En el océano Índico, frente a Seychelles, la Armada de Estados Unidos ensayó una escena que resume hacia dónde se mueve la guerra y la seguridad marítima: un dron naval sin tripulación, pequeño y de bajo perfil, similar a un barco. El sistema se llama Lightfish y fue parte de una prueba de concepto sobre cómo operar plataformas autónomas cuando la conexión es limitada. El estreno ocurrió durante el ejercicio multinacional Cutlass Express 26, que tenía por objetivo ganar vigilancia y presencia sin sumar riesgos humanos ni costos de patrullaje tradicional.

El ensayo fue confirmado el 11 de febrero por el Departamento de Guerra, que explicó que el lanzamiento se realizó el 9 de febrero de 2026 como parte de Cutlass Express 26. Se trata de un entrenamiento con 19 países orientado a escenarios reales de seguridad marítima, desde interdicción hasta procedimientos contra pesca ilegal. En ese marco, la Task Force 66 —una fuerza dedicada a integrar sistemas robóticos y autónomos con socios y aliados— probó activos no tripulados en un intento de despliegue y operación desde infraestructura de un partner o aliado, aumentando interoperabilidad y conciencia situacional sin depender siempre de bases propias.
Objetivos del ensayo y características del dron
Lo más llamativo no es el dron en si, sino la arquitectura tecnológica que hay detrás, adaptable al mundo real. Según el comunicado oficial, el evento buscaba para poner a prueba al Lightfish “en mar abierto con conexión limitada”. Este es un punto crítico porque en operaciones reales la comunicación puede degradarse por distancia, clima, congestión de espectro o interferencias. Para que un dron naval sea realmente útil, debe sostener navegación, evitar colisiones y reportar datos aun cuando el enlace sufra interferencias. Esa es la diferencia entre un buen demo y una capacidad operativa.
El Lightfish pertenece a la familia de USV (unmanned surface vessel), embarcaciones de superficie no tripuladas pensadas para misiones largas de vigilancia. Reportes previos describen un sistema de energía solar, con capacidad de almacenar energía incluso con nubes, y con batería y generador para extender su alcance en contingencias. Además incorpora detección de obstáculos para reaccionar de forma autónoma o recibir maniobras mediante operación remota. El perfil de misión incluye pasar mucho tiempo en el agua, haciendo tareas que hoy consumen horas de barco y tripulación.
En la práctica, este tipo de sistemas busca ampliar la vigilancia marítima. Entre sus funciones principales se incluye detectar patrones de navegación anómalos, apoyar el seguimiento de embarcaciones de interés y complementar patrullas en zonas extensas.
Parte de estos objetivos pueden deducirse de la idea central del Cutlass Express: control de áreas, apoyo a interdicción y procedimientos vinculados a pesca ilegal o actividades en la zona gris. Allí, el desafío no es el despliegue de capacidades de guerra abierta sino poder ver primero y entender qué está pasando. Un USV no reemplaza a una corbeta, sino que funciona como sensor adelantado y multiplicador. Permite distribuir presencia, cubrir más millas náuticas y reservar unidades tripuladas para decisiones e intervenciones.
La Task Force 66 el nexo de los drones con el eslabón más difícil de la autonomía
El punto más interesante es con qué se integra. Task Force 66 nació justamente para que estos sistemas trabajen en red con fuerzas navales y socios. En particular, el artículo menciona el uso de tecnologías como inteligencia artificial para acelerar decisiones y sostener presencia. En la práctica, eso suele traducirse en flujos de datos hacia centros de mando, intercambio con aliados y coordinación con plataformas tripuladas como barcos, aeronaves o patrullas costeras que actúan cuando el dron detecta algo relevante. La autonomía no implica que el dron opere solo, sino que el sistema reduzca carga operativa y mantenga rendimiento cuando el humano está lejos o no hay comunicación.

Por su parte, el comunicado señala que Task Force 66 mantiene 22 USV y espera ampliar su capacidad a medida que más activos alcancen alistamiento operativo. En paralelo, medios especializados vienen siguiendo la idea de USV de larga permanencia porque permiten una gran reducción de costos. Se pueden desplegar más unidades, por más tiempo, con menos demanda logística que un patrullero tradicional, aunque la trastienda sea compleja en lo que respecta al mantenimiento, recuperación, ingeniería y soporte remoto.
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