Este 11 de febrero de 2026, China dio un paso clave en su programa espacial. La potencia oriental realizó una prueba de aborto en vuelo de su nueva nave Mengzhou y, en el mismo vuelo, ejecutó un amerizaje controlado de la primera etapa de un Long March-10A, el lanzador pensado para misiones lunares.

El ensayo se llevó a cabo en el área de Wenchang, en Hainan. Según informó la agencia estatal Xinhua y la Oficina del Programa Espacial Tripulado de China, la prueba buscaba, por un lado evaluar el sistema de seguridad de la cápsula en condiciones críticas, para lo que simuló un escape a máxima presión dinámica (max-Q) durante el ascenso. Y por el otro, realizó una “demostración y verificación” de vuelo a baja altitud del sistema del cohete. Tanto la cápsula de retorno como la primera etapa cayeron al mar en zonas predeterminadas de manera controlada, desde donde fueron recuperadas.
La prueba de aborto en vuelo
En términos técnicos, el aborto en vuelo es el equivalente espacial a una eyección y escape. Si el cohete falla durante el ascenso, la nave debe separarse en milisegundos, alejar a la tripulación del vector en problemas y asegurar un retorno seguro. Hacerlo en max-Q es lo más difícil, porque es el tramo donde el vehículo atraviesa la atmósfera densa a alta velocidad y sufre las cargas aerodinámicas más severas. Hay menos margen de tiempo, más vibración y mayores esfuerzos estructurales. En este ensayo, Mengzhou recibió la orden de escape bajo esas condiciones y ejecutó la secuencia prevista antes de amerizar.
Si bien no hay información oficial sobre especificaciones técnicas detalladas, se cree que la nave tendría capacidad para 3 a 7 astronautas. Además, presentaría un diámetro de 4,5 metros y masas de 14.000 kg a 21.600 kg según su configuración.

China comienza a marcar el camino hacia la reutilización
La otra mitad del logro fue el amerizaje controlado de la primera etapa del Long March-10A. Si bien no es todavía el aterrizaje propulsivo tipo Falcon 9, marca un paso importante porque implica guiar el regreso del tramo más grande del cohete a un punto de caída concreto, validar control, navegación, eventos de vuelo y procedimientos de recuperación.
Según un reporte técnico citado por medios chinos, aunque la misión se describió como “baja altitud”, la primera etapa alcanzó los 105 km, sobre la línea de Kármán. Además, el vuelo buscó verificar también la confiabilidad del trabajo en paralelo de múltiples motores y tecnologías críticas del tramo de retorno del Long March-10A.
El Long March-10A es un cohete de 2 etapas pensado para ser parcialmente reutilizable, con 5 metros de diámetro y 67 metros de altura. En su variante de mayor capacidad de carpa, podría colocar hasta 70.00 kg en órbita terrestre baja (LEO) y hasta 27.000 kg en inyección translunar (TLI).

¿Por qué la prueba de Mengzhou y el Long March-10A es relevante para la órbita baja y para la Luna?
Primero, porque Mengzhou es la nueva generación de nave tripulada china y está pensada para sostener operaciones en órbita baja (LEO) y para misiones lunares. Según Xinhua, el diseño es modular, con un módulo de servicio y un módulo de retorno. En particular, la cápsula de retorno está concebida para reutilización múltiple, algo que baja costos y acelera cadencias.

Segundo, porque el Long March-10 es el lanzador que China está desarrollando específicamente para su objetivo declarado de alunizaje tripulado antes de 2030. Está destinado a poner en ruta a la nave tripulada y al módulo lunar, con requisitos de confiabilidad más estrictos que los de un lanzador típico. Si el sistema de escape funciona en el peor momento del ascenso y la arquitectura del cohete avanza en ensayos integrados, el programa reduce uno de los riesgos de cualquier misión tripulada: el tramo en el que una falla deja segundos para reaccionar.
Y tercero, porque la competencia por reutilización es uno de los componentes fundamentales de la carrera espacial moderna y la competencia por la órbita baja. En redes sociales, ya aparecen lecturas optimistas sobre “recuperar boosters en meses”. Sin embargo, por ahora, lo real es que China logró un amerizaje controlado de una primera etapa en un ensayo suborbital y, en paralelo, otros cohetes chinos vienen empujando la frontera de recuperación. El salto hacia la reutilización plena requiere demostrar no solo caer con estabilidad, sino recuperar, inspeccionar, reacondicionar y volver a volar hardware de forma repetida, con márgenes de seguridad compatibles con tripulación.
Tal vez te interese: China no se rinde ante SpaceX: volverá a intentar la reutilización con un cohete derivado del Long March 10 en 2026






