China volvió a usar el mar como plataforma de lanzamiento. Este 12 de febrero, un cohete comercial Smart Dragon 3 despegó desde la costa frente Yangjiang, provincia de Guangdong, y colocó siete satélites en órbita. La operación estuvo a cargo del Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan, que coordina estos perfiles marítimos. Entre las cargas útiles estuvo PRSC-EO2, un satélite de observación terrestre de Pakistán.

El despegue se enmarca en una tendencia más amplia de China, que viene consolidando un modelo de lanzamientos offshore. En vez de despegar desde una base fija, utiliza un buque o barcaza adaptada como rampa móvil. Esto le da más margen para elegir azimuts y corredores de vuelo sobre el océano. Además, también encaja con el crecimiento del mercado de satélites chicos y constelaciones, donde importa mucho la capacida de colocar en órbita cargas específicas de forma rápida. En misiones anteriores, organismos estatales chinos ya describieron al Smart Dragon 3 como un vector pensado para misiones comerciales y despliegues múltiples hacia órbitas típicas de observación.
Un lanzador sólido y un satélite pakistaní
El Smart Dragon-3 (SD-3) —también conocido como Jielong-3— es un cohete de combustible sólido orientado a cargas múltiples. Mide cerca de 31 metros de largo, tiene un diámetro de 2,65 m, y está pensado para llevar unos 1.500 kg a una órbita heliosincrónica (SSO) de referencia a 500 km de altura. Esta es una órbita muy usada para observación de la Tierra porque permite repetir pasadas con iluminación similar cada vez.
Esa combinación de propulsión sólida, integración más rápida y puerto espacial flotante apunta a acortar tiempos operativos y a ofrecer una logística más flexible que la de una base tradicional. China domina este campo frente a otros grandes actores del ecosistema espacial, como Estados Unidos. Washington, por ejemplo, cuenta con lanzadores de gran envergadura y combustible líquido para misiones de mayor porte, que requieren más de 7 días de preparación previa en plataforma una vez que el cohete y la carga llegaron al puerto espacial. En cambio, Pekín dispone de sistemas más compactos y ágiles, como el SD-3, que pueden alistarse y despegar en cuestión de pocos días.
Para Pakistán, el foco estuvo en PRSC-EO2. Medios del país lo presentaron como su segundo satélite de observación terrestre indígena desarrollado por SUPARCO, pensado para generar imágenes para planificación, gestión de recursos y monitoreo ambiental, además de aplicaciones asociadas a respuesta ante desastres.
La competencia por el segmento de lanzamientos rápidos
En términos más globales, el lanzamiento encaja con dos tendencias que se retroalimentan. Por un lado, la expansión del ecosistema chino de lanzadores comerciales, con muchos cohetes de combustible sólido y orientados a lotes de satélites pequeños. Y, por el otro, la competencia internacional por ofrecer rideshare y ventanas rápidas de acceso a órbitas específicas. El resultado es que el espacio se está volviendo un servicio logístico más, donde lo importante no es llegar al espacio, sino llegar más rápido, más seguido y con más flexibilidad.
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