundo. Y, además, para responder a nuevos programas y clientes a medida que el Pentágono expande su arquitectura de alerta y seguimiento de misiles.

¿Por qué sensores infrarrojos?
Estos sensores son el corazón de las misiones de alerta temprana. El canal infrarrojo detecta en segundos la firma térmica de un lanzamiento, a través de la pluma caliente del motor y el calentamiento aerodinámico inicial. A su vez, el canal electro-óptico aporta imágenes de alta resolución útiles para confirmar, caracterizar y seguir un evento. En conjunto, EO/IR permite identificar eventos térmicos y generar productos de seguimiento más finos. De esta forma, el sistema no solo avisar que algo despegó, sino que puede sostener el rastro y aportar datos para evaluación y para apoyar decisiones de defensa.
Boeing encuadró la inversión como una ampliación de capacidad y eficiencia, con más líneas, flujo de trabajo más ordenado y procesos repetibles. En la industria espacial, todo esto suele traducirse en tiempos más previsibles y mayor cadencia. La empresa también remarcó que su campus de El Segundo produce satélites de seguridad nacional y comerciales, incluyendo plataformas de comunicaciones y sistemas de alerta de misiles, mientras que Millennium se especializa en satélites chicos y medianos.
El rol de Millennium en la defensa norteamericana
La decisión de Boeing se vió empujada por un gran volumen de trabajo en el área la vigilancia militar. Un ejemplo es el contrato de Millennium por doce satélites para el programa Missile Track Custody (MTC), con sus segmentos de tierra y operaciones asociadas. Ese tipo de constelaciones están pensadas para mantener custodia del blanco, con seguimiento persistente. Todas estas iniciativas son parte del esfuerzo de EE.UU. por desarrollar redes más numerosas y resilientes, en vez de pocos satélites muy grandes.
Además, en 2024 la Space Development Agency (SDA) otorgó a Millennium un contrato por US$ 414 millones para el programa FOO Fighter (F2), destinado a construir ocho satélites con carga infrarroja, también con su sistema en tierra y operaciones. La propia SDA enmarcó el esfuerzo como una aceleración de capacidades de detección, alerta y seguimiento de precisión frente a amenazas avanzadas, con lanzamiento previsto en 2027.
En paralelo, este tema ganó prioridad presupuestaria en EE.UU. y todo el mundo gracias a la proliferación de misiles balísticos de mayor alcance, la evolución de misiles de crucero y, sobre todo, el desafío de sistemas hipersónicos que vuelan más bajo y maniobran. Todos estos sistemas complican la detección y el seguimiento con arquitecturas tradicionales. Para responder, el Pentágono viene apostando a una capa espacial más densa, con sensores distribuidos en distintas órbitas. Un ejemplo de esa escala es que, a fines de 2025, la SDA anunció acuerdos por US$ 3.500 millones para 72 satélites infrarrojos, orientados a cobertura global para alerta y seguimiento.
Dentro de este contexto, los sensores EO/IR juegan un rol industrial clave como cuello de botella potencial. Son equipos complejos, con óptica, detectores, electrónica de lectura, calibración térmica, alineamientos de precisión y ensayos que deben repetirse de manera consistente entre unidades. Si la estrategia pasa por desplegar constelaciones más numerosas, la cadena de producción debe ser escalable, rápida y de la mejor calidad.
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