VENG es una empresa tecnológica argentina que hoy aparece en varios frentes del sector espacial, desde operación de satélites hasta desarrollo de hardware y software. Sin embargo, VENG nació asociada a una ambición específica del programa espacial nacional: construir capacidad de acceso al espacio, es decir, desarrollar un lanzador argentino.

Ese origen está ligado al programa Tronador, impulsado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que apunta a crear una familia de vehículos lanzadores. En ese marco, VENG es el contratista principal del proyecto y coordina con CONAE la participación de instituciones y empresas del sistema científico-tecnológico.
De fabricante de cohetes a empresa espacial completa
El origen de VENG está atado a una decisión del Estado de recuperar algo que Argentina perdió en los 90: medios de acceso al espacio. Ese mandato se formaliza con la creación de la compañía en el marco del Plan Espacial Nacional, para ejecutar tareas vinculadas a lanzadores y servicios de lanzamiento, y toma impulso en los primeros años los 2000, cuando se consolida el trabajo sobre Tronador y se habilita un esquema para que organismos del sistema científico-tecnológico aporten tareas y capacidades al proyecto a través de la empresa.
En ese proceso, VENG fue sumando lo que un programa de lanzadores necesita para ser sostenible: ingeniería e integración, ensayos, infraestructura y, sobre todo, know-how. Por eso, mientras sigue siendo el contratista principal del Tronador, VENG fue agregando muchas de las capacidades que iba desarrollando a su cartera de servicios. Con el tiempo, la compañía comenzó a ofrecer a una larga lista de servicios espaciales. Entre ellos, gestión de estaciones terrenas, TT&C y control de misión, servicios de análisis, detección y monitoreo a partir de imágenes satelitales, bobinados de fibra de carbono, dispositivos energéticos, radares, computadoras de vuelo, ensayos de todo tipo, servicios de ingeniería, manufacturas especiales, aviónica general, y propulsores y tanques de cohetes.

La iniciativa catalizadora: el proyecto Tronador
El núcleo de la componente de acceso al espacio de VENG es el Tronador. El proyecto comenzó a principios de los 2000 en el seno del programa ISCUL (Inyector Satélital de Cargas Útiles Livianas), con algunos cohete sonda de prueba y la familia VEx (Vehículos Experimentales) como primer evidencia tangible. En particular, VEx se trataba de una serie de lanzadores suborbitales de prueba, con la idea de ensayar y validar en vuelo los subsistemas que más adelante emplearía el lanzador definitivo. Varios de estos ejemplares volaron a partir de 2007 y hasta 2014.
Una vez que se consideró maduro al sistema, se propuso el desarrollo de una serie de ejemplares Tronador II (TII). Primero se desarrollarían dos prototipos, los TII-70 y TII-150, y finalmente se escalaría su tecnología hasta llegar a la versión final, TII-250. El “70”, “150” y “250” se refiere a los centímetros del diámetro del cohete: TII-70 sería el más pequeño, y TII-250 alcanzaría los 2,5 metros. Ese modelo tendría además 28 metros de altura y una capacidad de hasta 250 kg a órbita terrestre baja (LEO), a unos 600 km.
Sin embargo, desde entonces el proyecto sufre contratiempos por su complejidad y envergadura y, fundamentalmente, por falta de fondos. VENG avanza a pasos diminutos con el corto presupuesto que el Estado le otorga, realizando un gran esfuerzo para que la iniciativa no quede congelada del todo. Hoy, se trabaja casi exclusivamete en el sistema de propulsión del cohete, con pruebas estáticas en Córdoba, y no se tiene fecha prevista de lanzamiento.

La tarea principal de VENG en la actualidad: operar y sostener misiones desde Tierra
Actualmente, el día a día de VENG está atravesado por la operación de misiones y la producción de servicios espaciales desde Tierra. Su trabajo cotidiano está dedicado a hacer que las misiones satelitales funcionen y entreguen valor.
La empresa es la responsable del Centro de Misión SAOCOM, la constelación de observación binaria de CONAE, y opera ambos satélites. Además, es el representante designado para la comercialización de sus imágenes, que es uno de los servicios espaciales de mayor continuidad porque conecta directamente con usuarios, productos y demanda real.
Esa operación se apoya en el segmento terreno. VENG es la empresa designada para comercializar los servicios provistos por las estaciones terrenas de la CONAE. Estas estaciones dan soporte de TT&C (seguimiento, telemetría y comando) y descarga de datos para distintas misiones espaciales. La estación de Tierra del Fuego, por ejemplo, está equipada con antenas de hasta 13,5 metros, con TT&C y descarga de datos. Sin estas antenas, sin enlaces y sin centros de control, el satélite orbita la tierra, pero no transmite la información que recopila.
En paralelo, VENG mantiene una segunda línea de actividad frecuente que viene directo del Tronador: fabricación y maduración de hardware crítico de lanzadores. En estructuras, VENG desarrolló tanques estructurales para el Tronador II, incluyendo procesos como la soldadura por fricción (FSW) en componentes que almacenan kerosene y oxígeno líquido. Además, la empresa trabaja bobinados de fibra de carbono y líneas de tanques específicos que ofrece dentro de su cartera industrial.
Finalmente, como se mencionó, VENG sigue llevando a cabo algunos desarrollos de propulsión como el motor MT-B, pensado como sistema para la segunda etapa del TII-250.
En resumen, el día a día de la compañía se reparte en dos ejes que trabajan en paralelo. Por un lado, la operación de satélites, estaciones y centros de misión: lo más constante y visible en servicio. Por el otro, sostener el núcleo industrial que gira entorno a las capacidades desarrolladas para el Tronador, con una mayor carga en tecnología de tanques y propulsión.

Un actor fundamental en el ecosistema espacial nacional
VENG es un actor fundamental en la industria espacial argentina, puesto que la soberanía no se define solo por tener satélites en órbita, sino por poder sostener una cadena de prducción espacial completa con conocimiento e infraestructura propia. El proyecto Tronador es el objetivo más visible de acceso al espacio. Sin embargo, el valor real de la compañía es la capacidad y experiencia tecnológica que fue sumando con los años, y que es clave para el desarrollo de un ecosistema espacial propio.
Así, VENG nació con el desafío de un lanzador y, mientras ese desarrollo sigue en marcha, se convirtió en una empresa que hace que el programa espacial argentino sea operable y repetible.
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