Blue Water Autonomy, compañía estadounidense de robótica marítima, anunció el Liberty Class, su primer buque autónomo de 58 metros, pensado para cubrir necesidades de la Armada de Estados Unidos. La compañía lo presenta como un salto hacia una nueva generación de capacidad naval, con foco en misiones largas y confiabilidad, dos puntos que frenan la adopción masiva de sistemas no tripulados en el mar.

El anuncio llega en un momento en que EE.UU. intenta acelerar el despliegue de USV (unmanned surface vessels) para complementar o reemplazar plataformas tripuladas. En 2025, la Armada fusionó sus iniciativas de USV grandes y medianos en un programa nuevo llamado Modular Attack Surface Craft (MASC), orientado a buques con cargas modulares en contenedores (sensores, electrónica y eventualmente armamento) para distribuir capacidades y reducir vulnerabilidades. El trasfondo es que la competencia tecnológica en el mar se está volviendo un problema de escala industrial.
Un casco maduro y una reingeniería total para operar sin tripulación
El Liberty Class surge de una sociedad con Damen Shipyards Group, una empresa neerlandesa de construcción naval, y parte de un diseño existente: el Damen Stan Patrol 6009, un casco con proa tipo Axe Bow vertical que busca mejorar comportamiento del buque en el mar al reducir golpes y reingresos bruscos. Blue Water eligió esa base para no tener que desarrollar desde cero un casco nuevo. En su lugar, rediseño el barco para convertirlo en un sistema autónomo, comenzando por la sala de máquinas y siguiendo por arquitectura eléctrica y mecánica. La idea operativa es que el buque pueda gestionar fallas y mantener control con intervención humana mínima durante campañas largas.

Según la compañía, al buque se fabrica en acero (ABS Grade A) y presenta un desplazamiento de agua de 770.000 kg. Su velocidad es de 25 nudos y tiene un alcance de 10.000 millas náuticas. Todas estas características describen un buque pensado para misiones largas, de hasta 3 meses, con incluso cruces del Pacífico de forma independiente.
En términos de carga útil, Blue Water confirma más de 150 toneladas métricas. Además, a nivel de concepto de misión, describe un deck capaz de transportar cuatro contenedores de dos TEU (12,20 metros) para integrar paquetes de misión con sensores, logística, electrónica o armamento sin rediseñar el buque cada vez. La autonomía declarada es Level 4 Autonomy & Marine AI, o sea, operación autónoma avanzada con supervisión y control remoto de ser necesario.
En punto fundamental para EE.UU.: la producibilidad
El plan de construcción implica el inicio de los trabajos en marzo de 2026 en Conrad Shipyard, Luisiana. La compañía tiene expectativa de completar el primer buque para la Armada más adelante este mismo año. Además, Damen ya confirmó un acuerdo de licencia y soporte técnico para llevar el diseño del casco al formato de producción asociado al proyecto.
Blue Water también remarca un punto sensible para el Pentágono: la producibilidad. Según ambas empresas, Conrad opera con cinco instalaciones y una plantilla grande para sostener volumen anual. Esto es clave para cumplir el objetivo de pasar de un par de ejemplares a una producción en serie.
En paralelo, la compañía sostiene que el Liberty fue financiado con capital privado, acelerando tiempos y demostrando madurez antes de firmar contratos con el Pentágono.
Autonomía naval como respuesta a un tablero más agresivo
En términos militares, un USV de este tamaño apunta a resolver un dilema que la Armada viene discutiendo hace años: cómo sumar presencia, sensores y capacidad sin multiplicar tripulaciones, costos operativos y vulnerabilidad humana.
El Congreso y la propia Armada vienen señalando que, para USV transoceánicos, la confiabilidad de propulsión y la madurez de la autonomía son los dos cuellos de botella que definen si estas plataformas pasan de promesa a herramienta cotidiana. El Liberty Class se presenta justamente como una respuesta directa a esos puntos, con un casco probado, ingeniería interna redundante y operación prolongada.
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